La asombrosa ciencia de la genialidad instantánea La asombrosa ciencia de la genialidad instantánea

En casos excepcionales, una lesión traumática en la cabeza puede abrir la puerta a un extraordinario talento creativo. ¿Tenemos quizá todos un genio durmiente en nuestro interior? El talento con el piano de Derek Amato es fruto de un grave traumatismo en la cabeza.

Derek Amato estaba de pie en la zona menos profunda de la piscina cuando le pidió a un amigo que estaba en el jacuzzi que le tirara la pelota. Después se lanzó al aire, de cabeza y con los brazos abiertos. Solo rozó la pelota con la punta de los dedos y se sumergió en el agua justo antes de que su cabeza impactara contra el suelo de la piscina. Se impulsó hacia la superficie mientras se tocaba con las manos los lados de la cabeza, convencido de que el líquido que caía por sus mejillas era sangre.

Se desplomó en los brazos de sus amigos Bill Peterson y Rick Sturm. Era 2006 y este profesor en ventas de 39 años estaba de visita en su ciudad natal, en Dakota del Sur. Su madre lo llevó de inmediato a urgencias, donde los médicos advirtieron que se trataba de un traumatismo grave.

Pasaron semanas hasta ver la dimensión del daño: un 35 por ciento de pérdida de audición en un oído, dolor de cabeza y pérdida de memoria. Pero la consecuencia más dramática se hizo visible unos cinco días después del accidente. Derek se despertó, confuso después de dormir de manera prácticamente continua, y se dirigió a casa de Rick. Mientras hablaban, Derek vio un teclado eléctrico.

Sin pensarlo, se levantó de la silla y se sentó delante. Jamás había tocado el piano ni había tenido el más remoto interés por hacerlo. Sus dedos parecían encontrar las teclas instintivamente y, para su completo asombro, se movían de forma ondulante sobre ellas. Su mano derecha comenzaba en los tonos graves y luego subía en cadenas líricas de tríadas, pasaba por intervalos melódicos y arpegios y aterrizaba en las notas altas; luego volvía a comenzar con sonidos graves y lentamente ascendía otra vez. Su mano izquierda seguía de cerca, y de ella brotaban notas bajas y variedades de armonías. Amato aceleraba, luego disminuía la velocidad, dejaba tonos pensativos flotando en el aire y los convertía en deliciosos acordes como si hubiera tocado desde siempre. Cuando levantó la mirada, los ojos de su amigo tenían lágrimas.

Derek tocó durante seis horas, y salió de casa de Rick temprano la mañana siguiente envuelto en una sensación de profundo asombro. Había probado algunos instrumentos en el colegio, hasta había aprendido a tocar decentemente la guitarra. Pero nada como esto. Aunque sabía que no se había transformado de pronto en un virtuoso, había accedido a un depósito de creatividad y habilidad no explotadas con las que nunca había estado en contacto antes. De pronto la música brotaba espontáneamente desde su interior a través de la punta de sus dedos. ¿Cómo era posible?

Días después de su lesión, Derek comenzó a investigar en Internet para encontrar una explicación; buscando palabras como “prodigio” y “traumatismo de cráneo”. Encontró al doctor Darold Treffert, experto en síndrome de savant o síndrome del sabio: una condición a partir de la cual individuos con dificultades mentales demuestran destrezas extraordinarias. Derek envió un correo electrónico y pronto tuvo respuestas. Treffert, ya jubilado de la facultad de Medicina de la Universidad de Wisconsin, le diagnosticó síndrome de savant adquirido.

En los cerca de 90 casos conocidos, personas comunes que habían sufrido traumatismos cerebrales desarrollaron de pronto habilidades nuevas que parecían prácticamente sobrehumanas: genialidad artística, dominio de las matemáticas, memoria fotográfica. Treffert cree que nuestros cerebros vienen con una amplia gama de software “de fábrica”, habilidades latentes que existen pero a las que muchas veces no tenemos acceso. La naturaleza exacta de las destrezas emergentes en los individuos que experimentan este síndrome depende de la ubicación exacta de la lesión. Eso explica la inmensa variación que existe, tanto en el rango de habilidades detectadas en diferentes personas como en sus manifestaciones.

En el caso de Jason Padgett, vendedor de sillones de Washington, la lesión que sufrió en la cabeza abrió paso a capacidades matemáticas poco comunes. Jason sufrió un traumatismo grave después de que dos hombres lo atacaran en la puerta de un karaoke en 2002. Cuando despertó, veía patrones pixelados por todos lados, en el agua que descendía en forma de embudo por el drenaje, en la luz del sol que se filtraba a través de las hojas de los árboles. En sus años de adolescencia, Padgett levantaba pesas, se pasaba el día de fiesta en fiesta, siempre copiaba en los exámenes de matemáticas y mostraba poco interés por la vida académica. Pero tras el accidente, comenzó a esbozar intrincadas ilustraciones geométricas que intentaban capturar lo que veía. Jason no comprendía su significado hasta que un día un físico observó uno de sus bocetos. Advirtió que se trataba de representaciones visuales extremadamente sofisticadas de relaciones matemáticas complejas y le insistió a Jason que diera clases de matemáticas. Hoy, es una de las pocas personas capaces de dibujar fractales.

Al poco tiempo de recibir el impacto de una pelota de béisbol en el lado izquierdo de su cabeza cuando tenía diez años, Orlando Serrell descubrió que podía recordar con precisión qué estaba haciendo y cuáles eran las condiciones meteorológicas cualquier día del año.

Cuando era pequeño, Alonzo Clemons sufrió un grave traumatismo cerebral tras una tremenda caída. Más tarde desarrolló una extraordinaria habilidad: tras ver solo un momento un animal en televisión, podía esculpir un modelo en 3D con rigurosa precisión. El realismo de sus esculturas animales le ha valido un amplio reconocimiento mundial.

Muchos de estos genios con síndrome savant adquirido también sufren síntomas negativos. Clemons nunca se recuperó del accidente. Hoy afronta trastornos de desarrollo y su nivel de CI se encuentra en el rango 40-50. Jason desarrolló síntomas de trastorno obsesivo compulsivo: se lavaba las manos 20 veces por hora. Aun así, estos individuos hablan de sus nuevas habilidades con asombro.

¿Cómo puede ser que un golpe en la cabeza pueda repentinamente liberar a la musa? ¿Y qué significa todo esto para el resto de nosotros?

El doctor BRUCE Miller, codirector del Centro de Memoria y Envejecimiento de la Universidad de California, San Francisco, trata personas mayores con Alzheimer y otras formas de demencia. Un día, a mediados de los 90, Miller habló con el hijo de un paciente que afirmaba que su padre había desarrollado una fijación por la pintura. Lo que era aún más extraño, es que a medida que los síntomas de su padre empeoraban, sus pinturas se volvían cada vez mejores. Miller se mostraba algo escéptico hasta que el joven le mandó algunas muestras. Las obras, recuerda Miller, eran brillantes.

“El uso del color era impresionante”, recuerda. “Estaba obsesionado con el amarillo y el violeta”. Al poco tiempo, este paciente, un empresario inteligente y perspicaz sin intereses artísticos previos, había perdido el control social: se había vuelto repetitivo verbalmente, se desnudaba en público, insultaba a desconocidos y robaba. Pero, simultáneamente, recibía premios en exposiciones de arte locales.

En el año 2000, Miller había identificado a otros 12 pacientes que manifestaban talentos nuevos e inesperados mientras la degeneración neurológica que sufrían avanzaba. A medida que la demencia destruía las regiones del cerebro vinculadas al lenguaje, el control y los códigos sociales, surgían habilidades artísticas.

Aunque estos síntomas desafiaban las nociones convencionales sobre trastornos cerebrales en personas mayores, Miller advirtió que se trataba de señales compatibles con síndrome de savant. Las personas con este síndrome suelen tener cierta compulsión por desarrollar un talento especial y registran déficits en conductas sociales y lenguaje, defectos presentes en pacientes con demencia. Miller se preguntaba si tendría también similitudes neurológicas.

Analizó el escaneo cerebral de un niño autista savant de cinco años capaz de reproducir escenas enrevesadas de memoria. El estudio mostraba inactividad anormal en los lóbulos temporales anteriores del hemisferio izquierdo, exactamente los mismos resultados que había encontrado en sus pacientes con demencia. Los estudios sugieren que partes del lóbulo temporal anterior se asocian con la lógica, la comunicación verbal, la comprensión y, tal vez, el criterio social.

Los científicos atribuyen la evolución en las habilidades artísticas a práctica, práctica y más práctica. Pero tras su investigación, Miller aseguró que estas habilidades prodigio emergen en pacientes con demencia debido a que el área destrozada por la enfermedad, el lóbulo temporal anterior, en realidad inhibía habilidades artísticas latentes. No surgen como resultado de haber adquirido una nueva cuota de inteligencia; aparecen porque, por primera vez, las áreas del cerebro asociadas con el flujo libre de ideas pueden operar sin limitaciones. 

En los cerebros de pacientes con demencia y en algunos autistas savant, según Miller, la falta de inhibición en las áreas asociadas con la creatividad conducía al entusiasmo por la expresión artística y a una necesidad casi compulsiva de crear. 

Las semanas después del accidente de Derek, su mente avanzaba a toda velocidad y sus dedos marcaban el ritmo de ciertos patrones. Se compró un teclado. Solo cuando lograba sentarse y tocar sentía una profunda calma. Solía encerrarse, a veces durante tres días, solo él y el teclado y exploraba su nuevo talento. 

También sufrió otros síntomas, muchos de ellos negativos. Veía cuadros blancos y negros. Tenía jaquecas frecuentes, a veces hasta cinco al día. Sentía su cabeza latir, y la luz y el ruido le provocaban un dolor atroz. Un día se desplomó en el baño de casa de su hermano. Otro, casi se desmaya haciendo las compras.

Aun así, sus sentimientos eran ambiguos. Estaba seguro de que había recibido un don. Sentía que era lo que estaba destinado a hacer. 

Pocas PERSONAS han estudiado el síndrome de savant adquirido con más interés que Allan Snyder, neurocientífico de la Universidad de Sídney, en Australia. En 2012, como parte de su investigación, Snyder y sus colegas entregaron a 28 voluntarios un rompecabezas geométrico que había dejado sin respuestas a distintos sujetos durante más de 50 años. El desafío: conectar nueve puntos, dispuestos en tres filas de tres, usando cuatro líneas rectas sin volver a pasar sobre una línea y sin levantar el lápiz. Ninguno pudo resolver el problema. Luego Snyder y sus colegas conectaron electrodos en las cabezas de los individuos y aplicaron corrientes eléctricas directas e indoloras para inmovilizar temporalmente el lóbulo temporal anterior izquierdo, el área del cerebro que se destruye por la demencia en pacientes con síndrome de savant adquirido de Miller. Luego estimularon áreas en el lóbulo temporal anterior derecho, con el fin de aumentar las probabilidades de que las neuronas más activas en los pacientes con demencia, asociadas con la creatividad, se pusieran en marcha. 

Esta vez, más del 40 por ciento de los participantes resolvieron el problema. El experimento, asegura Sny-
der, respalda la teoría de que los individuos con síndrome de savant adquirido florecen cuando las áreas del cerebro normalmente bajo control se liberan y funcionan sin restricciones, lo que significa que los savant pueden acceder a información sensorial cruda que normalmente se encuentra fuera del alcance de la mente consciente. Cuando un individuo que no es músico escucha música, percibe la imagen completa: melodías. Derek, según Snyder, escucha notas individuales. Es la diferencia entre escuchar una sinfonía y ser capaz de identificar el sonido de la flauta. Los pacientes con demencia poseen habilidades artísticas porque dibujan lo que ven: detalles y no solo trazos gruesos.

El psicólogo y neurocientífico Jon Kaas, de la Universidad de Vanderbilt, asegura que nuestra tendencia a “ver la imagen completa”, a observar un grupo de árboles y ver un bosque, tiene sentido en términos evolutivos. Si nos quedáramos en los detalles y no en el panorama general, podríamos distraernos con consecuencias peligrosas. Podríamos quedar obnubilados, por ejemplo, por los ojos brillantes o la intrincada maraña de pelo sobre la cabeza del enorme animal que se acerca, en lugar de advertir que se trata de un león que podría atacarnos y que deberíamos correr.

“Si te encuentras en un entorno peligroso, es importante estar atento a los cambios que se producen”, afirma Kaas. “Puede resultar arriesgado distraerse o perderse en los detalles”.

Aunque AÚN se está haciendo un nombre en el mundo de la música, Derek ha lanzado un álbum, que grabó con un famoso guitarrista, y le han pedido que componga la música de un documental japonés. Es un símbolo inspirador de las enormes posibilidades para los amantes de la música que sueñan a lo grande. Los expertos se han mostrado entusiastas en descifrar el fenómeno del síndrome de savant adquirido a fin de que, algún día, todos podamos acceder al potencial humano sin explotar de nuestro interior.

Derek aceptó tocar para mí. Cuando se sentó ante el piano, se relajó. Cerró los ojos y comenzó. La música que brotaba ascendía y descendía de las teclas. Parecía atípica para un hombre que vestía más como miembro de una banda de heavy metal de los 80s.

Aun así, parecía que Derek había encontrado un lugar en su interior al que nunca había accedido antes. En su interpretación, había expresión, melodía y un innegable talento. Si pudo surgir espontáneamente en él, ¿quién sabe qué tipo de potenciales pueden estar latentes en el resto de nosotros? 

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