¿Cómo saber si padece de EPOC? ¿Cómo saber si padece de EPOC?

Respire hondo: La EPOC es una enfermedad de desarrollo lento que afecta a millones de personas. 
Si le preocupa, lo mejor es que consulte con el médico.

Michael McGloin llevaba siempre su acordeón a todas partes, tanto a su oficina en una concesionaria en Irlanda, o a los bares llenos de humo de la zona donde trabajaba por las noches con su banda unipersonal, entreteniendo al público que acompañaba zapateando el folk irlandés y la música country. Era una afición que le encantaba, la camaradería, la cerveza ocasional y montones de cigarrillos sin filtro, un hábito que había adquirido cuando solo tenía 12 años.

En octubre de 1999 le diagnosticaron enfermedad pulmonar obstructiva crónica, o EPOC. El diagnóstico llegó tras años de problemas de salud, entre los que se incluían el colapso continuo del pulmón derecho, paros respiratorios y varias infecciones de pecho. McGloin dejó de fumar, y ahora toma esteroides y antibióticos a diario, como tratamiento profiláctico para evitar las infecciones.

¿Cómo saber si padece de EPOC?

“Lo que más me asustó fue cuando un especialista me dijo de forma contundente que tenía EPOC”, recuerda a sus 69 años con la voz ronca. “Nunca había oído hablar de eso y creía que era la única persona del mundo que lo padecía”.

Pero McGloin no es el único ni mucho menos. 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando se habla de enfermedades no contagiosas, la EPOC, el término general que se emplea para abarcar un grupo de enfermedades pulmonares como la bronquitis crónica, el enfisema o algunas formas de asma, será una de las tres causas principales de muerte en el mundo en 2030, junto a las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. 

De acuerdo con el Estudio de la Carga Mundial de Morbilidad, la prevalencia de la EPOC en 2016 fue de 251 millones de casos y se estima que en 2015 murieron por esta causa cerca de 3,17 millones de personas en todo el mundo, lo cual representa un 5 por ciento de todas las muertes registradas ese año.

Más del 90 por ciento de las muertes por EPOC ocurren en países de bajos y medianos ingresos. 

Según el primer estudio epidemiológico de EPOC, en la Argentina, se estima que casi 2,5 millones personas mayores de 40 años padecen la enfermedad y mueren unas 6.500 personas por año.

Un informe de 2013 de la European Lung Foundation (ELF) estimaba que, en países miembros de la UE la padecen entre el 40 y el 50 por ciento de los fumadores de toda la vida; y que entre el 15 y el 20 por ciento de los casos se deben al lugar de trabajo y otros contaminantes aéreos. 

En resumen, según el libro European Lung White Book, se cree que unos 40 millones de personas padecen EPOC en la UE. El número anual de fallecidos por EPOC en esta región ronda los 300.000, y la cifra no hace más que aumentar. 

En informe de la ELF pedía más investigaciones, tratamientos nuevos y un aumento general de la concienciación sobre la enfermedad. El doctor Jørgen Vestbo DMSc, presidente de la Sociedad Respiratoria Europea, afirma que: “Básicamente, tenemos que mejorar muchas cosas”. 

Numerosos informes alertan de que fumar es la principal causa de EPOC, seguida de cerca por la contaminación del aire y riesgos laborales como los vapores nocivos. Aun así, en algunos casos, puede que naciera prematuro y sus pulmones no se desarrollasen correctamente, o que fuera fumador pasivo en el útero. También se cree que la genética puede ser una de las causas. La EPOC se presenta de muchas formas y se desarrolla de diversas maneras, a veces sigilosa, inexorable y finalmente mortal, ya que cambia la estructura molecular de los pulmones.

La doctora Daiana Stolz, especialista en enfermedades respiratorias de la Universidad de Basilea, Suiza, dice que la forma más sencilla de describir la EPOC es como una inflamación de los bronquios, lo que dificulta la expulsión del aire y destruye el tejido pulmonar, pero eso no significa que sea una enfermedad simple. Stolz es uno de los tres expertos en EPOC que firmaron un editorial en la revista The Lancet en mayo de 2019 que reclamaba un esfuerzo centrado en erradicar la enfermedad. Explica que, al ser tan heterogénea, es difícil de detectar y la compara con un francotirador atacando desde varios puntos.

La doctora Tillie-Louise Hackett, autora principal de un estudio de referencia publicado en la revista médica The Lancet Respiratory Medicine en julio de 2018, es la directora adjunta del Centro para la Innovación Cardiopulmonar de la Universidad de British Columbia, Canadá. Apunta que los individuos diagnosticados con el estadio más leve de la enfermedad ya habían perdido un 41 por ciento de las vías aéreas más pequeñas, o bronquiolos y más de un tercio de los alveolos, las unidades de menor tamaño del pulmón, cruciales en el intercambio de oxígeno y moléculas de carbono. Y, como los pulmones están llenos de vías aéreas de repuesto, cuando una se estrecha o se cierra, en la mayoría de los casos hay otra que puede entrar a ocupar su lugar.  

Es fácil tanto para el individuo como para el profesional de la salud ignorar o pasar por alto los primeros síntomas de la EPOC. Pueden ser inocuos, y pueden incluir tos o falta de aire al subir unas escaleras o secreciones espesas de mocos que se acumulan durante la noche y disminuyen durante el día. Puede parecer un resfrío o gripe, y puede ir y venir para reaparecer más adelante.

La falta de aire es lo más delicado para pacientes y médicos, dice Stolz. Como la EPOC se ha diagnosticado históricamente pasados los 40 y según envejece el individuo, es normal pensar que a veces faltará el aire, pasando por alto así un diagnóstico de EPOC. 

Sin embargo, la comunidad médica sabe ahora que, aunque la enfermedad se detecta por primera vez entre los 40 y los 50 años, puede ser tras años de destrucción silenciosa, y cuando Stolz habla de destrucción, no se refiere a un trozo de pulmón o ni siquiera a medio. 

“Para cuando se detecta, puede haber perdido un pulmón entero”, asegura  Stolz, “que es la mitad de la capacidad pulmonar. Aunque sabemos que se puede vivir con un solo pulmón, toda pérdida posterior es mala porque no hay mucho que podamos hacer. No podemos resucitar tejido muerto”. 

Los tratamientos habituales para la EPOC incluyen el uso de broncodilatadores para ayudar a mantener las vías abiertas, antibióticos para prevenir las infecciones, y corticosteroides o esteroides orales para los casos más graves, aunque su uso prolongado puede llevar a efectos secundarios serios como neumonía, osteoporosis o cataratas, entre otros. Además, aquellos que sufren de EPOC aprenden a fortalecer el diafragma y tronco superior para respirar mejor cuando se les agarrotan los pulmones, contraen una enfermedad producida por una infección bacteriana, un virus o por un viejo conocido como el estrés. 

Pese a que en la actualidad hay estudios que buscan nuevos tratamientos para la EPOC, varios con células madre, por ejemplo, nada es inminente y de momento no hay cura.

La revolución consiste más bien en haber descubierto que la EPOC empieza a hacer daño antes de lo que se creía, y si se diagnostica y trata a los pacientes antes, a los 40 o 50 años, sufrirán menos efectos secundarios de los esteroides, y se ralentizará el avance de la enfermedad. 

Vestbo anima a consultar a un médico a cualquier persona, independientemente de su edad, que tenga un síntoma respiratorio nuevo o diferente, por ejemplo, tos o falta de aire en situaciones que antes no suponían un problema, durante más de cuatro semanas seguidas. 

“Así fue como conseguimos reducir la incidencia de la tuberculosis y es lo que hace falta para diagnosticar la EPOC en un estadio temprano y a tiempo. Es la mejor forma de ralentizar el progreso de la enfermedad y conseguir que los pacientes disfruten de una calidad de vida mejor y más duradera. 

El profesional asegura que los médicos de cabecera deberían revisar de forma rutinaria a los pacientes en riesgo con una simple prueba de función pulmonar, o espirometría. Al hacerla, se pide al paciente mientras está sentado que se ponga una pinza en la nariz, respire hondo y espire con fuerza por la boquilla hacia un tubo conectado a una máquina que mide el flujo de aire. Lo primero que mide la máquina es la cantidad de aire que el paciente es capaz de expulsar en un segundo y cuánto tarda en soltar el resto del aire.

“Se tarda menos de cinco minutos y cuesta muy poco, y aun así supone un reto para algunos médicos y enfermeros”, comenta Vestbo. “Tenemos que escuchar a los pacientes cuando se quejan de que les falta el aire. Tenemos que revisar sus historiales y empezar a hacer pruebas”. 

La mejor forma de garantizar que los médicos lleven a cabo las pruebas, asegura Vestbo, es darles algún tipo de incentivo económico. “Llevo décadas en esto, hemos intentado convencer a los médicos de que hacer las pruebas tiene sentido, pero si no les pagan por hacerlas, es fácil pensar que no son importantes”.

Cuando se diagnostica a un individuo con EPOC, Vestbo dice que, además de las clases de rehabilitación pulmonar, la mejor receta es asegurarse de que los pacientes se mantengan activos, aunque les produzca ansiedad quedarse sin aire. 

“Puede parecer ilógico, pero el truco está en quedarse sin aire porque, aunque no podemos mejorar los pulmones, podemos mejorar la musculatura haciendo ejercicio, lo que proporciona a los pacientes más control sobre la expulsión del aire, que es el problema principal de la EPOC”. 

¿Cómo saber si padece de EPOC?

Tilly tartaglia, de 74 años, exdirectora general de una planta de procesamiento de carne de ave hasta que se retiró hace doce años, entiende la importancia que puede tener quedarse sin aire a diario. 

Esta belga, que es una ávida viajera y ha fumado mucho, fue internada en marzo de 2010 por una neumonía. Estando allí descubrió que tenía EPOC y cáncer de pulmón. Ahora que sus pulmones funcionan al 39 por ciento de su capacidad y que está curada del cáncer, sigue un régimen de corticosteroides recetados para la EPOC. También se obliga a moverse todo lo posible a diario y va a clases de terapia pulmonar al menos dos veces por semana, donde un especialista le prepara tablas adaptadas a sus necesidades, ya sean de ejercicios para fortalecer el diafragma o de caminar sobre la cinta. 

“La alternativa”, dice Tartaglia, que adora viajar y sigue haciéndolo, “es no poder respirar, y eso no es una opción”.

“La gran mayoría de las personas que padecen EPOC se encuentran en un estadio leve de la enfermedad. Para la mayoría, lo único necesario es dejar de fumar y posiblemente utilizar un broncodilatador durante un breve período de tiempo. También es muy importante la vacuna anual contra la gripe y se recomienda vacunarse contra los dos tipos de neumonía”, dice el Paul Scanlon, neumólogo de la Clínica Mayo. 

“Es una enfermedad que se puede ralentizar. Cuidarse es de sentido común. No se acerque a los fumadores durante la pausa para el café en el trabajo y no viaje a ciudades donde los niveles de contaminación están por las nubes”.

de vuelta a Irlanda, hoy Michael McGloin lleva una bomba de oxígeno en lugar de un acordeón. Quiere que la gente sepa que hay vida más allá de la EPOC. 

“Estoy seguro de que si me lo hubieran diagnosticado antes, mis pulmones funcionarían mejor, y no sería humano si no me preguntara a veces cómo sería, pero la mayoría de los días intento concentrarme en lo que tengo, en ayudar a otras personas con el mismo diagnóstico y en mantenerme al día con las investigaciones”. 

“Lo que importa”, dice, “es estar vivo”. 

¿Cómo sobrellevar 
un comienzo de EPOC?

¿Le diagnosticaron EPOC? 
Paul Scanlon, neumólogo de la Clínica Mayo de Rochester 
(EE.UU.), aconseja  lo siguiente: Dejar de fumar.
 Hacer ejercicio de la forma indicada por un especialista en rehabilitación pulmonar.
Vacunarse contra  la gripe todos los años
 Evitar el humo y la contaminación. Toser con frecuencia, beber cantidades moderadas de agua y usar quizá un humidificador para mantener los pulmones despejados.

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