Por qué controlar tu azúcar en sangre Por qué controlar tu azúcar en sangre

Se han descubierto una serie de inconvenientes relacionados a los niveles de azúcar en sangre, que hacen extensiva la necesidad de mantenerlos bajo control, ya no solo para quienes sufren de diabetes. El remedio clave: una alimentación correcta.

En la mayoría de los casos, aun cuando el nivel de azúcar en sangre se dispare luego de la comida, a nuestro cuerpo no le cuesta regresarlo a su nivel normal en pocas horas. Solo los diabéticos no tratados muestran niveles de glucemia altos la mayor parte del tiempo. Por eso, durante muchos años, los médicos pensaron que solo ellos debían preocuparse por sus niveles de glucosa.

Ahora sabemos que aun entre los individuos sanos, tener alta la glucosa en sangre después de las comidas puede, con el tiempo, dañar el organismo, aunque no cause diabetes.

 

En suma, ya no es un grupo de personas, casi todo el mundo debe preocuparse por su glucemia. Vos debés interesarte, aunque seas delgado y saludable, en especial si no te ejercitás o tu cintura se ha ensanchado. Es probable que te preguntes: “¿Cómo salgo de esto?” Acá veremos cómo nuestra dieta habitual nos lleva a obtener una glucemia inestable (una pista: alimentos como el pan blanco y el arroz blanco, las papas y las bebidas azucaradas son los mayores culpables) y qué comidas te ayudarán a mantener estable tu glucosa en sangre. Pero, por ahora, profundicemos sobre por qué debe importarte y de qué manera te beneficiarás con estos datos.

 

Energía y aumento de peso

Comer te hace sentir satisfecho, ¿no? En realidad, eso depende. Al comer mucho, en especial alimentos ricos en almidón o azúcar, éstos pasan por tu estómago y tus intestinos y se convierten en glucosa, el principal combustible para tus músculos y tu cerebro. Es energía instantánea.

 

Pero el alto contenido de almidón puede darle al cuerpo más glucosa de la que necesita. De hecho, es posible que eleve los niveles de azúcar en sangre el doble que una comida más sana. Después de una hora o dos de comer, la mayoría de las personas puede lograr que la glucemia baje con bastante rapidez liberando insulina, hormona producida por las células beta del páncreas. La insulina le dice al organismo que permita la entrada de azúcar a las células para usarla como combustible y almacenar el resto en los músculos.

Pero si vos comés una pila de papas fritas o una rodaja gruesa de pan blanco, tu organismo debe lidiar con una gran cantidad de glucemia y bombea demasiada insulina. Si tenés sobrepeso, podría bombear aún más. Esa insulina extra hace caer demasiado los niveles de azúcar en sangre y queda en el torrente sanguíneo por largo tiempo, manteniendo baja tu azúcar en sangre por horas.

Entonces, podés caer en un estado de parcial inanición. Irónicamente, tu glucemia puede estar incluso más baja que antes de que ingirieras la comida rica en almidón. A esta altura, te sientes agobiado y quizás bastante incómodo. Tu energía está baja y podrías tener dolor de cabeza. Tu organismo detecta que tu nivel de azúcar en sangre es muy bajo, así que revierte el curso y libera hormonas que elevan los niveles de glucosa y grasas (de las que pueden provocar un ataque cardíaco). Tu cerebro también produce señales que le dicen que tiene hambre. Y aunque consumiste más calorías que las necesarias, tu glucemia es tan baja que tu cuerpo cree que le hace falta más. La lata de galletas se ve cada vez más tentadora.

 

Una amenaza para tu corazón

Es fácil imaginar cómo una dieta nociva para tu glucemia puede aumentar tu peso. Es más difícil entender que puede contribuir a provocar un ataque cardíaco, pero es así. Estas dietas pueden taponar las arterias y elevar la presión sanguínea, además de incrementar el nivel de inflamación corporal, algo que –como saben los médicos– guarda estrecha relación con un mayor riesgo de sufrir un ataque al corazón.

La glucemia alta produce formas inestables de oxígeno llamadas “radicales libres”, moléculas que dañan las arterias y dificultan la tarea de los vasos sanguíneos de mantener normal la presión arterial. Al tiempo, aumenta las chances de que el colesterol se adhiera a las paredes arteriales. Asimismo, los altos niveles de insulina que tu organismo necesita para domar esa azúcar son bastante perjudiciales. Pueden provocar un aumento de la presión arterial y la inflamación, y hay más chances de que la sangre forme coágulos que amenazan al corazón: condiciones que, se sabe, aumentan el riesgo de enfermedad cardíaca.

Con el tiempo, las comidas que hacen subir los niveles de azúcar en sangre también tienden a bajar el colesterol “bueno”, o HDL (por su sigla en inglés) y elevar los triglicéridos, grasas tóxicas para las células que aumentan el riesgo de enfermedad cardíaca e, incluso, de paro.

Prestigiosas investigaciones demostraron cuán graves pueden ser estos daños para el corazón. En un estudio que incluyó a más de 43.000 hombres de 40 años o más, aquellos con dietas que subían los niveles de azúcar en sangre tenían un 37% más de probabilidades de desarrollar una enfermedad cardíaca en los siguientes seis años. En el Estudio de Salud de las Enfermeras, que incluyó más de 75.000 mujeres estadounidenses de mediana edad, aquellas cuyas dietas elevaban más los niveles de azúcar en sangre tenían el doble de chances de contraer una enfermedad cardíaca a lo largo de los diez años siguientes. Para las mujeres con sobrepeso, la amenaza era mayor. Por ejemplo, los triglicéridos eran 144% más altos que los de las mujeres que llevaban una dieta más sana y un 40% más altos que en mujeres de peso normal.

Por suerte, esto funciona también al revés. Cuanto más beneficiosa sea tu dieta para tus niveles de glucemia, más lo será para tu corazón. Varios estudios demostraron que personas que ingerían la menor cantidad posible de alimentos que elevan el azúcar en sangre tenían más alto el colesterol HDL, una cifra más baja de triglicéridos y una menor cantidad de ataques al corazón.

Vínculo con el humor y la memoria

Ya te mostramos cómo una comida que eleva el azúcar de forma rápida y drástica puede agotar de verdad tus niveles de energía. No es de extrañar que tampoco contribuya mucho al buen humor.

Los estados de ánimo son afectados por los niveles de hormonas, incluida la insulina, e influyen sobre los neurotransmisores, mensajeros químicos del cerebro, afectados de varias maneras por los distintos nutrientes que consumimos, como los carbohidratos y las proteínas. Pero el cerebro puede resultar muy sensible a un compuesto simple: el azúcar en sangre.

Los músculos pueden almacenar azúcar, pero el cerebro no. Para funcionar lo mejor posible, solo requiere una cantidad adecuada en todo momento, por eso es muy sensible a pequeñas diferencias en la cantidad disponible de ella. Una provisión constante es lo mejor.

Tanto los niveles bajos de azúcar en sangre como los altos pueden causar problemas en el humor y la memoria. La gente experimenta más síntomas de depresión cuando su azúcar en sangre está baja. La memoria también se ve afectada. En un estudio, a los diabéticos les costó más procesar la información, recordar cosas y prestar atención –además de estar de mal humor– cuando su glucemia estaba baja. En aquellos con diabetes tipo 2, las oscilaciones de la glucemia se vinculan no solo con la mala memoria, sino también, con el tiempo, con el deterioro cognitivo y la demencia.

Los niveles altos también traen problemas. Mucho antes de causar diabetes, pueden dañar el cerebro, al afectar los recuerdos y aumentar el riesgo de padecer el mal de Alzheimer. Un estudio de la Universidad de Nueva York encontró que en las personas que tendían a tener altos niveles de azúcar en sangre después de comer, una parte del cerebro llamada “hipocampo”, asociada con la memoria, era más pequeña que en las personas cuyos niveles después de comer eran más bajos.

Mantener tu glucemia estable puede ayudarte a sentirte mejor y mentalmente ágil. Los diabéticos que controlan bien su nivel de azúcar afirman tener un mejor humor, menos depresión y fatiga que quienes no lo logran. Estudios rigurosos descubrieron que cuanto mejor controlan su glucemia estas personas, mayor capacidad tienen para recordar un párrafo después de leerlo y acordarse de las palabras de una lista.


Desayunar bien es clave para mejorar tu función mental durante el día. Investigaciones señalan que un desayuno de cualquier tipo mejora el humor, la alerta mental, la memoria y la concentración. El más adecuado es el que mantenga la glucemia estable hasta el almuerzo.

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jose luis

Barbaro!!

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