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Las estatinas salvan vidas, pero como las polémicas nuevas normas harán que millones de personas más empiecen a tomarlas, conviene estar al tanto de sus beneficio...

Ted, un paciente mío de 45 años, tenía una complexión atlética y llevaba una dieta saludable, pero fumaba varios cigarrillos a la semana. Cuando le advertí que tenía alto el colesterol total (230 mg/dl, cuando lo deseable es que no exceda de 200 mg/dl), me preguntó si debía tomar estatinas. Recordé las normas sobre colesterol recién publicadas por dos asociaciones de cardiólogos. Según las antiguas normas, Ted no era candidato para tomar estos medicamentos reductores del colesterol, pero según las nuevas sí lo era. La idea le preocupaba, y también a mí, un cardiólogo
holístico que prefiere recetar verduras antes que fármacos. Es cierto que las estatinas salvan vidas, pero como las polémicas nuevas normas harán que millones de personas más empiecen a tomarlas, conviene estar al tanto de sus beneficios y sus riesgos.

La ciencia de las estatinas
Desde hace 20 años, rigurosas pruebas clínicas han revelado que estos medicamentos pueden reducir a la mitad el riesgo de apoplejía e infarto. Conforme con estas pruebas, las normas dictan que cuatro grupos (formados por unos 1.000 millones de personas en todo el mundo) deberían reducir con estatinas sus niveles de colesterol:

  • Cardíacos (víctimas de infarto, portadores de stents, etc.).
  • Pacientes diabéticos de entre 40 y 75 años.
  • Quienes tienen más de 190 mg/dl de colesterol malo.
  • Personas sin cardiopatías en quienes, según un nuevo algoritmo que considera edad, colesterol total, nivel de colesterol bueno, presión arterial y tabaquismo, el riesgo de contraerlas en un lapso de 10 años supera el 7,5 por ciento (el riesgo de Ted era de 8 por ciento).

Mi mayor preocupación
Los médicos solían empezar el tratamiento con dosis bajas de estatinas. Las nuevas normas nos instan a prescribir desde el principio dosis entre moderadas y altas, lo que puede intensificar efectos secundarios como dolor o debilidad muscular, pérdida de memoria y mayor concentración de glucosa en la sangre. Además, mis pacientes suelen tomar otros reductores del colesterol (como ezetimiba y ácido nicotínico) junto con estatinas, pero las nuevas normas insisten en los beneficios de las estatinas solas. Yo me resisto a suspender esos otros fármacos y aumentar las estatinas. Pienso recetar estas en los casos necesarios y en dosis de bajas a moderadas, e inculcar con ahínco en mis pacientes la adopción de hábitos más saludables.

Reducí el colesterol naturalmente
En el debate sobre las estatinas hemos perdido de vista que uno puede reducir mucho el colesterol modificando la alimentación y haciendo más ejercicio. Por ejemplo, científicos canadienses idearon una dieta basada en esteroles vegetales, fibra soluble, frutos secos y soja, que supone una reducción de un 30 por ciento del colesterol en promedio, casi tanto como las estatinas en dosis bajas. Aunque en los grupos de alto riesgo habrá quienes necesiten estatinas de todas maneras, exhorto a los pacientes que se encuentran en el límite a adoptar primero hábitos saludables. Reduzcí el consumo de azúcar y carne, y aumente el de verduras, frutas, cereales enteros, productos lácteos bajos en grasas, legumbres y frutos secos. Restringí la ingesta de grasas saturadas al 5 o 6 por ciento de las calorías (unos 12 gramos en una dieta de 2.000 calorías diarias), y evitá las grasas trans. Hacé ejercicio de moderado a intenso durante 40 minutos tres o cuatro veces por semana.

Si necesitás estatinas
Antes que nada preguntate si hiciste todo lo que podías para adoptar hábitos saludables. Para Ted, dejar de fumar y hacer algunos ajustes en cuanto a dieta y ejercicio redujo su riesgo hasta el punto de que ya no necesita estatinas. Si un exceso no muy grande de colesterol malo o el cálculo de riesgo indica que necesitás estatinas, hablá con tu médico. Quizás el consumo de más alimentos vegetales y menos grasas saturadas animales y grasas trans te permita evitar los fármacos, y en este punto no hay ninguna controversia.


El doctor Joel K. Kahn es profesor de medicina clínica en la Universidad Estatal Wayne, en Detroit, y director de bienestar cardíaco de Michigan Healthcare Professionals.

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Elva Natalia

Me parece bárbaro buscar una solución por medio de la dieta, en lugar de medicación que trae siempre consecuencias desagradables.

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jose luis

muy buena

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Blas agustín

Muy buen informe

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Arturo Alejandro

Buena

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