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La inflamación puede ser buena. Es parte del sistema inmune innato del cuerpo, nuestra primera línea de defensa contra enfermedades y lesiones.

Sin embargo, si la respuesta inflamatoria continúa por mucho tiempo, puede llevar a una condición llamada inflamación crónica, donde el cuerpo -esencialmente- se ataca a sí mismo, causando estragos biológicos en nuestros órganos y sistemas. La inflamación crónica es un factor relevante en la enfermedad inflamatoria del intestino, la artritis y el asma. También se asocia con la obesidad, el síndrome metabólico, las enfermedades cardiovasculares y otras enfermedades crónicas.

Un estudio reciente, descrito en dos artículos, incluido uno publicado el 14 de mayo en el Journal of Nutrition, proporciona nueva evidencia de que el yogur puede ayudar a amortiguar la inflamación crónica.

El estudio exploró la hipótesis de que el yogur puede ayudar a reducir la inflamación al mejorar la integridad del revestimiento intestinal, evitando así que las endotoxinas, moléculas proinflamatorias producidas por los microbios intestinales, crucen hacia el torrente sanguíneo.

“Quería ver el mecanismo más de cerca y mirar específicamente el yogur", dice Brad Bolling, Profesor Asistente de Ciencias de la Alimentación de la Universidad de Wisconsin-Madison, cuya investigación se centra en el papel de los alimentos en la prevención de enfermedades crónicas.

Si bien los medicamentos antiinflamatorios como la aspirina, el naproxeno, la hidrocortisona y la prednisona pueden ayudar a mitigar los efectos de la inflamación crónica, cada uno tiene sus propios riesgos y efectos secundarios. Existe, entonces, la necesidad de opciones adicionales, particularmente tratamientos seguros, suaves y de larga duración. Los investigadores han estado explorando los productos lácteos como un posible tratamiento de tipo dietético durante más de dos décadas. Los resultados han sido contradictorios, lo que plantea un debate científico sobre si los productos lácteos son proinflamatorios o antiinflamatorios.

“Hubo algunos resultados mixtos a lo largo de los años, pero (un artículo reciente) muestra que las cosas apuntan más hacia lo antiinflamatorio, particularmente para los lácteos fermentados”, señala Bolling, citando un artículo de revisión de 2017 que evaluó 52 ensayos clínicos.

El estudio de Bolling incluyó a 120 mujeres premenopáusicas, mitad obesas y mitad no obesas. A la mitad de los participantes se les asignó comer 340 gramos de yogur bajo en grasa todos los días durante nueve semanas; un grupo de control comió pudín no lácteo durante nueve semanas.

Esta investigación, uno de los más grandes estudios de intervención humana para analizar el impacto del yogurt en la inflamación crónica, fue financiada por el National Dairy Council, una organización sin fines de lucro respaldada por el programa nacional de checkoff lácteo del Departamento de Agricultura de EE.UU.

 En varios momentos del estudio, Bolling y su equipo tomaron muestras de sangre en ayunas de los participantes y evaluaron una variedad de biomarcadores que los científicos han usado a lo largo de los años para medir la exposición a endotoxinas y la inflamación. Como se describió en el British Journal of Nutrition en diciembre pasado, los resultados mostraron que, si bien algunos de los biomarcadores se mantuvieron estables con el tiempo, los consumidores de yogurt experimentaron mejoras significativas en ciertos marcadores clave, como TNF, una importante proteína activadora de la inflamación.

“Los resultados indican que el consumo continuo de yogur puede estar teniendo un efecto antiinflamatorio general”, dice Bolling.

El nuevo artículo de Journal of Nutrition se centra en un aspecto diferente del estudio. Los participantes también participaron en un desafío de comidas altas en calorías al comienzo y al final de su intervención dietética de nueve semanas. El desafío, destinado a acentuar el metabolismo de un individuo, comenzó con una porción de yogur o un pudín no lácteo seguido de un gran desayuno rico en grasas y alto en carbohidratos.

“Fueron dos muffins de salchicha y dos hash browns (papas, con cebolla y huevo), con un total de 900 calorías. Pero todos lo lograron. Habían estado ayunando, y tenían mucha hambre”, explica Bolling con una sonrisa irónica.

Para ambos desafíos, el análisis de sangre mostró que el “aperitivo” de yogur ayudó a mejorar algunos biomarcadores clave de la exposición a endotoxinas y la inflamación a medida que los participantes digirieron la comida en las siguientes horas. También ayudó a mejorar el metabolismo de la glucosa en participantes obesos, al acelerar la reducción de los niveles de glucosa en sangre después de las comidas.

“Comer 227 gramos de yogurt bajo en grasa antes de una comida es una estrategia factible para mejorar el metabolismo después de las comidas y así ayudar a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas”, dice Ruisong Pei, investigador postdoctoral en ciencias alimentarias de UW-Madison involucrado en los estudios.

Los hallazgos ayudan a expandir el conjunto de conocimiento científico sobre cómo los alimentos afectan la inflamación.

El estudio de Bolling no identifica qué compuestos en el yogurt son responsables del cambio en los biomarcadores asociados con el efecto promotor de la salud, o cómo actúan en el cuerpo. Resolver esa pieza del rompecabezas requerirá más investigación, hace notar Bolling.

“El objetivo es identificar los componentes y luego obtener evidencia humana para apoyar su mecanismo de acción en el cuerpo. Esa es la dirección que estamos tomando”, dice. “En última instancia, nos gustaría que estos componentes se optimicen en los alimentos, especialmente en situaciones médicas en las que es importante inhibir la inflamación a través de la dieta. Pensamos que esa es una aproximación prometedora", concluye.

(Imagen, gentileza de Schwäbin (Wikimedia) / Lizenz: Creative Commons CC-by-sa-3.0 de).

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