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  El mundo está cambiando hacia una conciencia más verde. Hoy, temas como contaminación, crisis energética y agotamiento de los recursos naturales están viran...

La imagen es del siglo XIX, en pleno apogeo de la segunda revolución industrial; el Támesis, nauseabundo, separa a Londres en dos. En sus cauces se vierten los residuos de los procesos de elaboración, metales, aceites y químicos que envilecen las aguas y las zonas circundantes. La crisis llega a ligas mayores: enfermedades, imposibilidad de uso comercial, mortandad de la vida subacuática. Hoy, a más de cien años, el río es el orgullo vivo de los londinenses. Sitio para remeros, barcos plagados de turistas y un complejo ecosistema restaurado para siempre.

 

El ejemplo anterior demuestra que las cosas pueden (y deben) mejorarse. La humanidad no está sujeta a sus propios errores, también hay modos de subsanarlos y comprender que no hacerlo la condenaría a un camino sin retorno. El cuidado del medioambiente no es un recurso de marketing, es más que nada una necesidad de un mundo súper poblado que tiene la obligación de conservar el equilibrio para las generaciones venideras.

 

Dentro del programa de entrevistas que Selecciones desarrolló —a la luz de la encuesta Confianza de los Argentinos®— se reproducen aquí los conceptos vertidos por la licenciada Adriana Rosso, Directora Técnica de Ambiente del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).

 

“Las empresas llegan a nuestra institución —comienza a explicar la Lic. Rosso— ya que para operar deben estar habilitadas y para ello necesitan el certificado de aptitud ambiental; a partir de eso reciben una inspección del municipio o de la autoridad ambiental provincial, dependiendo de la categoría de la empresa. Los problemas más frecuentes son: falta de un sistema de tratamiento de efluentes, que sus emisiones gaseosas no están controladas o que les falta un plan de residuos industriales declarado e implementado. Una vez relevado su estado, las empresas tienen la posibilidad de presentar algún tipo de cambio con su situación ambiental; una opción es modificar el proceso productivo para operar de una manera más limpia, o trabajar a “fin de caño”, es decir modificando directamente lo que la empresa no tiene bajo control. Cuando se encuadran en este plan, acuden al INTI para solicitar asistencia que las ayude a mejorar su sistema de tratamiento de efluentes, a controlar sus emisiones gaseosas y revisar su plan de residuos industriales”.

 

Sustentabilidad y huellas

 

“La mayoría de las empresas solo opera en el aspecto social y económico de los conceptos sustentables —aclara la funcionaria—. Las tres “patas” de la sustentabilidad son: el medioambiente, el aspecto social y el aspecto económico. El cuidado del medioambiente no es una herramienta de marketing en las empresas, en cambio, sí lo es el trabajo desde lo social que apunta a mostrar una compañía inclusiva en aspectos tales como el género, o el cumplimiento de la ley respecto al cupo de personas con capacidades diferentes que trabajan en ella. Existen empresas —aporta Rosso— que se colocan un rótulo de ‘verdes’ y trabajan sobre eficiencia energética, que es una buena elección, porque también contribuye a la sustentabilidad económica. Por lo tanto, una organización que es económicamente eficiente porque ahorra energía potencia su competitividad, y redunda en una mejora desde el punto de vista ambiental hacia la sustentabilidad”.

 

La huella energética y la hídrica constituyen un valor de referencia por el cual se mide cuánta energía consume la manufactura de un producto (o su desarrollo, por ejemplo en el caso de hacienda o cultivos). Este valor se obtiene al medir complejas variables intervinientes en la cadena de producción. Según datos de www.huellahidrica.org, para obtener un kilo de carne de ternera se necesitan 16.000 litros de agua; para una taza de café, solo 140. Es decir que de acuerdo con la complejidad de la actividad y los factores involucrados, la “marca” del agua requerida para diferentes productos cambia, y varía según el país.

 

Consultada particularmente sobre esto, la especialista comenta: “Los que trabajan en eficiencia energética están preocupados por la huella eléctrica, porque justamente están tratando de disminuir su consumo. De ese modo, si trabajan sobre la eficiencia están trabajando sobre la huella. El problema del agua, por caso, es el dinero que nos cuesta conseguir la adecuada para cada uso. Obtener el recurso con la calidad para cada uso demanda energía, pero si nosotros apostamos a la energía renovable, el agua será gratis. Deberíamos preocuparnos por la eficiencia energética y aplicar energías renovables ya que en ese caso, el costo del agua no sería una preocupación”.

 

Para aclarar definitivamente la cuestión del uso de los recursos hídricos la experta agrega: “El agua industrial no es el agua que tomamos los vecinos. Lo complicado del agua, sobre todo en el Río de la Plata, no es el recurso en sí mismo sino su potabilización. En otros países está diferenciada el agua para consumo humano y la que se destina para otros usos, concepto incluso que ha llegado a los domicilios del consumidor”.

 

Recursos renovables y equilibrio

 

Uno de los mitos más fuertes en cuestiones medioambientales es el que pregona que nuestros recursos se acaban indefectiblemente. Sí, por supuesto, ciertos elementos dependen de su distribución natural en el planeta, por ejemplo el petróleo.

 

Sin embargo otros, como la madera, forman parte de un círculo virtuoso. Significa que su continuidad depende exclusivamente de la mano y del trabajo del hombre. Cultivos, cría de animales y bosques son totalmente “reciclables” en términos productivos. “Hubo un abuso en cuanto al uso de bosques nativos, y dejó como mal visto la explotación de la madera. Ahora bien, es cierto que se trata del consumo de un recurso natural, sin embargo, si se planifica territorialmente su uso, no presenta problemas de sustentabilidad”, explica Rosso. Es frecuente que en países emergentes no existan planes de este estilo a largo plazo, en consecuencia eso promueve la mala utilización de los recursos naturales. Si la distribución territorial se planificara de aquí a 50 años, considerando el crecimiento de la población y de la industria con proyecciones, determinadas zonas se podrían destinar a plantaciones para uso de la madera o producción de cereales para consumo humano —concluye la experta—. En definitiva, la planificación trae como consecuencia acciones predecibles”.

 

¿Cómo se encuentra el mapa argentino del medioambiente?

 

“En este momento no puedo ser ni optimista ni pesimista —refiere Rosso al reflexionar sobre el estado de este tema en la Argentina—, lo que sí afirmo es que el cumplimento de las políticas ambientales va a depender del desarrollo económico del país. Porque aun teniendo recursos económicos, probablemente algunos optarán por no innovar, pero, por suerte, gran parte de la gente tiene conciencia ambiental y reinvertiría en mejoras ambientales. En cambio, cuando hay escasez en lo último en que se piensa es en la mejora ambiental. Logrado un equilibro tal que permita trabajo y remuneración justa a quienes están aportando al sistema productivo, la industria pasa a ser más competitiva y parte de esa competitividad la brindan las mejoras ambientales; así se cumple un ciclo. La proyección del país que queremos, con políticas a largo plazo, es muy importante. No es solo pensar en la selección de recursos, sino en toda una planificación integral para saber dónde ubicarse, por ejemplo, industrialización con inclusión de modelos de sinergia industrial, en el cual el residuo de un proceso puede ser insumo valioso para otro proceso productivo. Todo eso tiene impacto en el entramado productivo nacional, por lo tanto debiéramos diseñar las políticas ambientales adecuadas que acompañen el modelo de desarrollo del país”.

 

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