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Algunas recomendaciones sobre 
qué palabras usar y cómo decirlas 
a alguien que ha perdido a un ser querido.

Después del suicidio de un adolescente de mi barrio, me senté a escribir un mensaje de pésame para sus padres. Busqué una tarjeta y me quedé inmóvil frente a la hoja en blanco durante las siguientes dos horas. No se me ocurría absolutamente nada que decir.

Dar las condolencias por escrito era una costumbre elemental de la alta sociedad antigua. “Una nota de pésame puede resultar algo brusca, estar mal redactada o tener errores gramaticales, pero eso no importa”, recomendaba la edición de 1960 de la guía de Emily Post sobre etiqueta y modales. “Expresarse con estilo no tienen ninguna relevancia; la sinceridad es lo único que cuenta”.

Pero hoy, en la era de Facebook y WhatsApp, las reglas para dar el pésame se han convertido, en el mejor de los casos, en algo confuso o directamente oculto tras una embestida de emojis. “Siento lo de tu madre. Cara triste, cara triste, cara llorando, corazón, corazón, unicornio”.

Estos consejos lo ayudarán a dominar el arte perdido de dar el pésame (o, al menos, a no sentirse humillado en el intento).


1. Está bien no saber qué decir. Cuando pedí consejos a amigos en las redes sociales, la respuesta más arrolladora que obtuve fue que era perfectamente aceptable admitir que no sabemos qué decir. Un religioso dijo: “Admitir que no es posible encontrar las palabras es mucho más auténtico y útil que escribir frases lacónicas como ‘ahora está en un lugar mejor’ o ‘tu hijo era tan perfecto que Dios lo quería a su lado’”.

El marido de 43 años de Chanel Reynolds perdió la vida en un accidente de bicicleta hace diez años y ella se quedó sola con su hijo de cinco años. Su consejo: “Cuando sientas la necesidad desesperada de hablar impulsado por el pánico y llenar el silencio con clichés, no lo hagas”.

Identificó dos expresiones que resultaban particularmente irritantes. La primera era: “Al menos murió haciendo lo que le gustaba”.

“Ser atropellado por una furgoneta no era lo que le gustaba”, dijo Reynolds. “Era montar en bicicleta”.

La otra expresión: “Al menos no estuviste casados tanto, sino hoy te resultaría mucho más difícil vivir sin él”.

“Gracias a Dios solo estuvimos casa-
dos nueve años”, dijo con ironía. “Me salvé por un pelo, qué afortunada”.


2. Compartir un recuerdo positivo. En lugar de recurrir a una frase trillada, es preferible compartir un recuerdo cariñoso o inspirador de la persona fallecida.

Kevin Young, poeta y profesor de escritura creativa de la Universidad de Emory, Estados Unidos, comentó que cuando falleció su padre, las notas de pésame más conmovedoras que había recibido eran las de desconocidos que compartían recuerdos sobre él. 

“Fue importante para mí porque me di cuenta del lugar que mi padre ocupaba en el mundo”, dijo. “Comprendes que esa persona produjo un impacto más allá de ti. Eso fue reconfortante para mí”


3. No comparar. Evitar la tentación de decir que sabemos por lo que está pasando el otro. Todos experimentamos el dolor de maneras diferentes. Mientras que alguien puede haberse sentido completamente abrumado ante la pérdida de un ser querido, el destinatario del mensaje de pésame puede haber canalizado su dolor en el trabajo o en el orden de su casa.

“No se trata de uno”, afirma Reynolds. “Oí decir: ‘Estaba en casa de mi amigo y alguien dijo no pude dormir en toda la noche, lloré tanto… ¿En serio? Porque yo estoy más triste aún”.

Una mejor manera de abordar la situación, dijo, es ser neutral. “Por supuesto que podemos expresar nuestra tristeza y dolor, pero no debemos incluirnos en la conversación”.


4. No evitar las palabras relacionadas con la muerte. Nos hemos vuelto muy temerosos de llamar a la muerte por su nombre. Los seres queridos ya no “mueren”; “se van” o “descansan en paz”.

“Todos esos eufemismos me dan escalofríos”, sentenció un amigo.

En una web de orientación para la policía, se recomienda a quienes deben informar de un fallecimiento que utilicen “un lenguaje simple y directo”. Seguir esas directrices parece ser lo más adecuado en estos casos.

“No debemos tener miedo de usar palabras como muerto, morir, muerte. Términos como ‘expirar’, ‘pasar a mejor vida’ o ‘dejar este mundo’ son ideas que expresan negación”.


5. Ser realista. Quienes están en  duelo escuchan tantas frases vacías que un poco de conversación sincera puede darles un alivio.

La escritora gastronómica y editora Jane Lear colecciona libros de etiqueta. El modelo marcado por Millicent Fenwick en Libro de etiqueta de Vogue, publicado en 1948, dice, en primer lugar, una expresión de pésame (“Lo siento muchísimo…”). Luego, unas palabras sobre la persona fallecida. Finalmente, un mensaje de consuelo.

“Todo esto suena perfecto”, dijo, “pero creo que mi nota favorita tras la muerte de mi hermano fue una de un amigo cercano. ‘Querida Jane’, escribió. ‘ESTO ES REALMENTE UNA PORQUERÍA’”.


6. Facebook no es suficiente. Hoy mucha gente se entera de la muerte de un familiar de un amigo a través de las redes sociales. 

El instinto que nos empuja a querer publicar un comentario o salir corriendo a escribir un correo electrónico es entendible. 

Pero todas las personas con las que he hablado coincidieron en un punto: gestos sinceros como estos no reemplazan un mensaje de pésame.

En la web actual de las recomendaciones de Emily Post se indica que comentar en foros públicos o enviar un correo electrónico es un primer gesto aceptable, siempre que luego esté acompañado por “una nota escrita a mano y, cuando sea posible, presencia en el funeral o visita posterior”.


7. No hay límite de tiempo para dar el pésame. No es necesario escribir inmediatamente. Muchas veces las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido se encuentran completamente abrumadas durante los primero momentos, y varios dijeron que valoran especialmente las tarjetas y cartas que llegan semanas y hasta meses después.

Un amigo me dijo: “Yo, particularmente, evité hacer cualquier cosa inmediatamente después de lo sucedido y, casi un mes después, cuando todos habían vuelto a sus vidas y la persona debía enfrentarse sola a la nueva realidad, ofrecí quedar a pasear, a comer, a tomar un café o a cenar”.

Reynolds dijo: “Incluso tres o cuatro meses después, ponerse en contacto con la persona que ha sufrido una pérdida puede ayudar. Una buena idea es enviar mensajes en la fecha de cumpleaños del fallecido, en el día de aniversario de boda o en alguna otra fecha significativa”.

Quienes aún se sientan intimidados por la presión de encontrar las palabras correctas, existen otras alternativas: sacar a pasear a la mascota del fallecido, ayudar con un trámite o una compra, hacerle alguna comida, ofrecerse para ir a buscar a un familiar al aeropuerto.

O recurrir a lo que se ha hecho siempre: llevar comida. Hablando desde su propia experiencia, Young afirmó: “Unos dulces son perfectos. Es necesario comer"



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