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A la hora de comer tenga en cuenta estos consejos para hacerlo sanamente.

1. Estragos en la tensión

Si devora bolsas de papas fritas con alegría, tal vez le convenga desterrar ese hábito. El consumo excesivo de sodio no deja nada bueno; pero si además sufre hipertensión, la sal, cuya base es el sodio, puede ser muy peligrosa. El sodio eleva ligeramente la tensión de las personas sanas y produce grandes subidas en los pacientes hipertensos, según una revisión de 185 estudios europeos, canadienses y estadounidenses llevada a cabo en 2017. La hipertensión es el principal detonante de distintos problemas cardiovasculares como infartos, problemas cerebrovasculares y arteriopatía coronaria. 

 2. La comida de muchos restaurantes contiene la cantidad de sal recomendada para todo un día

En un estudio de 2013 publicado en el Canadian Journal of Public Health se analizaron los alimentos de 20 restaurantes convencionales y 65 de comida rápida de Canadá para descubrir que un plato contenía de media 1.455 gramos de sodio. 

3. Una comida en un buen restaurante puede ser más perjudicial que una rápida

Según el mismo estudio, en restaurantes convencionales el 40 por ciento de las opciones del menú aportan al menos 1,5 gramos de sodio (frente al 18 por ciento de las alternativas de cadenas de comida rápida). ¿Lo más salado? Wraps, sándwiches, costillas y pastas con carne o mariscos. 

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4. 5 gramos

El sodio es esencial para la contracción y relajación muscular, la transmisión de impulsos nerviosos y la retención de líquidos, pero con un poco basta para realizar estas funciones. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se recomienda un consumo medio de 5 g. de sal al día (una cucharadita de café al día). Para calcular la cantidad de sal de un alimento se multiplican los gramos de sodio por 2,5. 

5. Reducir la sal podría tener aún más beneficios según sus antecedentes 

Los estudios de 2017 presentaban datos casi exclusivamente para población de raza blanca; las escasas investigaciones con participantes de origen asiático y africano indican que, en su caso, reducir el consumo de sal podría producir mayores descensos en los valores de tensión. Esto tal vez se deba a diferencias genéticas en los mecanismos para procesar la sal. 

6. No hay forma de saber la cantidad de sal de un plato 

En 2016, la provincia de Ontario, en Canadá, obligó incluir listas de calorías en los menús de los restaurantes. Quienes impulsaron la medida solicitaron que también se declararan las cantidades de sodio; no obstante el Ministerio de Salud falló en contra. (Los críticos aseguraron que la decisión buscaba favorecer al sector gastronómico). Hasta ahora, las únicas autoridades en Norteamérica con jurisdicción para exigir que los menús especifiquen las cantidades de sodio son las de Filadelfia y Manhattan, Estados Unidos. En esas ciudades, se resaltan los alimentos cuyo contenido en sodio supera el consumo diario recomendado. 

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7. Las opciones “saludables” a veces son igual de peligrosas 

En ocasiones, hasta los alimentos que parecen nutritivos vienen cargados de sal. Media taza de tomates de lata contiene hasta 400 miligramos de sal. Una taza de cereales de salvado aporta hasta 240 miligramos de sodio. Y en solo 85 gramos de salmón ahumado hay más de 660 miligramos. Para reducirlo, consuma alimentos lo más frescos posible y asegúrese de revisar los datos de las etiquetas. 

8. Puede engordar 

En 2015, científicos de la Universidad Queen Mary de Londres hallaron pruebas que apuntan a un vínculo entre sodio y obesidad. Tras cuantificar las concentraciones de sodio en más de 1.200 voluntarios y analizar su conducta alimenticia durante 4 días, determinaron que aquellos con mayores niveles de sal eran más propensos al sobrepeso aunque su consumo calórico no superara el del grupo con bajos niveles de sal. 

9. Mayor riesgo de cálculos renales 

Aunque las razones no están muy claras, el sodio tiende a pegarse al calcio antes de ser expulsado del cuerpo a través de la orina. El exceso de calcio urinario puede contribuir a la formación de cristales que terminan transformándose en cálculos renales. Según un estudio de 2012 publicado en el Journal of Urology, el riesgo de desarrollarlos fue entre el 11 y el 61 por ciento mayor para las mujeres con dietas ricas en sodio. Según otro estudio, tras reducir su consumo de sal, mujeres y hombres propensos tuvieron descensos en los niveles de calcio urinario.

10. La sal podría perturbar el sueño 

Si se despierta varias veces por la noche para ir al baño, la sal podría ser la culpable. Durante un estudio europeo de 2017, hombres mayores de 60 años lograron disminuir el número de visitas nocturnas al baño de 2,3 a 1,4, de media, tras reducir su consumo de sal en un 25 por ciento. 

11. Probablemente lo consuma sin saberlo  

Dada su sutileza, a veces no percibimos el sabor del sodio. Por ejemplo, un solo croissant contiene 424 miligramos y unos huevos benedictinos, la tremenda cifra de 2.105 miligramos. ¿De dónde sale tanto? Para empezar, de los conservantes. También se utiliza para fermentar pan y evitar que los alimentos pierdan agua. En productos que se venden al peso, a mayor líquido, mayor beneficio. 

12. Eleva el riesgo de insuficiencia cardíaca

Según un estudio finlandés de 2017 con más de 4.600 personas evaluadas durante 12 años, entre aquellas con niveles más elevados de sal en orina, el riesgo de desarrollar insuficiencia cardiaca resultó dos veces mayor que entre aquellos con niveles más bajos. La probabilidad se elevó incluso entre los amantes de la sal sin hipertensión.

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