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Cómo reconocer el burnout (estrés laboral) y qué hacer al respecto.

Geraldine Fitzpatrick, de 65 años de edad, fue trabajadora social de protección infantil durante 28 años. Era, por decirlo así, una profesión extenuante y presenciar tantos conflictos le afectó. Ayudaba a las familias con sus crisis, pero no podía con las mías”, declara. El trabajo de Fitzpatrick era tan exigente que le quitaba la energía para cuidarse a ella misma y a su familia. Estaba subiendo de peso, se frustraba fácilmente y su estado emocional era el mismo los fines de semana, lo que preocupaba a sus hijos. “Nadie quería estar conmigo los sábados porque era el día de llorar, admite. Aunque Fitzpatrick actualmente se da cuenta de que estuvo funcionando sin combustible desde, por lo menos, 1995, cuando comenzó a tener pesadillas relacionadas con el trabajo, le tomó más de dos décadas aceptar la realidad: estaba desgastada. “Me sentía la persona más solitaria del mundo”, dice. “Pensé que nunca saldría de ese pozo oscuro”.

El burnout, o desgaste profesional, puede tener consecuencias graves para nuestra salud, bienestar y capacidad de funcionar. No hay un diagnóstico clínico oficial para la afección, pero, según Robert-Paul Juster, investigador doctorado por la Universidad McGill, que ha colaborado con la especialista en estrés de la Universidad de Montreal, Sonia Lupien, suele identificarse por tres síntomas clave: “pérdida de eficiencia profesional, agotamiento emocional y sentimientos de desapego o cinismo”. No solo afecta a los empleados. Las tareas rutinarias podría costarle más trabajo: podría estar alejándolo de sus seres queridos. A diferencia de la fatiga común, el burnout conlleva un patrón de sobre esfuerzo que parece estar fuera de control, y un agotamiento excesivo que no disminuye aunque descanse lo suficiente. “Por desgracia, algunas personas no buscan ayuda para el burnout porque no se dan cuenta de que lo padecen, o les preocupa el estigma”, dice Juster. Pero no es necesario aguantárselo: hay reveladoras señales emocionales, físicas y conductuales a tener en cuenta. Siga leyendo para determinar si su tanque está vacío y, de ser así, aprender a recargarlo de nuevo.

EMOCIONALES

Problemas de memoria

El cortisol es nuestra hormona del estrés más poderosa y el combustible que ordena nuestra respuesta de ataque-huida-inmovilidad. Según Juster, el burnout está relacionado con un nivel bajo de cortisol. Cuando una persona está abrumada, su cuerpo no puede satisfacer la demanda incesante de esta hormona; en respuesta, reduce drásticamente su producción.

Esto es malo para el cerebro, que necesita cortisol para formar recuerdos. “Imagina que Bambi se encuentra con un oso en el bosque”, dice Juster. “El ciervo debe activar una respuesta de estrés para huir, pero también necesita su sistema de memoria para recordar dónde está el oso”.

El hipocampo es la región de nuestro cerebro que almacena los recuerdos; cuando los individuos están crónicamente estresados, esa área se encoge. “Cuando disminuye el volumen del hipocampo, se ve afectada la capacidad de codificar las memorias de manera adecuada”, dice Juster. Un estudio hecho en 1998 por la Universidad de McGill reveló que el tamaño del hipocampo de los adultos mayores con niveles elevados de cortisol se redujo en 14 por ciento. Aunque los científicos todavía no tienen pruebas concretas del impacto de un bajo nivel de cortisol en el volumen del hipocampo, Juster advierte que tener niveles bajos de esta hormona es tan malo como tenerlos elevados.

Depresión

Es difícil distinguir la depresión del burnout: los afectados sufren agotamiento grave y las tareas cotidianas se vuelven complicadas. Es importante diferenciar entre la depresión como diagnóstico independiente y como síntoma de estrés crónico, sostiene Juster, aunque la distinción no siempre sea clara. Según él, ambos están marcados por diferencias fisiológicas: la depresión suele estar acompañada de un nivel alto de cortisol, mientras que el burnout no. Eso es un matiz clave, ya que los antidepresivos usan serotonina para disminuir la producción de la hormona del estrés, lo que puede perjudicar a quienes ya han agotado sus reservas.

Ansiedad 

El desgaste profesional puede aumentar el riesgo de sufrir ansiedad: el estrés extremo acaba con nuestros recursos y contribuye a la tensión, ya que nos sentimos menos preparados para enfrentar los problemas. “Cuando termina la situación estresante, la sensación puede permanecer”, explica Melanie Badali, psicóloga certificada y directora del consejo de AnxietyBC. “Su respuesta a la situación puede ser desproporcionada, como si subiera todo el volumen”.

La ansiedad intermitente es común, todos nos sentimos nerviosos antes de un examen médico importante o una conversación difícil, pero esa sensación podría convertirse en un trastorno que compromete la capacidad de funcionar. “Podría sentir náuseas o una opresión en el pecho”, dice Badali. En el caso de Geraldine Fitzpatrick, los síntomas se manifestaban como abatimiento total. Cuando su familia se iba de su casa los sábados, “me sentaba a llorar”, confiesa. 

CÓMO RECUPERARSE

Muchos estudios han revelado que cuando el ejercicio aumenta, la depresión desaparece. Una solución sencilla es andar en bicicleta: en febrero de 2016, una investigación publicada en el Journal of Neuroscience mostró que tres sesiones de 20 minutos de bicicleta fija elevan los niveles de los neurotransmisores que escasean en los pacientes con trastornos mentales.

El entrenamiento físico también se ha relacionado con la reducción del desgaste profesional. Según un estudio australiano de 2015, cada actividad puede dar resultados diferentes. El ejercicio cardiovascular disminuyó la angustia psicológica y la percepción de estrés, mientras que el entrenamiento de resistencia, que incluye el uso de pesas o bandas para fortalecer, aumentó la sensación de bienestar y logro personal de los participantes.

Lo más alentador es que el ejercicio puede ayudar también a recuperar el volumen del hipocampo. En 2011, investigadores de la Universidad de Pittsburgh estudiaron a adultos mayores que realizaban actividad aeróbica de intensidad moderada tres veces por semana. Después de un año, el grupo experimentó un crecimiento medio del hipocampo del dos por ciento, equivalente a una restauración de la pérdida de volumen típica en adultos mayores de uno a dos años, lo que podría mejorar tanto el estado de ánimo como la memoria. Investigadores de la Universidad de Columbia Británica tuvieron resultados similares en 2014 y 2015 al estudiar ejercicios cardiovasculares, como las caminatas rápidas.

FÍSICAS

Insomnio
Cuando Julie Anderson, de 54 años, comenzó a trabajar como directora de desarrollo en la organización sin fines de lucro Alianza Gay y Lésbica contra la Difamación (GLAAD) en 1997, despertaba varias veces por la noche, preocupada por los pendientes y por futuros obstáculos imaginarios. “Eran señales de que mi cuerpo estaba de-sequilibrado y en problemas”, dice la psicóloga radicada en Los Ángeles.

“El estrés se asocia a trastornos emocionales y tensión física”, explica Badali. Ambos factores aumentan el estado de alerta que prepara a nuestro cuerpo para enfrentar el peligro. “Si fuera un animal salvaje y se durmiera cuando hubiera un depredador cerca, no sobreviviría mucho tiempo”, dice. “Pero usted no es un animal salvaje. El sueño es un recurso que nos ayuda a controlar el burnout”.

CÓMO RECUPERARSE

Los que sufren de insomnio relacionado con el burnout pueden concentrarse en dos cosas: tratar de controlar sus preocupaciones y aceptar lo que no se puede cambiar. Hacer ambas cosas durante el día puede evitar que te atormenten por la noche. El ejercicio también ayuda, aunque no lo sedará mágicamente unas horas después. Un estudio de 2013 de la Universidad Northwestern, de Chicago, reveló que a mujeres mayores que sufrían insomnio les tomó cuatro meses de sesiones aeróbicas de 30 minutos, tres veces por semana, lograr 45 minutos o más de sueño extra por noche. 

Problemas gastrointestinales 
Cada año, millones de personas sufren trastornos digestivos como úlceras gástricas y síndrome del intestino irritable. Los intestinos están en contacto constante con el cerebro; ambos usan neuronas y neurotransmisores para comunicarse entre sí. Como respuesta a una amenaza percibida, el estómago detiene la digestión para conservar energía. Pero el peligro no tiene que ser mortal para producir calambres abdominales. El estrés y el burnout son suficientes para empeorar los síntomas de la inflamación existente y el dolor intestinal.

CÓMO RECUPERARSE

Lo bueno de esta conexión cerebro-estómago, según una reseña clínica de 2013 de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, es que los tratamientos psicológicos podrían servir para tratar los trastornos gastrointestinales. La terapia cognitivo-conductual (TCC) reduce significativamente los problemas estomacales: en un estudio citado por investigadores de Chapel Hill, ocho semanas de TCC fueron suficientes para reducir en 67 por ciento el dolor abdominal, la distensión, las flatulencias y los ruidos estomacales; la mejora se mantuvo por tres meses. La hipnosis también alivia el dolor de estómago: 52 por ciento de los pacientes dijo sentirse “mucho mejor” tras completar hasta 12 sesiones semanales de una hora. Por lo tanto, en vez de tomar un antiácido, podría buscar un especialista en salud mental con 
conocimientos de gastroenterología.

Palpitaciones
Según la doctora Marie-Noelle Langan, cardióloga y profesora asociada del Hospital Monte Sinaí de Nueva York, es bastante común tener palpitaciones cardíacas o pulso irregular o acelerado en algún momento, “pero si es frecuente y dura varios minutos (en vez de unos segundos), es necesario evaluarlo”. 

El comportamiento ligado al burnout puede desatar tal reacción: si no bebemos suficiente agua o consumimos alcohol, nos deshidratamos. “Cuando no estás hidratado, tu cuerpo puede aumentar el ritmo cardíaco para mantener el mismo volumen de sangre”, dice Langan.

CÓMO RECUPERARSE

Si le preocupan las palpitaciones,  beba agua y consulte a un profesional. Fue necesario que Anderson pasara más de un mes con palpitaciones cardíacas para que consultara al médico, quien monitoreó su corazón durante 72 horas. Cuando por fin le informó que las palpitaciones se debían a su estilo de vida, Anderson tuvo una especie de epifanía. “Me di cuenta de que, si tuviera un infarto, fracasaría tanto en mi trabajo como en mi vida”, acepta. “No era demasiado tarde para arreglar la situación”.

 CONDUCTUALES

Abuso de sustancias
Cuando se siente tenso, una solución rápida puede ser muy atractiva. “Una de las maneras más rápidas de cambiar cómo se siente en el momento es consumir drogas o alcohol”, dice el doctor Anton Schweighofer, psicólogo de la North Shore Stress and Anxiety Clinic, ubicada en North Vancouver. Como depresores, las bebidas alcohólicas ayudan a atenuar la sensación de estar abrumado, inherente al burn-out. Schweighofer dice que los jubilados y las personas que han perdido una rutina balanceada pueden considerar reemplazarla tomando un trago. “El consumo de alcohol puede ser una señal reveladora de que la gente está abrumada”, dice Schweighofer. Reconoce que, a corto plazo, esta estrategia es tentadora porque mitiga los sentimientos de agitación. “Pero no resuelve la preocupación subyacente al burnout y crea más problemas”, como una adicción potencial y, eventualmente, insuficiencia hepática.

Aislamiento 
Aunque Fitzpatrick interactuaba constantemente con personas, “no sabía cómo relacionarme fuera del trabajo”, dice. Sentía compasión por los clientes, pero la anulaba con una visión cínica del sistema que los atendía. “Comienza a desconectarse de sus amigos y comunidad”, dice, “y luego pierde contacto con su familia extendida”. Con ayuda de un terapeuta, se dio cuenta de que estaba perdiendo contacto consigo misma.

Nuestros mecanismos defensivos se sobrecargan con el burnout; en consecuencia, “se aísla, lo que puede manifestarse como hostilidad”, dice Juster. “Cuando los aspectos de nuestras vidas que solían darnos placer profesional o personal ya no lo hacen y nos retraemos, tenemos una advertencia de que algo está pasando”.

Fatiga de la compasión
Como explica Françoise Mathieu, consejera de salud mental y psicoterapeuta de Kingston, Ontario, la fatiga de la compasión ocurre cuando la capacidad de sentir empatía se erosiona. “Puede volverse irritable, cínico e insensible a los problemas de los demás”, dice. Los que se dedican al cuidado de pacientes, como Fitzpatrick -enfermeras, gente de servicios de emergencia, como paramédicos, policías, psicólogos, entre otros-, pueden ser susceptibles a esta manifestación del burnout, pero el síntoma no solo afecta a los profesionales, sino que también podría afectar a un hijo cuidando a su madre con Alzheimer o a un esposo que atiende a su cónyuge  con una enfermedad terminal.

El nivel de riesgo aumenta mientras más horas se dediquen a esta actividad, algo que deben tener en cuenta las personas que apoyan a familiares o amigos con problemas de salud de largo plazo. Al parecer, el tiempo ideal para dedicarse a la supervisión y acompañamiento médico, según el reporte titulado Retrato de los cuidadores2012, elaborado por Marie Sinha, de la Oficina de Estadísticas de Canadá, es de 20 horas de voluntariado o cuidado por semana.

CÓMO RECUPERARSE

Cuando se trata de controlar las consecuencias conductuales del burnout, Mathieu admite que “todo esto del autocuidado” puede parecer tedioso. “Dudo en volver a recomendar que coman más verduras y hagan yoga; creo en ello, pero la gente está harta de que le digan que se relaje”. En cambio, la psicóloga destaca la importancia de relacionarse con personas en la mis-ma situación, lo que puede implicar buscar apoyo en centros comunitarios o de cuidados paliativos. Hay estrategias diferentes para atender las distintas manifestaciones del sufrimiento. Fitzpatrick, quien se jubiló hace poco, dice que está en un “camino de sanación”. Lleva a los hijos de sus amigos de paseo y escribe con fines catárticos. Anderson, por su parte, ha desarrollado un arsenal de “herramientas para la prevención del burnout”, que incluyen correr a diario, meditación regular y tener expectativas razonables de trabajo. “En el trabajo social hablamos mucho de la práctica reflexiva, un enfoque de trabajo en el que evaluamos con sinceridad nuestros días buenos y malos”, dice Mathieu. “Es importante reconocer cuando tiene más malos que buenos”. Si llega a ese punto, recuerde: con un poco de ayuda puede hacer que sus días, semanas y meses­, vuelvan a estar armonía.

 

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