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Ellos viven día a día con el mal de Alzheimer, conocé sus historias.

Gerda Arkesteijn, ex enfermera, 51 años, de Holanda. Se le diagnosticó Alzheimer en 2010.

Mi madre tuvo mal de Alzheimer, y yo trabajé en un hogar para pacientes con demencia senil. Conocía la enfermedad, pero jamás pensé que llegaría a contraerla también. Cuando mi familia empezó a quejarse por mis lapsus de memoria, acudí a un especialista. Al escuchar el diagnóstico, miré a mi esposo y vi lágrimas en sus ojos. Hacía apenas tres años que estábamos casados.
Pensé en mi madre. Ella había perdido la capacidad de comprender hasta las cosas más sencillas. Yo no soportaba que mi marido y mis hijos me vieran así. No sabía qué hacer.
Mi esposo me llevó a ver a nuestro médico clínico, quien nos habló acerca de un programa de ayuda para pacientes de mediana edad con demencia senil en el Centro de Asistencia Florence, en La Haya. Hice una cita no muy convencida. En la primera sesión me sentí muy humillada y quise salir corriendo de allí, pero decidí quedarme. Conocí a otras personas como yo: menores de 65 años de edad con Alzheimer. Nos hicimos amigos, y juntos aprendimos incluso a reírnos de la enfermedad.
Ahora voy cinco veces por semana. Hago ejercicios para fortalecer el corazón, activo mi mente con juegos de memoria y tomo clases de pintura y de cocina. Los pacientes no nos juzgamos cuando alguno comete un error. Tener una actitud positiva en esta situación ayuda mucho más de lo que comúnmente se piensa.
Escribo mucho sobre mis experiencias. Mi primer libro se publicó en 2011, y estoy trabajando en el segundo. Quiero ayudar a la gente a entender esta enfermedad y lo que provoca.
Pero, sobre todo, escribo para mi esposo y para mis hijos. Cuando ya no pueda reconocerlos, ellos podrán leer mis palabras y recordar quién era yo, y no a la mujer en que me he convertido a causa del Alzheimer.


 

Gabriel Prudent, empresario, 78 años, de Francia. Cuidó a su esposa hasta que murió, en 2010, a los 76 años.

Conocí a mi hermosa Bernadette en 1958, en una fiesta. La invité a bailar. Ese fue nuestro comienzo. Nos casamos en 1959, tuvimos tres hijos y después iniciamos un negocio juntos. Ella era alta y elegante. Me sentía muy orgulloso de ser su marido. En 1997 le diagnosticaron Alzheimer a Bernadette. Al ir avanzando la enfermedad, se perdía incluso dentro de nuestra propia casa. Puse a alguien a cargo del negocio para poder cuidarla. Una mujer venía a ayudarme dos horas por semana. Aparte de ella, estaba yo solo. Cuanto más graves se hacían los síntomas de Bernadette, menos amigos teníamos. Estaba desesperado por tener alguien con quien hablar. A veces perdía la paciencia con ella y me odiaba a mí mismo por eso. Había noches en que tenía que cambiar las sábanas dos veces y limpiar el piso. Estaba consciente de que mientras pudiera mantener el control, todo iría bien. Sin embargo, a fines de 2006 llegué a mi límite. Con un enorme sentimiento de culpa, interné a mi mujer en un hogar para ancianos. Un día, cuando fui a verla, una enfermera le dijo:
—Señora Prudent, aquí está su esposo.
Tras mirarme con recelo, Bernadette señaló:
—No lo conozco, señor. Ni siquiera estoy casada.
Nada te prepara para escuchar algo así. Mi esposa se ha ido ya. Como no pude encontrar apoyo cuando más me hizo falta, formé un grupo para ayudar a otros que viven con enfermos de Alzheimer. Cada vez que alguien me llama, hago todo lo que puedo por ayudarlo.


 

Jouko Alho, 64 años, miembro fundador del Circo Nuokku, de Finlandia. Se le diagnosticó Alzheimer en 2005.

Yo nunca había necesitado una agenda. Todo lo guardaba en mi cabeza. Pero poco después de que me hicieron una derivación coronaria, a finales de 2002, mi esposa notó que me olvidaba de las cosas, y llamó al médico. Como algunas personas presentan fallas de memoria luego de pasar por una operación cardíaca mayor, el doctor me hizo algunas pruebas de memoria y un escaneo cerebral. Yo sabía que tenía algún problema, pero no si era grave. El escaneo mostró que una zona de mi hipocampo estaba completamente gris, señal de que había dejado de funcionar. El médico dijo que mi mente y mi memoria serían destruidas a la larga. Tenía Alzheimer. Me asusté mucho. Trabajar para los niños en el circo había sido mi vida, y esto significaba que me tendría que retirar. Tendría que dejar el negocio a mis empleados mucho antes de lo que había pensado. Me sumí en una profunda depresión. Poco después asistí a una reunión de una asociación de Alzheimer local. Una persona me pidió que hiciera algunos trucos de magia. Los hice, y esto me ayudó a salir de mi desesperación.
Pensé que si aún podía hacer trucos de magia, todavía era yo. Ahora trabajo por mi salud y para alentar a otros enfermos que no pueden pagar un tratamiento. El médico me ha dicho que la última habilidad que perderé será la de mago, ya que la he practicado desde chico. Los trucos están grabados firmemente en mi cerebro. Pero mi memoria de corto plazo falla tanto que a menudo me olvido de lo que iba a hacer luego de subir dos escalones. Me asusta un poco, pero anoto todo lo importante en una libreta y eso me ayuda mucho.
Mi esposa seguramente podría contar mejor que yo mis lapsus de memoria, cuando ni siquiera he sabido dónde estaba. Me he perdido en dos ocasiones, y desde entonces no he vuelto a salir solo. Vivo día tras día. A la mañana reviso mi agenda, y rara vez miro más allá.

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natalia

Muy emocionantes, que fea enfermedad, cuan cierto es que nadie nos prepara para afrontar algo de tal magnitud!

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roxana

creo que nadie esta preparado para afrontar ninguna enfermedad

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BARBARA ETELBINA

deberian preocuparse mas y hacer grandes estudios, los medicos y el gobierno, para este terrible mal, porque es feo para los mayores, pero los mas jovenes, que tambien les da este mal, es muy feo, es moriri en vida. POR FAVOR CIENTIFICOS Y MEDICOS, AH PREOCUPARSE¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

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Elva Natalia

Realmente entre el cáncer y el Alzyheimer, no se cual es peor. Dios permita que se encuentre algún tratamiento para curarlos. Felizmente tienen lugares de ayuda y pueden salir adelante mientras tanto, pero tarde o temprano se entra en una etapa muy desagradable especialmente para la familia y para

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Alicia Lidia

Una terrible enfermedad que da terror, ojalá los científicos no abandonen la lucha para derrotarla

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carmela

es una enfermedad que me da miedo,trabajo en un lugar donde veo como la persona se va deteriorando y tengo miedo que me pase lo mismo ,fui a ver a la neurologa por que he tenido olvidos me realizo estudios y me medico ,dijo que era para ayudar a la memoria pero sigo tratando de entender mas sobre el

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Olga

ES UNA ENFERMEDAD MUY MUY DEPRIMENTE ,VIVIR DE ESA MANERA ,SIN SIQUIERA SABER QUIEN SOY ,QUIEN ES MI FAMILIA ,DONDE ESTOY ,NO ME GUSTARÍA .TODAVÍA NO SE A ENCONTRADO NADA QUE LO CONTENGA .PIDO A DIOS FUERZAS PARA TODAS AQUELLAS PERSONAS QUE TENGAN QUE SOBRELLEVAR YA SEA ENFERMO O FAMILIAR UNA COSA A

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Frida Helena

Mucha fuerza para enfrentar ésta temible enfermedad!

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beatriz

TUVE A MI SUEGRO CON ESTA ENFERMEDAD Y AHORA TENGO A UN FAMILIAR CERCANO Y JOVEN CON ESTE MAL ,SE COLOCO UNAS INYECCIONES Y A DOS AÑOS NO PROGRESO LA ENFERMEDAD

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beatriz

Tremenda enfermedad admiro a la gente que pueda estar estoicamente al lado de alguien con este padecimiento,yo tengo a mi suegra asi y a veces me reconoce y otras me habla como si yo fuera una desconocida.

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teresa beatriz

admiro mucho a estas personas q lucharon antes q cruzarse de brazos ...

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ROSA

Le temo mucho a esta enfermedad!

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eva

Que historias! ojalá se pueda hallar prontamente una cura para esta terrible enfermedad

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isabel

Terrible enfermedad,me asusta. Ojala se encuentreuna cura pronto

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argentina

Mi padre tiene 90 años, sufre de esta enfermedad hace un año, apesar que generalmente no me conoce, luego dealgunas palabras con poca coherencia, siempre terminamos abrazados sintiendo sólo el gran amor que nos une. Estas historias me han emocionado por la entrega de quienes acompañan en este proce

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Arturo Alejandro

Triste

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Diamela

Qué enfermedad terrible; ojalá se encuentra la cura pronto

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vanesa

Esta enfermedad es tristísima , mi padre la padece apenas tiene 61 años de edad , hace año y medio le diagnosticaron Alzheimer , cuesta horrores aceptar tan triste destino , duele en el alma ver a un padre en esa situación...sólo me consuela que DIOS tiene el control de todo, hemos depositado toda n

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Blas agustín

Una enfermedad que sufre la familia

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