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 Esta fruta deliciosa es además una excelente fuente de vitamina C, baja en calorías y rica en fibra. Ayuda a prevenir enfermedades y puede consumirse de múltipl...

 

Las frutillas que se consiguen la mayor parte del año fueron desarrolladas a partir de las frutillas silvestres, que crecen naturalmente. Pero las frutillas que predominan en los supermercados y verdulerías son las variedades más grandes y carnosas desarrolladas para su cultivo en distintas épocas del año. Las que se venden al final de la primavera y principio del verano son las de mejor sabor. 

Las frutillas son deliciosas, bajas en calorías (unas 27 kcal cada 100 g) y muy ricas en vitamina C. A igualdad de peso son una fuente casi tan buena de esa vitamina como las naranjas: 80 g (8 frutillas grandes) contienen unos 62 mg, bastante más del 100% de la ración diaria recomendada para adultos. 

Las frutillas también aportan cantidades aceptables de folato, potasio, fibra y vitamina B6. Las pequeñas semillas de las frutillas proporcionan fibra insoluble que ayuda a evitar la constipación. 

Además, las frutillas son una buena fuente de pectina y otras fibras solubles que ayudan a bajar el colesterol. Contienen bioflavonoides, como la antocianina roja y el ácido elágico, sustancias que pueden ayudar a prevenir distintos tipos de cáncer.

 

Como la cocción no destruye el ácido elágico, las tartas de frutillas y las mermeladas también son beneficiosas. Tené en cuenta que estos productos suelen tener un contenido muy alto de azúcar. 

Las frutillas enteras se conservan algunos días en la heladera; si están cortadas, las frutas pierden rápidamente la vitamina C y el sabor. Mantenelas separadas de otros alimentos porque su aroma es muy penetrante. Lo mejor es envolver el recipiente con un film plástico para evitar que el aroma invada toda la heladera.

 

Enjuagá las frutillas ligeramente justo antes de servirlas. No retires el cáliz porque eso impide que penetre el agua dentro del fruto y diluya su sabor. Una vez lavadas, las frutillas deben consumirse de inmediato o desarrollarán moho.

 

Dado que las frutillas contienen un alérgeno común y también un salicilato natural, que es una sustancia similar a la aspirina, algunas personas les tienen alergia. Sin embargo, el contenido de salicilato justifica la leyenda de que pueden ser útiles para las personas que sufren de dolores de articulaciones, riñones o hígado.

 

Ideas para incorporar las frutillas a la dieta

 

Acompañá los cereales del desayuno, como el muesli, con frutillas frescas.

 

Una deliciosa idea para un brunch: armá copas con capas de frutillas en mitades, yogur natural y muesli. Repetí las capas hasta llenar la copa. Espolvoreá con azúcar y canela.


Agregá frutillas frescas o congeladas a los licuados.


Las frutillas son una golosina saludable en el almuerzo de los niños.


Congelá las frutillas enteras para que los niños puedan comerlas después de la escuela en los días de calor; son mucho más saludables que los helados de palito.

 

Para preparar un postre delicioso, hacé un puré de frutillas en la procesadora con jugo de naranja (si es para adultos, podés usar un licor de naranja). Serví sobre helado de vainilla reducido en grasas, o yogur espeso, al estilo griego.

Las frutillas se pueden servir en licor o jugo de cítricos; podés usar una mezcla de naranja y limón, o rociarlas con agua de rosas y azúcar impalpable justo antes de servir. 

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