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Por más que seamos cuidadosos, en todo momento y lugar se presentan condiciones poco higiénicas que pueden transmitirnos enfermedades o predisponer m&a...

Problema: la sala de espera del médico está llena de gente enferma.

Solución: mantené las manos limpias.

 

La sala de espera del médico puede ser una guarida de enfermedades transmisibles. Podés llegar con un dolor de espalda, pero sin dudas podrías irte con un dolor de espalda y un resfrío. Pero recordá: no es muy probable que contraigas algo que flota en el aire. En cambio, podés contraer algo que provenga de un germen que entre en contacto con tus manos y luego ingrese a tu organismo al tocarte la cara. Por ello:

 

• Tené cuidado con las manos: mientras esperás, no te toques las membranas mucosas —los ojos, la nariz o la boca— después de tocar revistas, apoyabrazos, picaportes o cualquier otra cosa que una persona enferma pudo haber tocado.

• Lavate: ni bien salgas de la sala, lavate bien las manos. El jabón común es bueno si sos meticuloso, si refregás durante al menos 15 segundos y te enjuagás bien.

• Llevá toallitas o gel antibacteriano: las toallitas y el gel a base de alcohol son efectivos contra las bacterias y los virus en forma inmediata (mientras que otros agentes antibacterianos generalmente no lo son). Tené estos productos a mano, en la cartera o en el bolsillo. Utilizalos para limpiar cualquier superficie que tengas que tocar, como los picaportes. Además son una alternativa práctica si no podés lavarte las manos, en caso de que no tengas jabón ni agua.

• Evitá los estornudos: a pesar de que incluso los virus respiratorios generalmente se propagan mediante el contacto de las manos con las membranas mucosas, las gotitas de los estornudos son bombas de gérmenes transportadas por el aire. Mantenete alerta y hacé todo lo posible para evitarlos.

• Controlá tus propios gérmenes: si estás enfermo, tomá precauciones para no propagar tus propios gérmenes en la sala de espera. Lavate las manos después de sonarte la nariz o de estornudar. Usá toallitas a base de alcohol para limpiar cualquier cosa luego de tocarla. Si todos fueran más conscientes, el riesgo de contraer alguna enfermedad en la sala de espera del médico disminuiría.

 

Problema: quiero estornudar, pero hay gente a mi lado y no tengo un pañuelo.

Solución: cubrite doblando el brazo.

 

Estornudá o tosé cubriéndote con la curva que se forma al doblar el brazo, una parte del cuerpo que probablemente no propague los gérmenes como lo hacen otras a través del contacto. Contrariamente a tus instintos, cubrirte la boca con las manos no es higiénico. Si estás enfermo, transmitirás microbios contagiosos a las manos y hacer que otros se enfermen al tocar los picaportes o al estrechar las manos.

 

Problema: Mi hijo de 5 años no se lava las manos el tiempo suficiente:

Solución: cantá una canción.

 

La manera más simple y efectiva de prevenir la propagación de enfermedades contagiosas, como los resfríos, la gripe e incluso la hepatitis, es lavarse las manos regularmente antes de las comidas, después de ir al baño y luego de estornudar o sonarse la nariz. Pero las manos deben lavarse correctamente, enjabonándolas y refregándolas durante al menos 15 segundos, para quitar los microbios nocivos.

 

Acostumbrá a tus hijos a cantar una canción, por ejemplo, “El payaso Plin Plin”. La regla es que terminen de refregarse únicamente cuando la canción haya terminado. Esto hace que el lavado sea más divertido y más efectivo.

 

Problema: el piso del vestuario de la piscina está siempre húmedo.

Solución: usá calzado para el agua.

 

Cuando estés en el vestuario del gimnasio o en las duchas de la piscina, utilizá calzado para el agua o sandalias. Las ojotas son muy efectivas porque son baratas, a prueba de agua, livianas y fáciles de poner y quitar. Esto te ayudará a evitar dos problemas comunes de la piel: el pie de atleta y las verrugas plantares.

 

Problema: ¡Oh, no! Mi hijo tiene piojos.

Solución: lavá la ropa y las sábanas, y aplicá champú al cabello.

 

Sólo los hijos de otras personas se contagian la pediculosis... hasta que le sucede a los tuyos. Un caso de pediculosis no necesariamente significa que sos un padre negligente o que has fallado en lo que respecta a higiene. Simplemente quiere decir que tu hijo —en la escuela, durante un campamento o en la clase de danzas— estuvo en contacto con alguien que tenía piojos. Aquí te explicamos cómo detener el problema.

 

Lavá toda la ropa de tu hijo, el pijama y la ropa blanca en agua caliente (al menos a 55 ºC). Secala en secarropas al máximo durante al menos 20 minutos. Aspirá las alfombras, los muebles tapizados y el colchón de tu hijo para eliminar todo rastro de piojos, incluidos los huevos. Afortunadamente, los piojos —a diferencia de esas fuertes sobrevivientes, las pulgas— pueden sobrevivir sólo alrededor de un día sin un receptor humano. Por lo tanto, todo lo que no aspires morirá pronto.

 

Elegí en la farmacia un producto de venta libre contra la pediculosis que no contenga pesticida. Estos productos generalmente incluyen un champú y un peine fino para quitar los piojos y los huevos, llamados liendres. Seguí las instrucciones con cuidado. Durante dos semanas, revisá a todos los miembros de la familia para detectar si hay algún rastro de piojos o liendres. Durante esas dos semanas, procurá que todos los miembros de la familia eviten el contacto cercano con el niño infestado.

 

La plata contra los gérmenes

 

Los jabones antibacterianos, las lociones y otros productos de consumo son más populares que nunca en estos días. Pero ¿sabías que la plata, incluida la plata en solución, se utilizó como un agente antibacteriano por cientos de años? Los antiguos griegos bebían vino en copas de plata porque habían descubierto que el vino y el agua conservados en urnas de este material permanecían puros por más tiempo.

 

Durante la Edad Media, las familias europeas adineradas, al reconocer la cualidad de combatir enfermedades de la plata, alimentaban a los niños con cucharas de plata, lo que originó el dicho inglés “nacer con una cuchara de plata en la boca”. Actualmente, los hospitales utilizan este metal en los vendajes de heridas y quemaduras para controlar la infección. Por la misma razón, muchos instrumentos médicos, incluidos los catéteres, tienen un revestimiento de plata.

 

Al parecer, la plata es un agente antibacteriano particularmente efectivo ya que mata los gérmenes de tres maneras: al interferir en el sistema enzimático de la bacteria, al alterar las membranas celulares y al incorporarse al ADN de las células.

 

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