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Claves para prevenir y amortiguar los golpes.

Conforme envejecemos, la presencia de moretones se va haciendo cada vez más frecuente. Si ese es su caso, no tiene de qué preocuparse. Conocidos como hematomas por los médicos, suelen aparecer cuando los vasos capilares se rompen y sangran bajo la piel. Con el tiempo, es natural que dichos conductos se tornen frágiles y que la dermis y el tejido adiposo adelgacen, mermando así su capacidad de amortiguar los golpes.

Sin importar la edad, los cardenales a menudo son inofensivos y no requieren tratamiento: el cuerpo absorberá la hemorragia en semanas. Paola Pasquali, integrante de la Academia Europea de Dermatología y Venereología, recomienda colocar compresas heladas en la lesión para evitar que se propague. Si esta se originó “hace más de 48 horas, las compresas calientes ayudarán a acelerar la recuperación”, indica.

Por otro lado, si usted detecta hematomas bien definidos en zonas corporales que han sido expuestas al sol durante años, podría padecer púrpura actínica, enfermedad benigna producida por los rayos UV y la edad. A fin de ocultar las máculas, señala Pasquali, identifique su color y use cosméticos que, según la rueda cromática, tengan tonos complementarios. Si la lesión es entre rojiza y morada, por ejemplo, aplique un corrector de tonos verdes seguido de uno tono piel.

Hay gente que, sin importar la edad, es más propensa a sufrir equimomas (nombre técnico de los moretones). Al parecer, la tendencia a su aparición por contusiones leves es hereditaria; además, las mujeres son más proclives a ellos que los hombres (se investiga por qué.)

Los medicamentos son otra causa latente. “El uso a largo plazo de corticosteroides [agentes antiinflamatorios para tratar la artritis, el eccema y otros padecimientos] por vía oral o tópica puede adelgazar la piel y facilitar, así, la aparición de moretones”, puntualiza Pasquali.

Los fármacos anticoagulantes (ácido acetilsalicílico, warfarina y rivaroxabán) también son culpables potenciales. Y es que, dada su naturaleza, prolongan la duración de las hemorragias capilares. Lo anterior no implica que deba interrumpir el tratamiento, sobre todo si previene alteraciones que ponen en riesgo la vida, como un infarto o un accidente cerebrovascular.

Vale la pena consultar al médico. “Quizá sea posible modificar la dosis o el fármaco”, explica Jecko Thachil, coautor de un artículo sobre la propensión a sufrir moretones en la adultez publicado en el British Medical Journal. “Además, el galeno está capacitado para determinar si el medicamento, en efecto, es la causa del problema”. Es probable que, con ese objetivo en mente, elaboren una historia clínica detallada.

Aunque los moretones casi nunca son motivo de alarma, existen excepciones. Por lo general, el área afectada estará algo hinchada y sensible; no obstante, si su lesión luce demasiado inflamada y produce mucho dolor, podría ser signo de un esguince o fractura que requiere atención. Si aparecen de la nada o duran mucho tiempo, acuda a la consulta, en especial si los nota en sitios que no son propensos a recibir golpes, como la espalda, el tórax o la cara. “Podrían ser signo de afecciones médicas, como hipovitaminosis C, leucemia, nefropatía o insuficiencia hepática”, dice Pasquali.

En pocas palabras, proceda como lo haría con cualquier otro cambio corporal: si tiene dudas, pregunte.

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