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Bitácora del viaje a una de las zonas más devastadas por el sismo y el tsunami que afectaron a Chile, en febrero pasado.

Paola Ortega es periodista, propietaria de una oficina de relaciones institucionales en Santiago, Chile, donde vive. Impactada por el terremoto y el tsunami que destruyeron la costa central de Chile, y acudiendo a un llamado de auxilio generado desde la popular red social Facebook, decidió personalmente ayudar a los sobrevivientes. Ella, como no pocos chilenos, actuó solidariamente —y por cuenta propia— al advertir la magnitud inesperada del sismo que asoló a su país, el 27 de febrero pasado.

Guiada por un temple poco común, improvisó con un grupo de amigas un “equipo de rescate” que viajó a la zona de destrucción. Allí permaneció por varios días hasta que se agotaron sus recursos, y la ayuda gubernamental comenzó a llegar en forma masiva y estable.

Aquí la bitácora de su aventura.

Sábado 27 de febrero de 2010

3:34 horas. Un ruido espeluznante y bruscos movimientos sacuden mi cama, en mi departamento del cuarto piso del edificio de Bustos con Los Leones, en Providencia, y todo lo que hay alrededor.

A los dos minutos el movimiento sigue y con más intensidad. Asustadísima bajo desde el cuarto piso por las escaleras tambaleantes. El hall exterior de mi edificio, cubierto de una nube de polvo blanca, empieza a recibir a todos mis vecinos que llegan en pijamas y con el rostro también blanco, junto a los niños que lloran.

3:40 Una de las pocas radios que transmite en Santiago indica que un terremoto azotó a cinco regiones de Chile (Región Metropolitana, V, VI, VII y VIII región),  donde vive casi el 70 por ciento del país. El epicentro fue en Cobquecura, localidad asentada junto a la costa del océano Pacífico a 500 kilómetros de Santiago. El sismo alcanzó los 8,8 grados en la escala de Richter, según USGS (United States Geological Survey). El sismo mayor duró 3 minutos según la misma fuente y se registraron 11 réplicas en las tres horas siguientes.

6:00 Escucho por radio que el subsecretario del Interior de Chile, Patricio Rosende, afirma que “se ha descartado absolutamente todo riesgo de tsunami en las costas chilenas”.

6:20 Me entero por radio también que la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, enfatiza en que no hay riesgo de tsunami. Oleaje sí, según lo que había informado la Armada. Asimismo, reconoce que no tiene contacto con el sur de Chile.
 
12:00
La “Ale”, mi eterna amiga de la universidad, me avisa por teléfono (con una voz rara, como atorada y enmudecida a la vez) que “la hermana de la Maite, una amiga en común, ¡la hermana de la Maite!, murió en la isla de Juan Fernández. Hubo un tsunami y se la llevó el mar”.
 
12:10 Otra amiga me confirma por teléfono la horrible noticia. Automáticamente llegan a mi cabeza imágenes de la noche anterior. Maite había hablado por teléfono con su hermana Poli desde mi casa, incluso me mostró los medicamentos para la sinusitis que al otro día le mandaría a la isla. “Es que mi hermanita tiene sinusitis y se le acabaron sus medicamentos, sabes que la quiero como una hija, yo casi la crié”, me había dicho.

18:00 El Gobierno admite  que hubo un error de información y que un tsunami no alertado se cobró la vida de muchos, entre ellos la de Poli (Paula Ayerdi, bióloga marina, de 28 años). El sismo ocurrió a 325 kilómetros al suroeste de Santiago y a una profundidad de 35 kilómetros, según lo informó el Centro Geológico de los Estados Unidos.

Domingo 28 de febrero de 2010

10:00 horas. Llega la electricidad y la televisión muestra en vivo los estragos del terremoto y del maremoto. Informan de más de 300 muertos y centenares de desaparecidos.

11:00 Mónica, otra amiga, envía un mensaje a través de su perfil de Facebook: “¡Ayudemos a niños aislados en una zona costera de la VII región! Necesitamos comida, agua, pañales, ropa y camionetas para llegar allí. Partimos el lunes”.
 
11:10 A los diez minutos la llamo y me cuenta que una asistente social está realizando esta campaña, y que le pidieron ayuda por radio de forma urgente.  Impactada por la muerte de Poli y por las dantescas imágenes de la catástrofe, me uno a este grupo donde conozco sólo a una de las integrantes. Parto a preparar mi camioneta.

20:00 Misa en Memoria de Poli Ayerdi en la Iglesia Los Castaños de Vitacura, Santiago.

Lunes 1º de marzo de 2010

8:00 horas. Muchas de las estaciones de servicio están cerradas, aún sin electricidad, colapsadas de autos que esperan su turno y otras sencillamente ofrecen sólo petróleo. Ya no tienen combustible.
 
9:00 Decidimos ir a una estación periférica. Tras convencer a su administrador para que llene nuestros tanques y que además nos venda combustible en bidones, podemos partir rumbo al sur, donde hay nula posibilidad de conseguir nafta.
 
9:50 Nos encontramos con la primera pasarela en el suelo sobre la autopista. Está quebrada en dos partes como si fuera una maqueta de película hollywoodense. Nos desvían. Pasamos por un camino de tierra y a pocos kilómetros retomamos la ruta que se transforma en un zigzag, entre grietas, asfalto levantado y hoyos gigantes.

10:20 Los peajes están liberados, cruzamos sin problemas por cabinas fantasmas. Por la ruta de regreso al norte, opuesta a la nuestra, se ve una fila interminable de vehículos rumbo a Santiago. Más de 15 kilómetros de congestión, muchos escapando de zonas cercanas al epicentro.
 
12:55 Llegamos a Curicó, capital provincial ubicada a 189 kilómetros al sur de Santiago. Pasamos por parte del casco histórico. Está prácticamente en el suelo y uno de sus edificios insignes, el del diario La Prensa, de aproximadamente cien años de construcción, está desplomado sobre la camioneta del mismo diario.  Seguimos rumbo a la comuna de Sagrada Familia, a 22 kilómetros de Curicó.
 
13:30
En Sagrada Familia observamos atónitos su imponente iglesia, ubicada en plena plaza de armas, símbolo de la comuna desde la fundación de la ciudad: quedó transformada en escombros. Lugareños nos cuentan que un equipo de especialistas de Valparaíso, Rancagua y Santiago llegarán pronto para iniciar el trabajo de rescate, pues existen posibilidades que al momento del terremoto hubieran  personas pernoctando en la entrada de la iglesia.

Con un silencio que conmueve, observamos cómo algunos voluntarios intentan remover escombros. Ellos mismos nos indican que el hogar de niños que buscamos se encuentra en un pueblo cercano llamado Hualañé y que los niños ya fueron rescatados. Sin embargo, el resto de la localidad sigue ahí sin ayuda.
 
14:10 Camino a Hualañé divisamos un caserío rural devastado. En las veredas de tierra y en el interior de cada casa campestre, vemos carpas o frazadas que simulan un techo.
 
No hay autoridad local presente. Nos contactamos con la presidenta de una de las juntas de vecinos y de inmediato nos hace pasar a lo que queda de su casa, como si nos estuviera esperando. Nos cuenta que necesitan comida y ayuda de todo tipo para reconstruir sus casas y sus vidas. Son sesenta las familias afectadas.

14:30 Tras descargar víveres que la propia asistente social recibió como colaboraciones, más nuestros aportes personales, organizamos una improvisada distribución masiva en un patio. Los damnificados hacen una fila y nos indican el número de integrantes y la composición de su familia. De acuerdo con eso entregamos una canasta lo más adecuada posible. El agradecimiento es infinito. Nos cuentan que no han sido visitados, ni catastrados aún y sólo los han ayudado enviando camiones de agua.

15:55 Retornamos a Sagrada Familia y desde ahí, con los dos vehículos en los que viajábamos, nos dirigimos a la costa curicana, uno de los lugares más azotados por el terremoto,  al cual se sumó un maremoto de proporciones. Nos indican que el camino está cortado, pero continuamos igual. Nuestro destino es Licantén e Iloca, balnearios con más de un siglo de actividad, las playas más conocidas y populares de  la costa curicana de la VII región de Chile.

Al arribar nos enteramos que, aproximadamente, unas 1.500 personas perdieron su hogar con la destrucción de este poblado que en verano recibe hasta 15 mil personas, muchas aún de vacaciones en el lugar.
 
Entre ellas está Angelina Barros a quien encontramos como paralizada, sentada sobre unos escombros a la orilla de la única ruta a Iloca, observando lo que fuera su casa de veraneo.
 
“Fue impresionante y aterrador, si no fuera por los carabineros todos estaríamos muertos. Afortunadamente, no esperaron instrucciones y pasaron de inmediato alertando por altavoz —luego del terremoto— sobre la posibilidad de marejadas, por lo que la gente comenzó a abandonar sus hogares buscando el lugar más alto de la zona, en la punta del cerro que se encuentra a sus espaldas, donde hasta el día de hoy duermen en campamentos”, cuenta.

El mar devastó este poblado. El 90 por ciento de las casas está en el suelo, los autos chocados y dados  vuelta fueron arrastrados por una marejada que arrasó con todo, según nos relató la testigo de la fuerza de la naturaleza, que agradece estar a salvo y con vida.
 
16:50 Llegamos al centro de Iloca, donde hay vallas que impiden seguir transitando. De lejos vemos una rueda de la fortuna de los juegos de entretenimiento del lugar, que fue trasladada casi 200 metros por el mar hasta dejarla en el medio de la avenida costera del pueblo.
 
Al caminar por el destruido parque de diversiones “Florida” encontramos a su dueño José Arellano, quien nos cuenta que se quedó sin nada. “Se fue el trabajo de cuarenta años de mi vida. El mar se lo llevo todo”.
 
Son aproximadamente unos 35 millones de pesos (66.500 dólares estadounidenses ) en pérdidas materiales; y por fortuna ninguna humana. Aunque 17 personas se quedaron sin trabajo y con pocas posibilidades de retomar, ya que rehacer el parque significa obtener préstamos, y los bancos no confían en servicios de este tipo.
 
Junto a él está Fernando Monsalves, dueño del circo Las Montinis, que también se encuentra de manos cruzadas. “Alcanzamos a escapar con lo puesto y salvar los monos y otros animales que se podían transportar fácilmente”. Asegura que lo importante es que finalmente todos los animales están a salvo y los leones serán llevados temporalmente a diversos zoológicos a lo largo de Chile.

17:50 Una cuadra más allá están los voluntarios de la Cruz Roja a quienes les entregamos todos los víveres restantes que teníamos. Ellos nos alcanzan unas mascarillas blancas y nos dicen: “El Sol hizo lo suyo; hay muchos peces y animales muertos en el sector, por lo que hay mal olor. Los virus e infecciones son ahora otro problema”.

18:00 A nuestro lado pasa un niño con su perro. Corre buscando algo entre los escombros.

“Busco mis autitos”, nos dice sin dejar de mirar el suelo. Es el nieto del matrimonio compuesto por Gloria Valenzuela (48 años) y Alberto Farías (65 años), que sigue recorriendo lo que quedó de su casa ubicada a dos cuadras de la playa.
 
Con lágrimas en los ojos Gloria nos cuenta que su hija más pequeña, de cinco años, le preguntó ¿qué vamos a hacer mamá?  Y no supo qué responder. “Hace 30 años que vivimos acá. De a poco pudimos comprar este terreno y construir. Mi hija mayor junto a su marido se hizo una casa junto a la mía y las dos están inhabitables, con daños graves. Lo perdimos todo, estamos con lo puesto y tratando de buscar algunas cosas que quedaron acá como fotos, recuerdos…”.
 
Esperan que el gobierno los ayude a construir una media agua, para tener un techo donde vivir, por que ahora siguen acampando en el cerro por miedo a las réplicas.
 
19:10
Empieza a atardecer y los carabineros junto a la Cruz Roja llegan a inspeccionar el lugar; piden que la gente no se quede ahí.
 
Junto a Gloria y su familia nos subimos a la camioneta rumbo al cerro que le salvó la vida a todo un pueblo, tendremos que acampar para mañana apoyar, en lo posible, a la gente de este lugar devastado.

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marta

Muy emocionante. Excelente crónica!!

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sebastian

otro ejemplo de vida

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Nancy Shirley

Si, otro ejemplo de vida, Dios quiera que podamos ayudar a personas asi como esta chica supo como ayudar sin mirar aquien. Muy buena nota!!, me hace pensar cuanta ropa tengo que me queda chica, cuanta comida aveces compro, y luego la termino tirando. Porque no ayudar a las personas que aveces es

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ROSA

Que hermoso ejemplo, eso es tener buen corazòn y a su vez una pequeña independencia economica! muchos imagino que querrian haber echo lo mismo, pero dependemos de un trabajo, tenes una familia, hijos que alimentar y enviar al colegio.- Asi que gracias a ella y demas personas que dejan sus habituales

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Cristian

Excelente nota

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Rodrigo Gastón

¡¡¡ QUE EJEMPLO!!!!! a veces nos quejamos de pequeñeces y no vemos la importancia que es tener vida, no bienes materiales que en estos caso de nada sirve, un don preciado es la solidaridad de personas ( también con sus dramas) que no escatimarosn esfuerzos para ayudar a los mas necesitados Dios los

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Jorge

Muy buena nota. Conmueve la inmediatez de relato así, en bitácora.

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ruben

OTRA MUESTRA DE FE Y ESFUERZO ENTA LAS ADVERSIDADES

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norma

exelente nota!!!!

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verónica gabriela

es tan lamentable todos los desastre que estan ocurriendo en el mundo, sólo da un poco de paz pensar que en todas estas catastrofes hay angeles terrenales capaz de tender una mano solidaria y desinteresada. fuerza por ellos y por quienes aún en su desgracia pueden vislumnbrar la necesidad de ayudar!

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NORA SILVINA

Todo lo material se vuelve a reconstruir; pero lo que no se vuelve a reconstruir, es la pérdida de vidas humanas, y la esperanza, que el viento el agua y la tierra desbordada, arrasan para siempre. Esos corazones volverán a latir con fuerza, cada vez que la naturaleza los amenace. Que Dios los bendi

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Elbecia

Muy buena nota. Son muy valientes

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Ezequiel

Una crónica muy emotiva! Los felicito!!!

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delia elvira

muy emotiva que tengan mucha suerte

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olga felisa

MUY BUENA LA NOTA Y EL VALOR PARA VER TANTO DESASTRE .

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NOLVIA ROSSI

muy buena la nota, Conoci Iloca hace unos años, muy lindo, recuerdo su arena negra y sus puestos de artesanía, y tantas cosas ricas para comprar a la pasadita. A mi me toco de cerca este terremoto porque tengo a mi hija, nietos, hermanos y sobrinos viviendo en la zona de Santiago, y mi hija me cont

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Graciela

Muy buena nota y un ejemplo de caridad y amor al prójimo!!!!!!!!

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Rodrigo Gastón

Enseñanzas de solidaridad que deberiamos adoptar como propias y aplicarlas, muy emotivo

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graciela

muy buena exelente nota me emocione,felicito a toda esa gente que ayuda sin esperar nada a cambio LOS FELICITO UN ABRAZO GRANDE!!!!

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Alejandro

Es Lamentable lo que lespaso a los chilenos, es uncreible la poca cantidad de muertos que hubieron, cuando en hayti hubieron cientos de miles, en chile muy pocos, increible...

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alejandra daniela

Que enseñanza hermosa !

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graciela

esta nota conmueve,muy buena¡¡¡¡

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delia elvira

muy buena pero muy connovedora

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Elva Natalia

Maravillosa la gente que deja todo en pos de ayudar a los que están sufriendo, como lo hizo Paola. Terrible lo de este terremoto.

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Blas agustín

Que hermosos y espectacular relato de solidaridad, amor y fe para esa gente DIOS los bendiga

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Estela

Gracias a Dios por la prevención. Yo soy de Mendoza, y es notable cómo las construcciones antisísmicas salvaron vidas! Pero lo del Sunami aún no es tan conocido. Menos mal que los carabineros actuaron inmediatamente. Dios bendiga a CHILE

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silvia alicia

Es verdad,con poco se puede ayudar al que no tiene nada .Y mas aun estando en desgracia,como paso en este caso.Sea bendecida esta mujer ,por su demostracion de ayuda solidaria.

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Norma

muy buen articulo

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silvina

que buen articulo.

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stella

que bello ejemplo de solidaridad

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Marlene

Que el Señor los bendia por hacer buenas actividades ppara los que necesitan serán bien recompensados en otro lugar..

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natalia

Enseñanzas dignas de aplicar en nuestra sociedad, que solidaridad increíble, muy buena nota

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jose luis

buenisimo

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gisela

,m

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