El esfuerzo por salvar a los Koalas El esfuerzo por salvar a los Koalas

A las afueras de la ciudad más grande de Australia viven algunos de los ejemplares más saludables. Pero los ambientalistas y los lugareños temen por su futuro.

Tracey recorre los matorrales de Campbelltown, en la franja suroeste de Sídney, a fin de recolectar hojas de eucalipto. Lo hace cada dos días si tiene a un koala en casa. Hoy no busca cualquier hoja de eucalipto, el ancestral alimento de estos marsupiales. Necesita puntas de brotes frescos porque Modi, su visitante peluda, come por dos. En su bolsa ventral vive una cría.

Modi, quien está sentada en un árbol artificial en el refugio para koalas de Tracey, llegó allí tras merodear por un patio trasero suburbano habitado por dos perros. Por suerte, el propietario reaccionó antes de que la pobre sufriera demasiado daño.

“El dueño encerró a los perros en la casa y me llamó”, cuenta Tracey, quien prefirió omitir su apellido. “Creemos que Modi se golpeó la cabeza cuando la perseguían los perros porque echaba la cabeza hacia atrás, síntoma de conmoción cerebral”.

Tracey, voluntaria del Servicio de Información, Rescate y Educación para la Vida Silvestre (WIRES, por sus siglas en inglés), llevó a su nueva huésped a consulta al hospital veterinario de la Universidad de Sídney.

“De hecho, esta es la segunda vez que Modi está bajo mi cuidado”, comenta Tracey. “En octubre de 2019 la encontraron en el callejón de un suburbio, a una calle de un centro comercial. Ningún vecino la perdió de vista hasta lograr su captura, lo cual llevó una semana.

”La llevé al veterinario y descubrimos que tenía una cría del tamaño de un frijol en su marsupio, lo cual era una señal de que acababa de dar a luz. Cuando están pariendo, las hembras se alejan de los machos con el propósito de no ser acosadas”.


Una enfermedad destructiva

Como el veterinario la encontró sana y sin rastros de infecciones por clamidia, a Modi la regresaron a los matorrales cerca de donde la encontraron.

La colonia de koalas de Campbelltown es la única que no presenta dichas afecciones en la cuenca de Sídney. Se cree que, en algunas partes de Australia, hasta 90 por ciento de la población sufre septicemia por clamidia, enfermedad de transmisión sexual capaz de provocar ceguera, infecciones agudas de vejiga, infertilidad e, incluso, la muerte. La cepa que ataca a estos animales es distinta de la que afecta a los humanos.

Se estima que casi la mitad de los 1.000 ejemplares atendidos cada año en los hospitales especializados en vida silvestre de Nueva Gales del Sur y Queensland padecen de estas dolencias en sus etapas más graves, cuando no solo es intratable, sino que supone un impedimento para reintegrarlos a su hábitat.

¿Cómo es que la colonia de Campbelltown ha evitado dicha calamidad? “Creo que es pura suerte”, aventura Robert Close, biólogo y profesor jubilado de genética marsupial. Y si alguien lo sabe es él, ya que dirigió un programa de investigación en este conjunto de koalas entre 1989 y 2016, y descubrió que el grupo no solo estaba libre de la bacteria, sino que además estaba engrosando sus filas.

“Formar una colonia lleva tiempo, en especial si la empiezan pocos especímenes, como ocurrió en el caso de Campbelltown”, apunta Close. De hecho, se supo de este grupo de marsupiales apenas a principios de los 80, había muy pocos.

“Las hembras de algunas manadas producen tres crías en su vida”, explica Close. “Nuestras chicas viven hasta 17 años y dan un máximo de 15 crías. Así es como el factor del interés compuesto empieza a pesar”. Calcula que la población actual del conjunto es de alrededor de un millar de ejemplares.

Hallazgos funestos

Los koalas están clasificados como especie amenazada; así, una colonia de estos en expansión y con buena salud supone una muy buena noticia. Se trata de algo excepcional.

Según un informe avalado por la ONU, publicado en 2019, la naturaleza decae a una velocidad sin precedentes en la historia. Hay un millón de especies de plantas y animales en peligro de extinción, lo cual tendrá serias consecuencias para la humanidad.

“La salud de los ecosistemas de los que dependemos, así como la de las especies en general, se deteriora más rápido que nunca”, afirma sir Robert Watson, presidente de la Plataforma Intergubernamental Científico normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas, organización que elaboró el documento. “Estamos erosionando los cimientos mismos de la economía, los medios de vida, la seguridad alimentaria, la calidad de vida y la salud en el mundo entero”.

El informe culpa a la expansión demográfica humana y a la explotación del hábitat por los aciagos hallazgos; no obstante, agrega que aún hay tiempo para revertir la situación, si actuamos ahora, en todos los niveles, desde el local hasta el global. “Con un ‘cambio transformador’ aún podemos conservar, restaurar y utilizar la naturaleza de manera sustentable”, aduce sir Robert.


Amenazas al hábitat

La necesidad de un golpe de timón ha hecho que George Brticevic, apasionado defensor de los koalas y alcalde de Campbelltown, ponga manos a la obra.

Brticevic anima a los vecinos de la colonia a plantar vegetación benéfica para los marsupiales en sus patios traseros a fin de ampliar su hábitat natural. Desde hace tres años organiza jornadas de reforestación. En 2019 plantaron más de 3.000 de estos árboles, arbustos y pastos en una reserva pública en un suburbio del norte de Campbelltown.

“El corredor vegetal de Campbelltown no es suficientemente amplio para la colonia, por lo que se adentran en zonas residenciales donde corren el riesgo de ser atropellados o atacados por perros”, explica Brticevic.

“El gran número de koalas en la zona es un enorme privilegio para los habitantes que conlleva la gran responsabilidad de garantizar su supervivencia a largo plazo”.

Una amenaza latente es un proyecto de urbanización junto a una reserva de vida silvestre muy socorrido por los koalas de Campbelltown.

Las gestiones de los grupos comunitarios locales por detenerlo han fracasado y, con la alta tasa de crecimiento poblacional en Sídney, parece inevitable.

“Si no podemos cancelarla, debemos hacerla más amigable con los marsupiales”, propone Robert Close. “Mi sugerencia es plantar pequeños eucaliptos, de unos 3 o 4 metros, en los patios traseros [del nuevo barrio]. Eso les permitiría moverse con libertad de un jardín a otro”.

El proyecto traerá dos amenazas más a la zona: perros y autos. “Si pudiéramos regular la velocidad y a las mascotas, y aumentar la vegetación, ayudaríamos a los koalas. Y todo lo que se haga por ellos ayudará a otros animales igual de vulnerables como ornitorrincos, petauros, antequinos, ualarús y ualabíes”, afirma Close.

Mientras tanto, a Modi, que duerme con su cría en una rama del refugio de Tracey, la batalla para salvar su hábitat le es ajena.

Incendios: la nueva amenaza

Los incendios forestales de Australia a finales de 2019 e inicios de 2020 causaron daños sin precedente, pues quemaron 10 millones de hectáreas (una superficie similar a la de Islandia) y mataron a un millardo de animales, entre ellos varios miles de koalas.

Sin embargo, entre tanta destrucción hubo una buena noticia: la colonia de koalas de Campbelltown no se vio afectada por las llamas.

Estos marsupiales viven en las ramas de las copas de los eucaliptos, lo que les ayuda a sobrevivir a incendios forestales a ras de suelo. 

No obstante, los últimos avanzaron con rapidez hasta la parte superior de los árboles, lo que causó “una mortandad de animales”, explica el ecologista Mark Graham.

A los koalas que presentaban almohadillas chamuscadas, uñas derretidas o problemas respiratorios por haber inhalado humo se les llevó a hospitales especializados en la atención de la fauna silvestre y fundaciones para el cuidado de animales como WIRES. 

Si bien fue necesario sacrificar a algunos, otros fueron tratados con éxito y con el tiempo serán reincorporados a su entorno natural.

Algunos ejemplares no podrán regresar a su hábitat original. “Los bosques de eucalipto están adaptados para rebrotar tras un incendio, pero presenciamos tormentas de fuego tan extremas que quizá mataron árboles. Por ahora no se sabe cuántos volverán a brotar”, comenta Stuart Blanch, de WWF Australia.

Pero no todo está perdido. Una gran cantidad de personas y organizaciones han ofrecido su ayuda.

Φ En la isla Canguro,
de Australia Meridional, donde se cree que murió la mitad de la colonia de 50.000 koalas, se envió al ejército a patrullar los matorrales arrasados y a traer a los ejemplares jóvenes para recibir atención.

Φ En los estados de Queensland y Nueva Gales del Sur, perros entrenados para encontrar marsupiales se han unido a la operación de rescate.

Φ Nueva Gales del Sur arrojó varias toneladas de zanahorias y batatas a los matorrales para alimentar a la fauna silvestre que sobrevivió a los incendios, pero que no puede hallar comida.

Φ “Esta catástrofe podría llevar al límite a los koalas”, dice Josey Sharrad, defensora de la vida silvestre. “Cada ejemplar que logremos salvar y devolver a la naturaleza cuenta”.

— Diane Godley

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