Historia de un museo: desde la RDA con amor Historia de un museo: desde la RDA con amor

Un museo poco común que muestra una perspectiva de la vida cotidiana de la antigua Alemania del Este.

Un 1985, Friso de Zeeuw, un joven político holandés de 33 años, quedó fascinado por la división de la ciudad de Berlín en su primer viaje de trabajo a Berlín occidental. Su compañero y él obtuvieron un visado turístico de un día en la República Democrática Alemana y cruzaron al otro lado.

“Hicimos de todo”, dice De Zeeuw, hoy de 67 años y profesor de desarrollo urbano jubilado de la Universidad de Delft. “Hasta llevar marcos de Alemania occidental de contrabando para cambiar por marcos de Alemania del Este a un cambio de 7 a 1. Luego nos dimos cuenta de que no había nada en qué gastarlos”. Terminaron comprando una pila de libros y discos. 

“Siempre he sentido la extraña necesidad de coleccionar todo tipo de cosas”, dice De Zeeuw, “pero me fascinaba lo absurdo de Berlín y eso le aportó sentido y propósito al afán de coleccionar”. Al volver a Berlín occidental, compró medallas de Alemania del Este. Todos los años volvía con su mujer a la ciudad dividida. 

Cuando en 1989 cayó el muro de Berlín, y el antiguo estado satélite soviético se reunificó con la parte occidental de Alemania un año más tarde, la pareja empezó a recorrer los mercaditos buscando objetos interesantes. Empezaron con medallas y banderas, pero no tardaron en incluir otros objetos, desde botellas de cerveza sin abrir hasta rollos de papel higiénico.

Con los objetos llegó un creciente interés por su contexto y su pasado. Al preguntarle por su objeto favorito, De Zeeuw no señaló el viejo auto Trabant estacionado en su garaje (“Si querías uno, tenías que esperar 15 años, y no podías elegir el color”), sino un pequeño escudo de cartón rojo en el que se leía “Mejor mozo del mes”, que una vez llevó con orgullo en un restaurante una trabajadora que se destacó por su ética laboral. “Me conmueve porque es algo muy provinciano, y a la vez un recordatorio físico de la forma en que trabajaba la gente en la RDA, organizados en brigadas de trabajo”.

La pareja compró más y más cosas. “Al final decidimos que o parábamos o hacíamos un museo”, dice De Zeeuw. 

El matrimonio se mudó a una nueva casa a unos 20 kilómetros al norte de Amsterdam, con un garaje en el que exponer su creciente colección en vitrinas. El 2 de septiembre de 2000, Marius Ernsting, ex funcionario del partido comunista holandés CPN, que había sido disuelto en 1991, inauguró de manera oficial el museo de la RDA.

De Zeeuw organizó un evento para conmemorar los treinta años de la caída del muro de Berlín el mes pasado en la ciudad holandesa de Baarn, con un espectáculo de autos Trabant incluido, música, un “juego del dictador”, ponencias, y la presentación de un libro.

Tesoros del pasado


Gallinas y huevos

Junto al Trabant y el Berliner Ampelmännchen (el hombrecito de las señales de tráfico), la gallina para huevos es uno de los íconos del diseño industrial de la RDA. Creados en la década de 1970 en siete colores pastel, estos sencillos utensilios para el desayuno han sobrevivido a la agitación política de las décadas de 1980 y 1990, e incluso al cambio de siglo. “Todavía se fabrican”, dice De Zeeuw. “Son productos que ahora incluso se pueden conseguir en dorado metálico”.

El huevo sufrió la típica tensión entre la oferta y la demanda en la economía planificada de la RDA. “En épocas de escasez, los presentadores de televisión recibían instrucciones para que evitaran usar la palabra "huevo" en sus informaciones. Pero cuando había excedente, había que apelar a sus efectos beneficiosos para la salud”.


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Un legado verdadero

Con sus 368 metros de altura, la Fernsehturm (torre de transmisión televisiva) en la antigua capital de la RDA es el legado más duradero de la ciudad. Ha servido de torre para ambos lados de la capital alemana anteriormente dividida, desde su inauguración oficial en el 20º aniversario de la RDA, en 1969.  El segundo monumento más importante de la arquitectura socialista en Berlín tuvo un destino muy diferente. El Haus des Volkes ("la Casa del Pueblo") abrió como centro político y cultural nacional en 1976. Los restaurantes, discotecas y otros locales del centro atraían diariamente a unos 13.000 visitantes. Tras la reunificación de Alemania, su demolición fue necesaria al encontrarse amianto en la construcción. Lo que queda es una endeble atracción del edificio, a juego con el modelo metálico de la torre de televisión.


¡Diga papá!

La región sajona de la RDA había sido el foco del sector óptico alemán desde la década de los años 20, con Carl Zeiss de Jena y Ihagee de Dresden como protagonistas, quienes crearon cámaras de fotos de fama mundial con marcas como Contax, Exakta o Pentacon. 

Estas fábricas de cámaras de fotos se convirtieron en las más importantes del sector de Alemania del Este y en una gran fuente de divisas para el Gobierno socialista. En el mercado local, la industria de las cámaras de fotos se unificó cuando VEB Pentacon creó una cámara pequeña y simple, la Penti, con su frontal dorado y cartucho personalizado para rollos de 35 mm que vinculó a los usuarios a la marca de Alemania del Este, Orwo. Las exportaciones de Penti fueron insignificantes, pero la calidad de las cámaras Praktica y Exakta eran una seria competencia para las grandes marcas japonesas del mercado europeo occidental. VEB Pentacon, un enorme conglomerado burocrático cuya abreviatura significaba Volkseigenes Betrieb ("la sociedad del pueblo"), se desmanteló casi inmediatamente tras la reunificación de Alemania. 


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Seguridad

Si algo describía bien a la RDA era un estado de control absoluto. Decenas de miles de ciudadanos de Alemania del Este espiaban a sus compañeros de trabajo y vecinos, de forma voluntaria o involuntaria, como apoyo al enorme servicio de seguridad del país, el Staatssicherheitsdienst o Stasi.

Para controlar quién entraba y salía del país, los agentes de aduanas tenían unos maletines especiales con luces incorporadas para descubrir los pasaportes y visados falsificados, así como guías para reconocer características físicas sospechosas. “Las guías no tenían nada que ver con la eugenesia nazi, simplemente explicaba, por ejemplo, cuáles eran los signos que denotaban nerviosismo”, explicó De Zeeuw.


El sr. Sandman

En 1959, la televisión de Alemania del Este presentó a Unser Sandmännchen, una especie de ángel de la guarda pero sin connotaciones religiosas, para que acompañara a los niños a la cama por las noches. En parte entretenimiento inocuo, y en parte propaganda para el paraíso proletario de Alemania del Este. Sandmännchen ganó una popularidad tremenda según crecían las distintas generaciones de alemanes del Este.

Sandmännchen es uno de los pocos fenómenos culturales que sobrevivieron a la caída del Muro de Berlín y la consiguiente desintegración de la República Democrática Alemana. Las reposiciones y los capítulos nuevos hacen de Sandmännchen un elemento fijo de la televisión alemana. 


Trabajo

Los trabajadores de Alemania del Este solían organizarse en brigadas lideradas por miembros del partido comunista que discutían sobre los problemas y metas del trabajo, pero también sobre política. Se animaba a que socializaran en privado e informaran de las novedades, incluyendo listas de los que participaban y los que no. Los cartelitos rojos con letras doradas los llevaban los ‘empleados de la semana’. “Lo que me sorprende es que Estados Unidos es el único país que conozco donde se celebra el ‘empleado del mes’”, dice De Zeeuw, teniendo en cuenta que ha sido el archienemigo del sistema de Alemania del Este.


Hecho para la eternidad

Sin competencia comercial, la calidad de los productos de consumo de Alemania del Este variaba inmensamente, desde un cuestionable bajo coste a una sólida durabilidad. Un buen ejemplo es el brazo mezclador AKA Electric RG28, que fue resultado de un extenso desarrollo y de muchas pruebas. Este electrodoméstico casi indestructible aún puede encontrarse en muchas cocinas alemanas, décadas después de su primera aparición en la década de 1970. Este básico mezclador estaba disponible en blanco y los colores de moda en la década de 1970, amarillo y naranja. Venía con una serie de accesorios.


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