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Qué hacer cuando el organismo libra una batalla contra sí mismo.

EL LUPUS, que significa “lobo” en latín, recibió este nombre por las lesiones que inflige en la piel: su aspecto es similar a las que causan las mordidas del cánido. Se trata de una enfermedad autoinmune (se origina por un sistema inmunitario hiperactivo que acomete contra tejidos sanos) sistémica (puede afectar a todo o a una parte del cuerpo).

La gama de efectos que la afección es capaz de producir depende de los objetivos a los que el sistema inmunitario apunte. Uno de sus síntomas más característicos es un sarpullido que toma forma de mariposa y cubre las mejillas y el tabique nasal; sin embargo, este se presenta en apenas un tercio de los pacientes. Otros son lesiones cutáneas en forma de disco, dolor muscular o en boca o nariz, fiebre, fatiga, artritis, falta de aliento y resequedad ocular. En la mayoría de los aquejados, las molestias van y vienen durante períodos en los que el mal está activo (“brotes”) y períodos en los que remite.

Si bien existe una predisposición genética a desarrollarlo, parecen ser factores externos los responsables por detonarlo. Estos disparadores pueden ser desde rayos ultravioletas, estrés e infecciones (como herpes o gripe) hasta medicamentos (como antibióticos sulfamidas). En algunos casos, catalogados como “lupus inducido por fármacos”, la dolencia se esfuma tras suspender la medicación. No obstante, la mayoría de las personas que la padecen deben lidiar con ella de por vida. Por razones vinculadas con hormonas y cromosomas sexuales, la incidencia de las mujeres es nueve veces mayor.

A quien se le diagnostica, se le sugiere reducir la exposición a los detonantes. Si los brotes surgen, ciertos medicamentos, como los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y los corticosteroides, pueden ayudar a controlarlos, algo fundamental para evitar que la inflamación dañe, de manera permanente, órganos como riñones, pulmones o el corazón. “El lupus activo es como el viento en una tormenta tropical”, explica David Isenberg, autor principal de una guía para el manejo del lupus de la Sociedad de Reumatología del Reino Unido. “Es necesario controlarlo pronto a fin de reducir la probabilidad de sufrir daños que luego no puedan ser revertidos con facilidad”.

Dicho lo anterior, cabe mencionar que tales fármacos crean efectos adversos, como problemas digestivos derivados del uso prolongado de los AINE y osteoporosis a raíz de los esteroides, por lo que el reumatólogo deberá diseñar un esquema a medida donde exista un equilibrio entre protección y daño. Los pacientes deben realizarse exámenes con regularidad de modo que cualquier complicación que pudiera surgir se trate a la brevedad. El lupus es algo serio, pero bajo supervisión, acatando las indicaciones médicas, con apoyo emocional y un estilo de vida saludable, las probabilidades de sobrevivir a la enfermedad son altas.

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