Una gran idea para no desperdiciar comida Una gran idea para no desperdiciar comida

Desde que Juul puso en marcha Stop Wasting Food en 2008, se estima que Dinamarca ha recortado el volumen de desperdicios de alimentos en más de un tercio.

Al crecer en la Rusia soviética, Selina Juul nunca estuvo exenta de pasar hambre. Hoy dirige un movimiento contra el desperdicio de alimentos.

Octubre de 2019. Selina Juul está sentada en la tercera fila del auditorio en el Palacio de Congresos Tívoli de Copenhague, Dinamarca, donde el exvicepresidente estadounidense Al Gore se sube al sinuoso escenario. Está aquí para hacer una presentación sobre la crisis del cambio climático. Gracias a sus años de campaña medioambiental, Gore es presentado como una “superestrella global del clima”. “Esta es la batalla a vida o muerte de nuestra generación”, proclama. Afirma que solo hay tres cuestiones que debatir: “¿Debemos cambiar? ¿Podemos cambiar? ¿Cambiaremos?”

Para Juul, las palabras de Gore tienen un significado especial. Hace 14 años, su documental una verdad incómoda cambió su vida y le inspiró a tomar su propio camino para intentar cambiar el mundo.

Tuvo la oportunidad de explicarle a Gore que había fundado un movimiento llamado Stop Wasting Food  (Dejemos de Desperdiciar Comida), con un impacto enorme en Dinamarca. La reunión mantenida tuvo difusión en los noticieros vespertinos de la televisión danesa: Juul, originaria de Rusia, es un personaje famoso en su país de adopción.

“Fue un gran honor reunirme con él”, afirma Juul. Esta activista tiene un carácter cálido y empático y prefiere un abrazo a estrechar manos. Habla con pasión y fluidez.

Su ambición es que un día el desperdicio de alimentos sea igual de inaceptable socialmente que fumar dentro de un recinto.

“Cuando veo cómo la gente desperdicia la comida me pongo muy triste”, afirma. “Están malgastando su dinero y los recursos. En la actualidad, casi 1.000 millones de personas de este planeta pasan hambre, y al mismo tiempo disponemos de o se desperdician alimentos suficientes para alimentar a 2.000 millones”.

Juul tiene una imagen llamativa: viste de negro, y es rubia. Mientras habla, mueve los brazos, con los dedos estirados para dar más énfasis a su causa. 

“Si podemos resolver esto, será una de las claves para lograr la paz mundial,” afirma. “Si cada niño, mujer u hombre tiene suficiente para comer, muchos de los conflictos mundiales cesarán.” 

Desde que Juul puso en marcha Stop Wasting Food en 2008, se estima que Dinamarca ha recortado el volumen de desperdicios de alimentos en más de un tercio, gracias en buena parte a la labor de Juul. Es justo afirmar que su causa es su vida, y hoy es simplemente otro día en una de sus típicas semanas frenéticas que ha empezado con un discurso en una escuela en Jutlandia. 

Incluye también unas horas para planificar un viaje al Vaticano, donde la han invitado para dar una conferencia, así como organizar los trámites necesarios para una cena en la embajada sueca en Copenhague, donde suecos influyentes y dirigentes internacionales comerán restos de comida sobrante. Esperemos que encuentren la inspiración para incluir los desperdicios de alimentos en la agenda política.

La cena internacional de Stop Wasting Food se ha convertido en un acontecimiento anual para Juul. El año pasado la organizó en la embajada holandesa, y el próximo en la francesa.

La semana finalizará en la sede de los editores de Juul, donde verá por primera vez una copia de su nuevo libro, Mad Med Respekt (“Comida con Respeto”), en donde aconseja a las familias cómo evitar el desperdicio de alimentos y donde nos ilustra con 80 recetas respetuosas con las sobras, ofrecidas por una variedad de expertos daneses y franceses en alimentos, y por la princesa Marie, nuera de la actual monarca danesa. Todos los colaboradores han ofrecido sus servicios de forma gratuita y un porcentaje de las ventas del libro irá a la organización benéfica DanChurchAid para combatir el hambre infantil en África.

Juul está particularmente emocionada con el apoyo de la princesa. Es una señal de que su campaña contra el desperdicio de alimentos ha calado en la sociedad danesa. “La princesa es una persona muy comprometida y ha puesto todo el corazón en ello,” afirma Juul. “Es una gran embajadora de todo el movimiento contra el desperdicio de alimentos.” 

Con más de 200 proyectos durante la última década, Juul marca la diferencia. Sin embargo, hoy, cuando ya se acerca a los 40 años, nos es algo que se hubiera imaginado antes, mientras trabajaba como diseñadora gráfica.

“Nunca hubiese pensado que estaría haciendo esto hoy”, afirma riendo. “No soy política ni ninguna personalidad culinaria.” 

Las semillas del activismo de Juul se plantaron a una edad muy temprana, cuando era niña en la Rusia soviética. A finales de los 80, la Unión Soviética vivió el ascenso de Mijaíl Gorbachov, la perestroika y el glasnost. La sociedad soviética se hizo más liberal, pero al mismo tiempo el país se enfrentó a una crisis económica. 

Al haberse criado en Moscú, en un pequeño piso junto a sus padres y abuelos, pudo experimentar de primera mano las privaciones de un sistema en declive terminal. 

“El comunismo cayó y de repente no había comida en los supermercados —recuerda—. El chiste de los supermercados rusos es que tú entras y no hay comida. Eso fue lo que ocurrió en la década de los ochenta. Mi abuela era la única que hacía la compra y cuidaba la casa, y la recuerdo diciendo que no deberíamos desperdiciar nada porque no sabíamos si tendríamos comida al día siguiente”.

“Eso asusta. Más de una vez volvió del supermercado sin nada. Hacía de todo para que durase y siguiésemos teniendo comida en la mesa. Es mi mayor heroína porque fue realmente quien me enseñó todo esto.”

Las cosas iban tan mal que las familias rusas empezaron a recibir ayuda alimentaria de Occidente. “Era básicamente basura —ríe Juul—. No conocíamos nada mejor así que pensamos, ‘¡Guau, es comida de Occidente, debe ser muy buena!’ Mi abuela dijo, ‘no debemos desperdiciarla. Es deliciosa.’”

No mucho después, Juul, por entonces de 13 años, se mudó a Copenhague con su madre científica, que había conseguido un trabajo en la universidad (sus padres se habían divorciado). Cuando contó a sus nuevos compañeros de clase la historia de la basura, no se lo podían creer. 

Pero Juul se quedó igualmente atónita con la banalidad con la que sus compañeros de clase desperdiciaban la comida. “Los padres les preparaban la comida en paquetes, que tiraban a la basura antes de dirigirse a McDonald’s,” recuerda.

Cuando Juul visitó por primera vez un supermercado danés, se quedó alucinada con la cantidad de comida que había. Mientras trabajaba en prácticas en una panadería, se quedó impresionada al ver que el pan sobrante de cada día se metía en una bolsa y se tiraba a la basura.

Cuando terminó el colegio, Juul fue a la universidad, donde estudió periodismo y diseño gráfico, y empezó a trabajar como ilustradora freelance en su propia empresa de diseño gráfico. “Después vi Una verdad incómoda,” afirma. “Y vi la luz.”

Julio de 2008. Es la última noche durante las vacaciones en Croacia de Juul y su novio, Jakob, están sentados cenando en la terraza de su hotel en la pintoresca ciudad costera de Sibenik. Han pasado dos años desde que Juul viera Una verdad incómoda y decidiera que tenía que hacer algo para marcar la diferencia. Esa noche la respuesta le llega de repente. ¿Por qué nadie se fija en la cantidad de comida que se desperdicia cada día? La producción de alimentos es la tercera que más emisiones de CO2 genera. 

“Aquella noche, estaba demasiado alterada para dormir,” afirma. Se sienta, toma notas y dibuja rápidamente un logo para el movimiento que está tomando forma en su mente: palabras simples rojas y blancas sobre un cuadrado negro. Al día siguiente, cuando vuelve a Copenhague, lee en un diario que los daneses desperdician una media de 63 kilos de alimentos por persona al año. “Fue una señal,” afirma. 

Crea un grupo de Facebook llamado Stop Wasting Food ese mismo día. Se unen varias personas. Aumenta el interés. En dos semanas, Juul llama la atención de los medios de comunicación daneses y concede entrevistas sobre el desperdicio de alimentos. Y entonces recibe una llamada de Anders Jensen, director de compras y marketing de REMA 1000, la mayor cadena de supermercados de descuento de Dinamarca.

“La escuché en la radio decir que los minoristas tenían una gran responsabilidad —recuerda Jensen—. La llamé y le pregunté: ‘¿qué podemos hacer?’”

Se reunieron en un café de Copenhague y coincidieron en que era de locos que una tercera parte de la producción de alimentos mundial acabara en la basura. Jensen dijo que nunca había sido partidario de los descuentos masivos, como las ofertas de 3 × 2. Le parecía que fomentaban el desperdicio. Juul estaba de acuerdo. REMA 1000 anunció que no ofrecería más descuentos masivos. 

“Todos nuestros competidores dijeron que era una auténtica locura”, afirma Jensen. Dice que sabía que, al menos al inicio, venderían menos “pero cruzamos los dedos y pensamos que a largo plazo acudiría más gente, porque a nadie le gusta tirar la comida. Por suerte hoy, cada vez tenemos más clientes satisfechos. Quizá los márgenes son un poco inferiores, pero vendemos más. Lleva su tiempo que la gente se acostumbre.”

Para Juul esto fue solo el comienzo. Durante los últimos once años, ha demostrado ser una astuta operadora mediática, lanzando campañas, persuadiendo a los supermercados para que vendan “verduras feas”, por ejemplo, promoviendo el uso de bolsas de sobras en los restaurantes, o popularizando el concepto de UFO (Ovni en español) como “Unidentified Frozen Objects” (Objetos Congelados No Identificados). Todo lo que congelamos y luego olvidamos. Juul cree que una vez cada dos meses deberíamos tener la “semana UFO” y comer toda la comida del congelador.

Las cifras demuestran que los países de la Unión Europea desperdician 88 millones de toneladas de comida al año, y durante la última década personas y gobiernos han intentado abordar el problema. Una campaña en Alemania intentó descriminalizar la “búsqueda en la basura” de los supermercados. En Francia, los supermercados están obligados por ley a donar los alimentos sobrantes a organizaciones benéficas y bancos de alimentos. Lo que suena muy bien, pero en la práctica, puede hacer que las organizaciones benéficas se ahoguen en alimentos no deseados afirma Juul.

En casa, Juul pone en práctica sus ideas. Vive con Jakob (llevan juntos más de 18 años) y ambos son pescetarianos. Guardan cualquier sobra en la heladera. Una vez a la semana la sacan y congelan en pequeñas porciones.

Apesar de su fama, Juul mantiene su vida lo más privada posible. Ha rechazado aparecer en la versión danesa de Bailando con las estrellas. “Si quieres ser una líder respetada, tienes que ser seria,” afirma.

Dice que no es extrovertida, a pesar de su aparente carácter. Lleva anteojos de sol por la calle para no ser reconocida y es feliz en casa escribiendo y pintando. “Necesito tiempo sola”. 

No se ha hecho rica con las campañas contra el desperdicio de alimentos. Durante los primeros ocho años, alternaba su trabajo con su labor de activista, trabajando hasta la noche. Últimamente, ha recibido suficiente financiamiento para poder concentrarse en la campaña. Trabaja con Naciones Unidas, la Unión Europea y el gobierno danés, da conferencias, concede entrevistas y asesora a empresas, y en general lo hace de forma gratuita. “Sí, soy famosa en Dinamarca. Sí, todo el mundo quiere que salga en televisión, que esté en todas partes, pero por lo que se refiere al dinero… ”.  Se encoge de hombros.

Está feliz por haber ganado el premio a Europea del Año 2019 de Reader’s Digest. “Me siento increíblemente honrada,” afirma. “Espero poder ser una inspiración para otros.” 

Jensen cree que el premio es más que merecido. “Es una persona muy positiva, muy despierta, muy inspiradora,” afirma. “Nadie hablaba del desperdicio de los alimentos en Dinamarca antes de que llegara Selina. Ha luchado duro, y por fin la gente empieza a escuchar. Todo gracias a su labor.”


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