A punto de entrar en la jubilación, enfermera argentina, decide servir en la pandemia por COVID-19 A punto de entrar en la jubilación, enfermera argentina, decide servir en la pandemia por COVID-19

El coronavirus lo cambió todo. Marisa Espíndola decidió seguir en su puesto de enfermería cuando confirmaron el primer caso de Covid-19.   

Después de 35 años, faltaban apenas ocho días. Marisa Espíndola había comenzado a trabajar como enfermera en el Hospital San Martín de Paraná, Entre Ríos, a los 19 años y ahora, a los 53, saboreaba su jubilación.

La noche del 12 de marzo, cuando atendió el teléfono, sus planes comenzaron a cambiar.

En aquel hospital, el más importante de Entre Ríos, Marisa había abrazado su profesión. Oriunda de La Paz, se había mudado a la capital provincial a los 16 para estudiar Profesorado de Matemática, Física, Química y Astrología, pero por poco no aprobó el ingreso.

Un día antes de volver a su ciudad, pasó por la Escuela Profesional de Enfermería. “No sé por qué entré”, recuerda. Era el último día de inscripción: pensó que cursaría un año y al siguiente intentaría otra vez con el profesorado. Pero a los pocos meses, al iniciar las prácticas en el San Martín, sintió que la enfermería era lo suyo.

Allí pasó por la terapia intensiva, traumatología y ortopedia. Mientras tanto, completó su formación como licenciada y trabajó como docente. En 2006 se convirtió en jefa de Enfermería del hospital.

Desde ese rol, el 10 de marzo de este año, dos días antes de la llamada que cambiaría sus planes, había comenzado a diagramar con su equipo cómo enfrentarse a la pandemia que, estimaban, golpearía la zona en abril. Para entonces, ella no estaría: en febrero había salido su jubilación y el 20 de marzo sería su último día. Su sucesora ya estaba designada.

Habían elegido a los enfermeros que capacitarían para atender casos de coronavirus y habían designado un lugar específico dentro del hospital para tratarlos. Pero los plazos se aceleraron.

“Sentí la convicción de quedarme y ayudar”, recuerda Marisa sobre ese 12 de marzo, cuando la llamaron del hospital. Habían recibido un paciente proveniente del exterior, el primer caso sospechoso de Covid-19 (días después, sería el primer caso confirmado de la provincia).

Georgina, una enfermera de 26 años, entraba de guardia a las 22 y recién al día siguiente le contarían que debía capacitarse para atender casos de Covid-19. Marisa le avisó por WhatsApp que en los próximos minutos debería tratar al paciente que se creía que tenía el virus. 


Cuando abrió la aplicación, Marisa contempló por unos instantes la foto de perfil que Georgina tenía con su hija y pensó: “¡Qué responsabilidad tener a una madre en la línea de acción!”. Esa noche acompañó la guardia desde el teléfono y, claro, no durmió. 

“Ella estaba sola, uno a uno, con el paciente. Esa noche me tocó emocionalmente”, admite.

Hoy, el paciente se cuenta entre los recuperados. La vida de Marisa, no obstante, aún gira en torno al hospital. “No era el momento”, justifica. 

Así, su jornada de 7 a 15 se extendió hasta 12 horas diarias y 7 días a la semana. Al volver a casa, donde vive con su esposo (lleva 34 años de matrimonio) y dos de sus tres hijos, hace una escala en un espacio de aislamiento para disminuir el riesgo de contagio. “Todos tenemos algo de miedo”, admite. Su jubilación esperará, al menos, hasta que pase el invierno.


El 12 de mayo es el Día Mundial de la Enfermería: es el aniversario del nacimiento de Florence Nightingale. Y la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró a 2020 como el Año del personal de Enfermería y Partería.

En la Argentina, los enfermeros escasean: en 2018, según un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) había 4,24 por cada 10 mil habitantes, cuando la OMS señala que se necesitan 23.

“Se ha invertido mucho en formación en los últimos años. Pero muchos enfermeros que se forman luego no son empleados”, analiza Espíndola sobre la situación. “Tengo muchos alumnos que luego se van del país porque encuentran afuera mejores condiciones laborales”, explica a partir de su experiencia como docente en la Universidad Autónoma de Entre Ríos.

¿Podría haberse enfrentado mejor la pandemia con más enfermeros? 

Marisa es cautelosa: “Trabajar en esta situación depende de tres patas: se necesitan recursos humanos, pero también hay que formarlos y tener los insumos necesarios”. Pero advierte: “Hay muchos enfermeros que, por necesidad, trabajan en un hospital y también en un geriátrico y esto aumenta mucho el riesgo de contagio”.

Como jefa de Enfermería, Marisa es la responsable de 400 personas, entre enfermeros, enfermeras y otros empleados del sector. “Mi trabajo es hacer de nexo entre el enfermero operativo y aquello que necesita para atender al paciente”, explica. 

Estas últimas semanas, su labor debió adaptarse a nuevas realidades. Desde aquel primer caso, unos 300 casos sospechosos pasaron por la institución. 

“Teníamos que ajustarnos antes de que fueran 100 los casos”, cuenta Marisa. El hospital San Martín posee una guardia exclusiva para pacientes con Covid-19. “Hubo que reformular los espacios físicos, adaptarlos para tener en aislamiento a los pacientes, planificar la cantidad de insumos y las tecnologías necesarias y capacitar al personal”, sintetiza.

Además, ciertos aspectos del trabajo cambiaron. La rutina habitual del enfermero comienza con el pase de guardia y un informe de cómo evoluciona al paciente y qué cuidados o tratamientos deben darle. Pero, también, en pacientes con Covid-19 se revaloriza el social: “Acá el aislamiento es total, el enfermero es su único contacto, tanto para cuidarlo como para contenerlo emocionalmente”, explica Marisa.

A su vez, “hoy pasa algo inusual: el enfermero debe pensar primero en protegerse antes que en asistir al paciente”.  Marisa sabe que es parte de una responsabilidad suprema: “Hoy somos el equipo que la sociedad necesita para cuidarlos”. 


Tomado de redaccion.com.ar (12-05-2020).

Intervención: Pablo Domrose

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HORTENSIA ISABEL

Excelente colega ..fue mi supervisora..orgullosa haber transitado esta carrera con ella

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