Qué dicen los pies sobre su salud Qué dicen los pies sobre su salud

Identificar a tiempo ciertos cambios en los pies puede ayudar a preservar la salud y evitar las complicaciones de algunas dolencias relacionadas con el envejecimiento.  

En 2014, a Glen Allen, de 68 años, empezó a dolerle el tendón de Aquiles del pie derecho. “Estaba muy sensible al tacto, y cuando me sentaba o me acostaba, era una tortura”, cuenta. “No recuerdo haber hecho nada que pudiera haberme causado una lesión”.

 

Identificar la causa de un dolor de pie en un adulto mayor puede ser difícil. La dolorosa tendinopatía, que incluye a la tendinitis, es más común al envejecer porque los tendones pierden flexibilidad con el paso de los años, y no es fácil tratarla. “El descanso, la aplicación de hielo y los masajes pueden ayudar”, dice Hylton Menz, profesor de podología en la Universidad La Trobe, en Melbourne, Australia. “En la medida de lo posible, hay que evitar la cirugía”.

 

Allen, que vive en Nueva York, encontró alivio en la fisioterapia que le prescribió un médico, consistente en estimulación ultrasónica y eléctrica del tendón. “Fue todo un éxito”, dice. “Ahora puedo hacer casi cualquier cosa, como caminar, trotar, montar en bicicleta y remar”.

 

El dolor de pies relacionado con el envejecimiento se presenta de muchas formas; la tendinopatía es solo una de ellas. A veces el dolor puede deberse a una deformidad, como un juanete; en otras ocasiones, el dolor es el primer síntoma de una enfermedad más grave, como diabetes o artritis. “Los adultos mayores presentan padecimientos muy diversos”, señala Menz. “Se producen cambios fisiológicos en los pies, ya sea en la piel, el tejido blando, los músculos, los nervios o los vasos sanguíneos”. Reconocer esos cambios sutiles, y no tanto, puede ayudar a preservar la salud y evitar las complicaciones de algunas enfermedades graves.

 

Debería recomendarse a todos los adultos mayores revisarse los pies a menudo en busca de cambios de color, temperatura, sensibilidad o forma y, si algo les preocupa, consultar a un profesional de la salud”, dice Menz. “Muchos padecimientos sistémicos (como la diabetes y la enfermedad arterial periférica) tienen manifestaciones tempranas en los pies, así que la detección oportuna de esos cambios puede ayudar a prevenir complicaciones en el largo plazo”.

 

A continuación se describen las afecciones de pies más comunes entre los adultos mayores:

 

Afecciones relacionadas con la artritis

La artritis de pie, tobillo o dedo gordo del pie puede hacer doloroso caminar. “Cientos de millones de personas padecen este problema”, dice el podólogo italiano Devid Biscontini, del Grupo de Estudio de la Liga Europea Contra el Reumatismo de Pie y Tobillo. Sin embargo, la población actual de adultos mayores no se resigna a soportar el dolor. Ha estado muy activa toda su vida, así que busca tratamientos para poder seguir en acción.

 

Lo primero que los reumatólogos recomiendan es tomar antiinflamatorios no esteroideos y usar un calzado especial. “Un tratamiento común es el uso de plantillas o zapatos ortopédicos”, dice Biscontini, del Departamento de Reumatología de la Universidad de Perugia, Italia, y del Departamento de Rehabilitación del Hospital de la misma ciudad. “Cuando los tratamientos conservadores fallan, debe considerarse la intervención quirúrgica”.

 

Los nuevos tratamientos para la artritis avanzada ayudan a las personas a mantenerse activas. “No existe un remedio infalible que funcione para todos”, dice Matthew Garoufalis, podólogo de Chicago y vocero de la Federación Internacional de Podólogos, en París. “Con frecuencia las inyecciones alivian el dolor y mejoran la movilidad. Algunas veces se usan esteroides, pero en la actualidad estamos utilizando factores de crecimiento o membranas amnióticas. Son sumamente útiles para mitigar el dolor y ayudar a las personas a volver a sus tareas cotidianas”.

 

Afecciones relacionadas con el envejecimiento

Algunos problemas relacionados con los pies no son atribuibles a enfermedades sino que son comunes entre los adultos mayores, como las caídas. “Puede fallarle el equilibrio, o tal vez los pies le molestan”, dice Garoufalis. “En los Estados Unidos, todos los días 15.000 adultos mayores sufren lesiones por caídas. Estas son la causa principal de lesiones entre las personas mayores de 64 años”.

 

Los estudios muestran que el tai chi puede ayudar a prevenir caídas en la gente mayor porque mejora el equilibrio, la marcha y la fuerza muscular. Hace una década Gabriel Constans, de 60 años de California, empezó a perder el equilibrio debido a una afección de pies causada por un trastorno neurológico y por la pérdida parcial del oído. Su equilibrio comenzó a mejorar a mediados de 2009, cuando aprendió tai chi; aún lo practica todas las mañanas. “No evita que yo pierda el equilibrio, pero parece que me ocurre con menos frecuencia”, dice. “Creo que estaría mucho peor sin el tai chi”. Usar medias gruesas o plantillas, en especial las que protegen los talones, puede mejorar el equilibrio y disminuir el dolor.

 

Los juanetes también hacen que sea doloroso caminar. Son más comunes en los adultos mayores, en particular en las mujeres. A veces el calzado especial ayuda; en otros casos se requiere una operación. “Lo que decide la necesidad de la cirugía es el dolor”, señala Garoufalis. “Si lo obliga a alterar sus actividades diarias, es probable que sea hora de arreglarlo. Hay más de 100 procedimientos quirúrgicos para eliminar juanetes”.

 

Sin embargo, la cirugía no es algo para tomarse a la ligera. Puede causar dolor durante un par de días o hasta seis semanas después de la intervención, y la recuperación total puede llevar de seis semanas a un año. La operación tiene riesgos, entre ellos daño nervioso, y los juanetes pueden reaparecer. Antes de recurrir a la cirugía, asegurate de haber agotado los demás recursos, como plantillas, inyecciones y analgésicos.

 

Hasta las afecciones indoloras de los pies son más frecuentes con el paso de los años, como las micosis (infecciones por hongos) en las uñas. La generación más reciente de antimicóticos orales está disponible desde hace 20 años. Una de las últimas novedades es el tratamiento con láser. “Los datos de los estudios son preliminares pero se considera que es seguro”, dice Menz. “La dosis que se usa es baja en comparación con otros tratamientos con láser”.

 

Toni Coleman, una mujer de 62 años de Virginia, contrajo una micosis en las uñas cuando fue a una sesión de pedicuría en China. Como quería evitar los efectos secundarios de los fármacos (en casos muy raros, los antimicóticos orales dañan el hígado; también hay cremas antimicóticas, pero no son muy eficaces en casos avanzados, y si las uñas se vuelven gruesas, las cremas no llegan al hongo), eligió el tratamiento con láser. Después de tres sesiones en un lapso de nueve meses, Toni quedó aliviada. “El láser era la opción obvia para mí ya que no produce efectos secundarios”, dice.

 

Los pies pueden doler también por exceso de peso corporal ya que se ejerce más presión sobre las articulaciones. Los estudios muestran que las personas obesas sufren más dolor de pies que las delgadas, en especial en los talones. Investigaciones recientes indican que la acupuntura puede proporcionar alivio. “La acupuntura es solo un tratamiento más”, comenta Garoufalis. “Las plantillas redistribuyen mejor el peso en las plantas de los pies. También hay fármacos inyectables, como la cortisona”. Sin embargo, el alivio será de corta duración, ya que las inyecciones no resuelven el problema del peso excesivo.

 

Afecciones relacionadas con la circulación

A medida que envejecen, algunos hombres notan que el vello que les crecía en los tobillos empieza a desaparecer. Si bien es posible que las medias muy ajustadas contribuyan a esto, es más probable que se deba a un problema de circulación.

Cuando examinamos a un paciente nuevo, una de la primeras cosas en las que nos fijamos es en el crecimiento del vello en la parte baja de la pierna, porque eso nos indica si hace falta o no practicarle un examen vascular”, dice Garoufalis. “Podría ser una señal de mala circulación arterial hacia los pies o de mala circulación venosa hacia los muslos”.

 

A medida que envejecemos, la sangre circula con menos eficacia, lo que disminuye el flujo sanguíneo hacia los pies. Hacer estiramientos, caminar, alzar un poco las rodillas al estar sentado y recibir masajes en los pies puede ayudar. “La actividad cumple un papel fundamental”, dice Garoufalis. “Si no nos mantenemos activos, los músculos de las pantorrillas no pueden bombear la sangre de vuelta al corazón con eficacia”.

 

La enfermedad arterial periférica (EAP), un padecimiento vascular común relacionado con el envejecimiento, disminuye el flujo de sangre a las extremidades. En combinación con la neuropatía diabética (pérdida de sensibilidad ocasionada por daño nervioso), la EAP causa úlceras, cicatrización lenta de heridas y aparición de llagas que pueden pasar inadvertidas hasta que se infectan. Por suerte, hay tratamientos eficaces para la EAP. Algunas personas mejoran con cambios en el estilo de vida o con fármacos; otras requieren una derivación quirúrgica o una angioplastia para desobstruir las arterias.

 

Desde hace unos años la terapia con células madre se ha vuelto otra opción. “Médicos de centros especializados inyectan células madre en los músculos de las pantorrillas”, dice Stephan Morbach, angiólogo, diabetólogo y director médico del Hospital Marien, en Soest, Alemania. “Ya está aceptada como tratamiento vascular de último recurso para pacientes en riesgo de sufrir una amputación a la altura de la rodilla y que no cuentan con opciones de intervención quirúrgicas ni de otro tipo”.

 

Es posible mejorar el flujo de sangre a los pies haciendo ejercicio con regularidad. “La actividad física puede prevenir muchos de estos problemas”, afirma Garoufalis.

 

Afecciones relacionadas con la diabetes

Cerca de 350 millones de personas en el mundo sufren diabetes, y un alto porcentaje de ellas no lo sabe. “A veces, una afección de pies es la primera señal”, dice Garoufalis. “Empiezan a perder sensibilidad, o presentan cambios en la piel o las uñas”.

 

Las úlceras en los pies son una complicación seria de la diabetes y requieren atención médica rápida. Casi dos tercios de las amputaciones de pies son causadas por úlceras y otras afecciones relacionadas con la diabetes, así que estar pendiente de tus pies podría salvarlos. “Ponga atención a sus pies y adopte buenas prácticas de higiene; si no puede hacerlo solo, pida ayuda. Si se descubre una úlcera, acuda al médico sin demora”, aconseja la doctora Kristien Van Acker, directora de la comisión sobre pie diabético de la Federación Internacional de Diabetes, en Bruselas.

 

Para curar las úlceras, los médicos primero se aseguran de que no haya infecciones ni problemas de circulación; luego desbridan la úlcera (eliminan quirúrgicamente el tejido muerto), vendan la zona y piden al paciente que reduzca la presión sobre sus pies, algunas veces usando botas especiales. Investigadores italianos descubrieron hace poco que la inyección de cierto péptido puede duplicar la velocidad de cicatrización.

 

La mayoría de las personas decide buscar ayuda cuando ya es demasiado tarde”, señala Van Acker. “Si alguien que tiene úlceras sigue caminando, de nada le servirá usar lo último en adelantos científicos. Podemos reducir la tasa de amputaciones hasta en un 80 % si se remite a los pacientes a un especialista en pies antes de que transcurran dos semanas”.

 

En 2013, Thomas Matthews, de Pensilvania, Estados Unidos, se encontró una úlcera en un pie justo cuando se disponía a salir a cazar osos. Acudió al podólogo con el auto cargado con la carpa y el equipo de caza. “El médico me dijo: ‘¿Qué prefiere usted, ir a cazar un oso o salvar el pie?’”, cuenta Matthews, de 73 años. “Le contesté: ‘Creo que habrá más temporadas de caza de osos’”.

 

Casi un año después, luego de probar el desbridamiento y un medicamento tópico, el podólogo le cubrió la herida con membrana amniótica, la vendó y la limpió con regularidad. En menos de un mes, Matthews estaba curado, pero al cabo de unas semanas desarrolló otra úlcera por complicaciones de una infección. Esa herida cicatrizó con desbridamiento y un fármaco tópico. “Ya camino con zapatos, sin vendas”, dice. “Conozco a un tipo que tuvo una úlcera en un pie al mismo tiempo que yo, y ahora usa una prótesis”.

 

Salvo usted mismo, ninguna persona se fijará en sus pies, los cuales pasan la mayor parte del tiempo metidos dentro de sus zapatos, abajo de las mesas, fuera de los reflectores. Prestar atención a cualquier cambio, dificultad, pérdida de sensibilidad, decoloración, rasguños o llagas le dará beneficios en el largo plazo.

 

El diagnóstico y tratamiento oportunos pueden prevenir, o al menos retrasar, la aparición de problemas más graves”, concluye Menz. “Identificar algo tan sencillo como un callo y tratarlo puede evitar una ulceración, infección e incluso la amputación en adultos mayores diabéticos”.

 

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