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Una amenaza terrible apareció en el momento en que estas personas se disponían a cazar alces en la montaña.

Sólo unos pasos más... Agazapado en un macizo de pinos junto al río Shoshone, en la cordillera Absaroka de Wyoming, Ronnie Leming hizo sonar otra vez su cuerno para llamar alces. Quería que el enorme animal se acercara a su padre, Ron, quien estaba oculto entre la maleza, listo para disparar una flecha con su arco. Ronnie, ex guía de caza, se había mudado a estas montañas por amor a la cacería y a la pesca, y había esperado años a que su padre estuviera tan cerca de un alce. El momento había llegado. Sólo unos pasos más...

De pronto, el animal dio un respingo como si hubiera recibido una descarga eléctrica; entonces se dio vuelta y desapareció en la espesura. Qué raro, pensó Ronnie, decepcionado. Es imposible que nos haya olido. ¿Qué pudo asustarlo así? Se incorporó para ver mejor, y entonces se encontró con la respuesta...

Ambos, padre e hijo, aman la tierra y el paisaje de este bello rincón del Parque Nacional Shoshone: majestuosas montañas cubiertas de pinos, tupidos bosques salpicados de pastizales y cuencas rocosas con lagos cristalinos, donde viven y mueren alces, lobos y pumas. Accesible sólo a caballo por un abrupto camino de 24 kilómetros hasta la cuenca Boulder, es una de las zonas vírgenes más aisladas de los Estados Unidos. Es también un territorio de osos pardos.

Alguna vez al borde de la extinción, el oso pardo ha regresado al parque: se calcula que ahora hay 600 ejemplares en la zona. Pero no eran osos, sino alces, lo que los Leming buscaban en su cacería de una semana de duración en septiembre de 2008. “Mi padre y yo hacemos un viaje de caza con arco y flecha casi todos los años”, dice Ronnie. Es un momento especial para los dos. Acampan siempre en el mismo lugar, y al caer la noche se sientan alrededor de una fogata a tomar café, reír y recordar historias de sus amadas montañas. “Somos muy unidos”, asegura el padre. “Estos viajes son muy significativos para mí”.

Quizás este viaje significó aún más. El último día de la cacería del año anterior, Ron estaba ensillando su caballo cuando de pronto le crujió el codo derecho: se había roto un tendón; apenas podía mover el brazo, pero no usar el arco. Tras un tratamiento quirúrgico, una larga rehabilitación y mucha práctica de tiro, volvió a sentirse confiado; sin embargo, este viaje sería la verdadera prueba. “Mi padre jamás había cazado un alce adulto con un arco”, refiere Ronnie, quien había cazado varios alces, “y yo quería que lo hiciera”. Dos veces en este viaje Ron había estado cerca, pero en ambas ocasiones falló el disparo.


Sin embargo, el alce adulto no huyó, sino que se acercó aún más a Ron y quedó a menos de 40 metros del alcance de su flecha.


“Fue frustrante”, recuerda. “Empecé a creer que ya estaba muy viejo”. En esta ocasión, esperaba que fuera distinto. Al salir del campamento esa mañana, hizo un ruego en silencio: Señor, guía mi flecha hoy. Era la súplica humilde de un cazador. “Nunca rezaría para matar a un animal”, señala. “Sólo quería saber si aún podría disparar bien al tener la oportunidad”. Horas después, su ruego recibiría una respuesta que jamás hubiera imaginado.

Los dos hombres estaban en un lugar al que llaman la Roca: un largo tramo de riscos salpicado de macizos de árboles. “Siempre vemos alces allí, y esta vez teníamos un plan”, refiere Ronnie. Vestido con ropa de camuflaje y embadurnado con almizcle de alce para ocultar su propio olor corporal, Ronnie estaba a unos 35 metros de su padre, colina arriba, y comenzó a imitar el berrido de un alce emitiendo con su cuerno un sonido vibrante y agudo que resonó por las montañas. Hizo llamados durante media hora, y finalmente hubo una respuesta: un alce adulto apareció más abajo, y caminó hacia Ron padre.

Se acercó a unos 60 metros de él, fuera del alcance de su arco, pero en seguida se detuvo y empezó a raspar con sus astas el tronco de un árbol. Ronnie siguió haciendo llamados desde su lugar, con la esperanza de que el alce se moviera un poco más hacia su padre. Fue entonces cuando oyó un ruido a sus espaldas, entre la maleza: era otro alce, un macho joven, el cual salió corriendo al oler al cazador. Sin embargo, el alce adulto no huyó, sino que se acercó aún más a Ron y quedó a menos de 40 metros del alcance de su flecha.

“Todo iba bien: el viento soplaba a nuestro favor y el alce no tenía idea de que estábamos allí”, dice Ronnie. “Estaba seguro de que papá daría en el blanco”. Sin embargo, Ron no tuvo oportunidad de disparar porque el alce de pronto corrió. Ronnie se puso de pie, dio media vuelta y su mirada se encontró con la de un oso.

“Los osos pardos adultos rara vez atacan a las personas, pero sí son depredadores de alces”, dice Mark Bruscino, el guardabosques del Departamento de Caza y Pesca de Wyoming que se encargaría de investigar el incidente. Según él, como Ronnie hizo todo lo posible por berrear y oler como un alce, el oso seguramente creyó que estaba al acecho de uno. “Cuando vio que el cazador se ponía de pie, lo atacó por instinto”, señala.

El oso —una mole de músculos, garras y dientes de más de 220 kilos de peso— alcanzó a Ronnie en segundos. Como este no llevaba consigo un arma de fuego ni aerosol repelente, lo único que tenía para protegerse era su arco. “Tenía una flecha lista —cuenta— y de inmediato pensé en dispararla, pero no tuve tiempo”. Logró esquivar el primer embate saltando detrás de un árbol y alejándose unos pasos del oso; luego corrió ladera abajo hacia donde estaba su padre.

“Oí gritar a Ronnie: ‘¡Papá, huye de aquí!’, y por el tono de su voz supe al instante que se trataba de un oso”, recuerda Ron. Al alzar la mirada vio a su hijo corriendo despavorido hacia él, seguido muy de cerca por el oso. Me dije: Ese animal va a matar a mi hijo. Pero no tuvo tiempo para pensar ni caer en pánico. “En ese momento afloró mi instinto paterno, y supe que no podía permitir que eso pasara”. Olvidándose del peligro, de la lesión en el brazo y de la frustración de haber fallado varios disparos fáciles durante el viaje, el señor Leming se plantó con firmeza en el suelo, tensó el arco, apuntó y lanzó la flecha.

“Vi pasar una flecha a toda velocidad junto a mi pierna —dice Ronnie —pero no alcancé a ver dónde había caído”. En cuestión de segundos, tenía al oso encima. El cazador se fue de espaldas y trató de protegerse la cara con los brazos; el oso le mordió uno de ellos y le aplastó el codo con las mandíbulas. “La fuerza de su mordedura era tremenda”, refiere Ronnie. “Me zarandeaba como a un muñeco, pero yo no sentía dolor”. De pronto, el animal lo tiró al aire, y Ronnie cayó de pie. Corrió a refugiarse entre los árboles, pero en pocos segundos el oso estaba otra vez encima de él, mordiéndole la mano y la espalda.

“Giré un poco el cuerpo para sacar otra flecha”, dice su padre, “pero al mirar hacia atrás lo único que vi fue al oso encima de Ronnie. Pensé que tenía que hacer algo para salvarlo”. Usando el arco como garrote, Ron arremetió contra el animal y lo golpeó en el lomo y la cabeza hasta que soltó a su hijo. Entonces el oso dio media vuelta y empezó a bajar la ladera tropezándose.

“Ronnie me gritó que le disparara otra flecha, pero yo no quería que el oso se enfureciera más, así que sólo lo observé”, dice Ron. “Por la forma en que se tropezaba, supe que le había clavado la primera flecha”.


“Desde el año pasado yo había tenido que ayudar a mi padre a subir al caballo, por su lesión en el brazo, y ahora él me estaba ayudando a subir a mí”.


En efecto, esa flecha le había per-forado un vaso sanguíneo al animal, cerca del corazón. En una criatura que a veces ni un rifle de alto poder puede detener con cuatro o cinco balas, había sido un tiro en un millón para un arquero. El oso se tambaleó unos pasos más, cayó y quedó inmóvil. La flecha había dado en el blanco.

“Fue entonces cuando los árboles y todo lo demás se puso borroso ante mis ojos”, recuerda Ronnie. Estaba entrando en shock. “Había mucha sangre —dice su padre— pero no sabíamos cuánta era del oso y cuánta de Ronnie”. Al revisar el cuerpo de su hijo, vio que tenía mordeduras profundas en una mano y en el brazo, y algunas cortaduras y rasguños, pero, milagrosamente, ninguna herida grave. Casi toda la sangre era del oso. Aun así, Ronnie estaba muy aturdido y temblando. El señor Leming encendió una fogata y empezó a pensar en trasladar a su hijo a algún lugar seguro 25 kilómetros abajo, por un sendero escarpado, y de allí a un hospital, a otros 50 kilómetros de distancia.

No podían hacer ni recibir llamadas con sus teléfonos celulares. Nadie los buscaría durante días. Su única opción era viajar a caballo, pero Ronnie no podía montar a causa de las heridas. “Fue algo irónico”, dice. “Desde el año pasado yo había tenido que ayudar a mi padre a subir al caballo, por su lesión en el brazo, y ahora él me estaba ayudando a subir a mí”.

Aunque con dificultad, ambos lograron montar y emprendieron la marcha. Casi no recuerdan nada de lo que les pasó durante las seis horas de travesía; el cazador Carl Sauerwein, en cambio, nunca olvidará la imagen de los dos arqueros a lomo de caballo. Mientras se dirigía sendero arriba hacia el campamento de cacería de alces, cerca de la cuenca Boulder, Sauerwein reconoció a aquellos dos hombres; los había visto en sus viajes de los años anteriores. Los saludó a gritos desde lejos, pero entonces se dio cuenta de que el joven llevaba encima una chaqueta gruesa, a pesar de que el aire estaba tibio.

Cuando los Leming se acercaron a él, Ronnie le comentó con voz serena que habían tenido que bajar de la montaña porque los acababa de atacar un oso. “Entonces vi la sangre en su rostro y todas las heridas”, dice Sauerwein, quien ha pasado 18 años en las montañas de Wyoming y también ha tenido algunos encuentros peligrosos con osos pardos. “A pesar de la dureza del ataque, me pareció que estaba bastante bien”. (Y así era: en el hospital curaron las heridas del cazador y lo dieron de alta al día siguiente.) Padre e hijo sólo inclinaron sus sombreros y siguieron cabalgando.

Durante el largo trayecto, Ronnie pensó en el amor que siente por la caza, en sus riesgos y recompensas. “No culpo al oso”, dice. “Cazar es algo que siempre quise hacer, y sé que algún día mi papá y yo volveremos para ver si podemos atrapar a ese alce que él siempre ha deseado”.

Tuvieron otra oportunidad de lograrlo mientras bajaban la montaña. “En un punto del trayecto oímos berrear a un alce”, cuenta Ronnie. “Miramos hacia arriba, y a unos 90 metros de distancia estaba un magnífico ejemplar macho”. Sonriendo, le dijo a su padre que se bajara y le disparara una flecha. “No creo que hubiera podido hacerlo”, dijo Ron.

Ronnie replicó: “Si yo me hubiera bajado del caballo y hecho que el alce me persiguiera, apuesto a que lo habrías cazado”. Ambos se rieron, mientras pensaban en aquel tiro que sucede una vez en la vida: la flecha de un padre que salvó la vida de su hijo.

Sólo unos pasos más... Agazapado en un macizo de pinos junto al río Shoshone, en la cordillera Absaroka de Wyoming, Ronnie Leming hizo sonar otra vez su cuerno para llamar alces. Quería que el enorme animal se acercara a su padre, Ron, quien estaba oculto entre la maleza, listo para disparar una flecha con su arco. Ronnie, ex guía de caza, se había mudado a estas montañas por amor a la cacería y a la pesca, y había esperado años a que su padre estuviera tan cerca de un alce. El momento había llegado. Sólo unos pasos más...

De pronto, el animal dio un respingo como si hubiera recibido una descarga eléctrica; entonces se dio vuelta y desapareció en la espesura. Qué raro, pensó Ronnie, decepcionado. Es imposible que nos haya olido. ¿Qué pudo asustarlo así? Se incorporó para ver mejor, y entonces se encontró con la respuesta...

Ambos, padre e hijo, aman la tierra y el paisaje de este bello rincón del Parque Nacional Shoshone: majestuosas montañas cubiertas de pinos, tupidos bosques salpicados de pastizales y cuencas rocosas con lagos cristalinos, donde viven y mueren alces, lobos y pumas. Accesible sólo a caballo por un abrupto camino de 24 kilómetros hasta la cuenca Boulder, es una de las zonas vírgenes más aisladas de los Estados Unidos. Es también un territorio de osos pardos.

Alguna vez al borde de la extinción, el oso pardo ha regresado al parque: se calcula que ahora hay 600 ejemplares en la zona. Pero no eran osos, sino alces, lo que los Leming buscaban en su cacería de una semana de duración en septiembre de 2008. “Mi padre y yo hacemos un viaje de caza con arco y flecha casi todos los años”, dice Ronnie. Es un momento especial para los dos. Acampan siempre en el mismo lugar, y al caer la noche se sientan alrededor de una fogata a tomar café, reír y recordar historias de sus amadas montañas. “Somos muy unidos”, asegura el padre. “Estos viajes son muy significativos para mí”.

Quizás este viaje significó aún más. El último día de la cacería del año anterior, Ron estaba ensillando su caballo cuando de pronto le crujió el codo derecho: se había roto un tendón; apenas podía mover el brazo, pero no usar el arco. Tras un tratamiento quirúrgico, una larga rehabilitación y mucha práctica de tiro, volvió a sentirse confiado; sin embargo, este viaje sería la verdadera prueba. “Mi padre jamás había cazado un alce adulto con un arco”, refiere Ronnie, quien había cazado varios alces, “y yo quería que lo hiciera”. Dos veces en este viaje Ron había estado cerca, pero en ambas ocasiones falló el disparo.


Sin embargo, el alce adulto no huyó, sino que se acercó aún más a Ron y quedó a menos de 40 metros del alcance de su flecha.


“Fue frustrante”, recuerda. “Empecé a creer que ya estaba muy viejo”. En esta ocasión, esperaba que fuera distinto. Al salir del campamento esa mañana, hizo un ruego en silencio: Señor, guía mi flecha hoy. Era la súplica humilde de un cazador. “Nunca rezaría para matar a un animal”, señala. “Sólo quería saber si aún podría disparar bien al tener la oportunidad”. Horas después, su ruego recibiría una respuesta que jamás hubiera imaginado.

Los dos hombres estaban en un lugar al que llaman la Roca: un largo tramo de riscos salpicado de macizos de árboles. “Siempre vemos alces allí, y esta vez teníamos un plan”, refiere Ronnie. Vestido con ropa de camuflaje y embadurnado con almizcle de alce para ocultar su propio olor corporal, Ronnie estaba a unos 35 metros de su padre, colina arriba, y comenzó a imitar el berrido de un alce emitiendo con su cuerno un sonido vibrante y agudo que resonó por las montañas. Hizo llamados durante media hora, y finalmente hubo una respuesta: un alce adulto apareció más abajo, y caminó hacia Ron padre.

Se acercó a unos 60 metros de él, fuera del alcance de su arco, pero en seguida se detuvo y empezó a raspar con sus astas el tronco de un árbol. Ronnie siguió haciendo llamados desde su lugar, con la esperanza de que el alce se moviera un poco más hacia su padre. Fue entonces cuando oyó un ruido a sus espaldas, entre la maleza: era otro alce, un macho joven, el cual salió corriendo al oler al cazador. Sin embargo, el alce adulto no huyó, sino que se acercó aún más a Ron y quedó a menos de 40 metros del alcance de su flecha.

“Todo iba bien: el viento soplaba a nuestro favor y el alce no tenía idea de que estábamos allí”, dice Ronnie. “Estaba seguro de que papá daría en el blanco”. Sin embargo, Ron no tuvo oportunidad de disparar porque el alce de pronto corrió. Ronnie se puso de pie, dio media vuelta y su mirada se encontró con la de un oso.

“Los osos pardos adultos rara vez atacan a las personas, pero sí son depredadores de alces”, dice Mark Bruscino, el guardabosques del Departamento de Caza y Pesca de Wyoming que se encargaría de investigar el incidente. Según él, como Ronnie hizo todo lo posible por berrear y oler como un alce, el oso seguramente creyó que estaba al acecho de uno. “Cuando vio que el cazador se ponía de pie, lo atacó por instinto”, señala.

El oso —una mole de músculos, garras y dientes de más de 220 kilos de peso— alcanzó a Ronnie en segundos. Como este no llevaba consigo un arma de fuego ni aerosol repelente, lo único que tenía para protegerse era su arco. “Tenía una flecha lista —cuenta— y de inmediato pensé en dispararla, pero no tuve tiempo”. Logró esquivar el primer embate saltando detrás de un árbol y alejándose unos pasos del oso; luego corrió ladera abajo hacia donde estaba su padre.

“Oí gritar a Ronnie: ‘¡Papá, huye de aquí!’, y por el tono de su voz supe al instante que se trataba de un oso”, recuerda Ron. Al alzar la mirada vio a su hijo corriendo despavorido hacia él, seguido muy de cerca por el oso. Me dije: Ese animal va a matar a mi hijo. Pero no tuvo tiempo para pensar ni caer en pánico. “En ese momento afloró mi instinto paterno, y supe que no podía permitir que eso pasara”. Olvidándose del peligro, de la lesión en el brazo y de la frustración de haber fallado varios disparos fáciles durante el viaje, el señor Leming se plantó con firmeza en el suelo, tensó el arco, apuntó y lanzó la flecha.

“Vi pasar una flecha a toda velocidad junto a mi pierna —dice Ronnie —pero no alcancé a ver dónde había caído”. En cuestión de segundos, tenía al oso encima. El cazador se fue de espaldas y trató de protegerse la cara con los brazos; el oso le mordió uno de ellos y le aplastó el codo con las mandíbulas. “La fuerza de su mordedura era tremenda”, refiere Ronnie. “Me zarandeaba como a un muñeco, pero yo no sentía dolor”. De pronto, el animal lo tiró al aire, y Ronnie cayó de pie. Corrió a refugiarse entre los árboles, pero en pocos segundos el oso estaba otra vez encima de él, mordiéndole la mano y la espalda.

“Giré un poco el cuerpo para sacar otra flecha”, dice su padre, “pero al mirar hacia atrás lo único que vi fue al oso encima de Ronnie. Pensé que tenía que hacer algo para salvarlo”. Usando el arco como garrote, Ron arremetió contra el animal y lo golpeó en el lomo y la cabeza hasta que soltó a su hijo. Entonces el oso dio media vuelta y empezó a bajar la ladera tropezándose.

“Ronnie me gritó que le disparara otra flecha, pero yo no quería que el oso se enfureciera más, así que sólo lo observé”, dice Ron. “Por la forma en que se tropezaba, supe que le había clavado la primera flecha”.


“Desde el año pasado yo había tenido que ayudar a mi padre a subir al caballo, por su lesión en el brazo, y ahora él me estaba ayudando a subir a mí”.


En efecto, esa flecha le había per-forado un vaso sanguíneo al animal, cerca del corazón. En una criatura que a veces ni un rifle de alto poder puede detener con cuatro o cinco balas, había sido un tiro en un millón para un arquero. El oso se tambaleó unos pasos más, cayó y quedó inmóvil. La flecha había dado en el blanco.

“Fue entonces cuando los árboles y todo lo demás se puso borroso ante mis ojos”, recuerda Ronnie. Estaba entrando en shock. “Había mucha sangre —dice su padre— pero no sabíamos cuánta era del oso y cuánta de Ronnie”. Al revisar el cuerpo de su hijo, vio que tenía mordeduras profundas en una mano y en el brazo, y algunas cortaduras y rasguños, pero, milagrosamente, ninguna herida grave. Casi toda la sangre era del oso. Aun así, Ronnie estaba muy aturdido y temblando. El señor Leming encendió una fogata y empezó a pensar en trasladar a su hijo a algún lugar seguro 25 kilómetros abajo, por un sendero escarpado, y de allí a un hospital, a otros 50 kilómetros de distancia.

No podían hacer ni recibir llamadas con sus teléfonos celulares. Nadie los buscaría durante días. Su única opción era viajar a caballo, pero Ronnie no podía montar a causa de las heridas. “Fue algo irónico”, dice. “Desde el año pasado yo había tenido que ayudar a mi padre a subir al caballo, por su lesión en el brazo, y ahora él me estaba ayudando a subir a mí”.

Aunque con dificultad, ambos lograron montar y emprendieron la marcha. Casi no recuerdan nada de lo que les pasó durante las seis horas de travesía; el cazador Carl Sauerwein, en cambio, nunca olvidará la imagen de los dos arqueros a lomo de caballo. Mientras se dirigía sendero arriba hacia el campamento de cacería de alces, cerca de la cuenca Boulder, Sauerwein reconoció a aquellos dos hombres; los había visto en sus viajes de los años anteriores. Los saludó a gritos desde lejos, pero entonces se dio cuenta de que el joven llevaba encima una chaqueta gruesa, a pesar de que el aire estaba tibio.

Cuando los Leming se acercaron a él, Ronnie le comentó con voz serena que habían tenido que bajar de la montaña porque los acababa de atacar un oso. “Entonces vi la sangre en su rostro y todas las heridas”, dice Sauerwein, quien ha pasado 18 años en las montañas de Wyoming y también ha tenido algunos encuentros peligrosos con osos pardos. “A pesar de la dureza del ataque, me pareció que estaba bastante bien”. (Y así era: en el hospital curaron las heridas del cazador y lo dieron de alta al día siguiente.) Padre e hijo sólo inclinaron sus sombreros y siguieron cabalgando.

Durante el largo trayecto, Ronnie pensó en el amor que siente por la caza, en sus riesgos y recompensas. “No culpo al oso”, dice. “Cazar es algo que siempre quise hacer, y sé que algún día mi papá y yo volveremos para ver si podemos atrapar a ese alce que él siempre ha deseado”.

Tuvieron otra oportunidad de lograrlo mientras bajaban la montaña. “En un punto del trayecto oímos berrear a un alce”, cuenta Ronnie. “Miramos hacia arriba, y a unos 90 metros de distancia estaba un magnífico ejemplar macho”. Sonriendo, le dijo a su padre que se bajara y le disparara una flecha. “No creo que hubiera podido hacerlo”, dijo Ron.

Ronnie replicó: “Si yo me hubiera bajado del caballo y hecho que el alce me persiguiera, apuesto a que lo habrías cazado”. Ambos se rieron, mientras pensaban en aquel tiro que sucede una vez en la vida: la flecha de un padre que salvó la vida de su hijo.

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beatriz

ni me quiero imaginar la adrenalina de estos dos cazadores. hay que tener pasta.

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Jorge Nelson

Buena historia!

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Blas agustín

La historia y la nota son buenas pero no seria mejor cazar con una cámara y poder ver alos animales en su hábitat.

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Pedro

Toda una experiencia.

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norma

hermosa historia!!!

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Esteban

Tengo ciertos problemas con la idea de matar o maltratar animales por diversión. Sea corrida de toros o doma criolla o esto de ir a cazar al campo o al bosque. Realmente no me sienta bien. Si los animales salvajes confunden, o persiguen y cazan a un humano, sea para salvaguardar su territorio o porq

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Stella Maris

No nos metamos en la vida de los animales,hay que respetarlos!!!

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MARIA LAURA

Mi marido e hijo son amantes de cacería y pesca, obvio que no al niverl de este padre e hijo que usan arcos y sus presas son de categorías diferentes. Se nace y se lleva en la sangre el hecho de que te guste o no dicha actividad.

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nina

solo de pensar en la belleza de un arce y de muchos animales que ya estan en peligro de extincion ,por ser cazados como trofeos, o por los avances de edificaciones del humano no siento simpatia por los cazadores, pero entiendo que son situaciones por la que debemos soportar ya que es dificil enfrent

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Liliana Rosa del Carmen

Pobres animales...no entiendo cual es el placer de cazar...

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Griselda

Mi comprensión estará al límite? Todo lo que tengo ganas de decir comienza con "por qué?". Será el momento de decir basta. Yo digo BASTA Quién quiere sumarse ?

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Gladys Y.

Te apoyo grisis.Jamás entendí qué mueve a un cazador a matar seres vivos que en nada los perjudican.

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enriqueta

perdon por citar un refran... pero "el que a hierro mata, a hierro muere" o puede morir.... ir contra la naturaleza, cazar por matar al animal, trae consecuencias... feliz 2010 a todos los lectores de selecciones.... eaguell

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Rocío

muy buena nota

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YOLANDA

Yo te apoyo grisis!!!! aborrezco la idea de matar a seres indefensos solo por diversión, y en un punto me alegra cuando el cazador resulta "cazado"

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Norma Ofelia

yo no puedo entender como un ser humano puede sentir placer de herir o matar un animal...lo lamento pero no puedo ni siquiera leer la nota. Solo me basta ver la foto para sentirme muy mal....... Como pueden decir : " hermosa historia"???

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sandra

concuerdo con la mayoria de los comentarios aqui,en mi cabeza no entra el placer de matar algo indefenso como un animal,por eso el mundo esta como esta ,matar por placer,ni me quiero imaginar lo que esa persona es capaz de hacer si se siente provocada ,ya que mata algo indefenso e inofensivo,por dio

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Eva M.

Todavía no puedo creer lo que acabo de leer. Asi que, como no logro explicar bien lo que siento, voy a poner algunas lineas textuales: 1-"Ambos, padre e hijo, aman la tierra y el paisaje de este bello rincón" Claro, aman el paisaje, y no a quienes lo habitan. 2-"Alguna vez al borde de la ex

Imagen Carlos Adrián
Carlos Adrián

Ya de por sí considero bastante aborrecible la caza con armas de fuego, hacerlo con arco y flecha me parece peor. ¿Cuál es el objetivo? ¿Prolongar el sufrimiento, provocar mas dolor o una muerte mas lenta? Si eso es lo que consideran una recompensa, o tienen que hacer eso para sentirse unidos, me da

Imagen antonio javier
antonio javier

concuerdo con pepiro, es mejor con una cámara de fotos, o el alce que cazan el primer día lo comen cuando vuelven? cuanto dura la carne de alce muerto? o solo se llevan la cornamenta para colgarla de la pared a llenarse de tierra. Entiendo que somos omnivoros, que comemos todo lo que se mueve y lo

Imagen antonio javier
antonio javier

Fuera de toda broma es aborrecible, muy buen relato pero aborrecible la acción...

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Gabriela

Basta!

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Lidia

Totalmente sin corazon!

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Liliana Rosa del Carmen

Hasta cuándo se permitirá una cosa así? Cazar en la prehistoria para comer... pero por el placer de matar o exhibir el trofeo????? Qué espanto....como las riñas de gallos y las corridas de toros...Horrendo!!!!!!!!!!!!!!!

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raul oscar

Mi madre me enseñó que hay que respetar los gustos de cada quien, que no todos somos iguales y hay que ser tolerantes con los que tienen diversas opiniones. Los cazadores tienen varios argumentos para justificar su actividad que yo no comparto. Esta actividad los pone mas de una vez en situaciones d

Imagen CAMILO SEBASTIAN
CAMILO SEBASTIAN

Me gusto la historia ,solo que no estoy de acuerdo en casar por tener un trofeo.En lo personal voy a casar pero para consumo ,casamos lo que bamos a consumir no demas . Y por otro lado creo que todos de alguna forma somos participes de matar animales porque aunque no lo matemos consumimos , carne d

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marta

Cazar solo para comer, no por "deporte" como lo llaman algunos, o por diversión o placer por matar...

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Melina

No es por mala, pero para mi es una buena leccion, no puedo enender como se puede cazar por deporte...

Imagen MELISA LUZ LOPEZ
MELISA LUZ LOPEZ

Ojalá esta gente no tenga más ganas de cazar en su vida... Cómo detesto a las personas que cazan por deporte, es una gran aberración y una verguenza.- Tampoco comprendo el fin de esta nota... Ojalá no se les de más publicidad ni un mínimo espacio a estas personas, encargadas de destruir nuestro med

Imagen marta
marta

ME GUSTO LA NOTA PERO NO ME GUSTA LA FORMA DE CONSEGUIR UN TROFEO, NO ME GUSTA ESA IDEA DE ASESINAR ANIMALES

Imagen Lia Beatriz
Lia Beatriz

Me parece que la caza no es un deporte, demostrar la habilidad de la puntería es por cierto entretenido , pero para ello hay campos de tiro; demostrar la habilidad de la observación con todos los sentidos también es entretenido pero queridos seres humanos tenemos nuevas tecnologías que nos permit

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BIBIANA

Cazar no es un deporte!!!! es matar. Un animal muerto no es un trofeo! No voy a entender nunca la "necesidad" de matar para ver si es bueno para dar en el blanco. TERRIBLE!!!!

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ROSA

No estoy de acuerdo con la caza como deporte, si con la caza para comer, como la pesca y recolectar frutos etc.- Creo que todas notas son interesantes, aunque a muchos no les guste la caza, otros tienen diferentes maneras de pensar y por eso debemos respetarnos. Creo que se debe publicar de todo, s

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Maria Cristina

Me encantò la nota. No pude dejar de leerla hasta llegar al final. Si la caza está reglamentada no hay nada de malo. Lo bueno es que se cumplan las reglas. En este caso del oso, es indiscutible que primero esta la vida de la persona.

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valeria

estoy de acuerdo con la caza ,mietras este reglamentada y no anden matando por matar

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ADRIANA ALEJANDRA

... "SOBRE GUSTOS", DECÍA MI ABUELA ...

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Elva Natalia

Muy bueno el relato que bueno hayan salvado la vida. No considero a la caza un deporte. Me parece algo cruel. La naturaleza tiene su equilibrio y aunque sufro solo pensar que los animales carnívoros matan para subsistir lo acepto por ese motivo, pero no puedo aceptar que por "amor al deporte" se mat

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mario paulo

dentro del ser humano esta latente el ser de las cavernas ,aquel que mataba para sobrevivir ,de esto hace miles de años ,pero hay muchas personas que aun no han efectuado ese transito ,ser racional ,por que es absurdo matar por puro placer ,por mas que le pongan un cliche ,,,,cazar es un deporte ,,,

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liliana

El relato es bueno pero me parece un horror que la gente disfrute cazando animales,ni siquiera el oso tenia que haber muerto ya que si estos señores se hubiesen quedado en sus casas no hubiesen pasado un mal momento,disculpenme,se lo buscaron,los seres racionales y pensantes eran ellos y no el pobre

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Carina

ummm tierna la forma de ver al pedra como salvo a su hijo pero NO comparto eso de cazar !

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OSVALDO CESAR

QUE BUENO QUE TUVO UN FINAL FELIZ PARA LAS PERSONAS . Y COMPARTO LOS COMENTARIOS DE LA MAYORIA .QUE ESTOY TOTALMENTE EN CONTRA DE LA CAZA. DE LA FORMA QUE SEA

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CARMEN ALICIA

De mirar la foto solamente me dá escalofrios, miren si en lugar del oso estuviera el joven. ME DESAGRADA mucho,mucho la caza. Los cazadores no tienen alma, no piensan en el sufrimiento de un ser viviente que no sé quién los clasificó y les puso ANIMALES . Cuantos animalitos por culpa de los señor

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alberto

una excelente nota, muy bien redactada.

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german

exelente la historia (lastima el oso)

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MARIA TEODOSIA

ESTOY EN CONTRA DE LA CAZA ,PEZCA Y TODO LO QUE SEA RELACIONADO CON LA MUERTE Y MAL TRATO DE LOS ANIMALES,AVES

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Marcela

Debemmos cuidar la naturaleza y respetar a todos sus individuos.

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gildardo andres

PERO SI CAZAR ES PELIGROSO SIEMPRE. o sino preguntemos al pobre animal que estando tranquilo en su casa llega un troglodita y lo abalea. conciencia que el dolor ajeno no deja de ser dolor.

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enriqueta

CAZAR NO ES UN DEPORTE........ES UN ASESINATO ENMASCARADO EN DEPORTE...

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Gloria

opino lo mismo que eaguell

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margarita

Cazar es siempre un asesinato, en esta época es una actividad cruel, no entiendo como pueden decir que aman esos bosques y hacen eso. Cuando la caza era el alimento de una comunidad tenia el sentido que ellos le dan..Hoy día es una actividad cobarde.

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Nicolas

Cazar no es un deporte!!!!

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susana

la nota me parecio triste,xque no debemos matar animales x diversion,si es para alimentarnos es otra cuestion pero x diversion no lo acepto.la caza,la matanza de toros que hacen en las plazas en España no son divertidas, eso no es deporte ,es canibalismo.Y despues no creemos que somos civilizados.Qu

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hector andres

habria que matar a los cazadores

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maritza

la caza no es un deporte , eso es canibalismo. si tanto dicen que aman esos bosque entonces deberian cuidar a quienes viven ahi. si ese parque nacional es tan maravilloso como lo describen deberian convertirlo en una reserva nacional donde este prohibida la caza para mantener toda su majestuosidad y

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delia elvira

muy buena nota

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Melina

No comparto para nada lo que hace esta gente

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JORGE

LA NOTA ES ATRAPANTE Y LLENA DE UN SENTIMIENTO OBVIO Y FAMILIAR. PERO QUIENES VIVIMOS EN PROVINCIAS EN DONDE LA CAZA"DEPORTIVA" SE TRANSFORMA EN FURTIVA Y ASESINA, EN DONDE MATAN CIERVOS,CHANCHOS JABALÍ,CORZUELAS, PUMAS, VIZCACHAS, Y OTRAS ESPECIES NOS DAMOS CUENTA QUE SOLO ES PARA COLGARLOS COMO U

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Luis Alberto

Gente poco considerada y egoista.

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fabio raul

yo particularmente no comparto la idea de casa como deporte

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Albano

Estos tipos no son víctimas. El oso salió a defender su territorio usurpado. No me parece una digna nota para aplaudir. No entiendo cual es la moraleja de la nota. Tal vez: ¿no te metas en territorios de animales salvajes porque puedes sufrir las consecuencias?

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Mario

No me parece una buena historia, por el hecho de lo que hacen esos sres.

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juan antonio

si mato para comerlo esta todo bien pero matar por matar ?? no me parece bueno

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daniel antonio

Que aventura fascinante y a la vez peligrosa para el Padre y su hijo, pero valio la pena no?...... El Querer es Poder, y como esta escrito, contra gustos no hay nada que se oponga. Para mi entender, adelante con la cazeria, un lindo hobby, pero deben tener mas cuidado, tal vez un arma de fuego, en

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juan carlos

no me parecio buena la nota...la caza si es para subsistencia ...si es aceptable...

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Mariana Edith

Muy buena nota !

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Gabriela Patricia

Me parece lamentable la caza de animales, sostengo que el cazador es un tipo cobarde que se siente superior empuñando un arma y se cree Dios en el momento que le arrebata la vida a un animal. Que mal hacen los animales para merecer morir por un ser humano estúpido que lo hace solo para divertirse? E

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juan carlos

muy buena ,aunque me gustaria que uzaran la palabra orar ,porque esto es hablar con dios tal como lo hizo el papa,y no rezar que es repeticion vana y no sirve como herramienta para comunicarse con dios ,

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vanesa

q horror..odie esa imagen me encantaria a ver si ese viejo quiere estar asi como el oso ¬¬

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sebastian

no me gusto para nada esto

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Raul

No deseo fotos ni historias cómo estas!!!!!!!!!!!!!!!

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Nancy Shirley

Estoy de acuerdo con la mayoría, CAZAR NO ES UN DEPORTE, ES UN ASESINADO. Pobre alce, que mal les hizo para que una vez al año quieran cazarlos, después no sabemos porque cada día mas los animales se van extinguiendo.

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ruben

NO ME GUSTA LA CAZA COMO PASATIEMPO, ADMITO QUE EN EPOCA DE HAMBRE O DE EXTREMA NECESIDAD EL HOMBRE CACE PERO NO POR EL SOLO HECHO DE MATAR ANIMALES, YA DEMASIADO CON LAS VACAS, POLLOS,PAVOS, LECHONES, OVEJAS, ATC QUE MATAMOS A A DIARIO PARA COMER

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lorena

matar por matar que horror porque no se dedican a otra cosa son unos pobres ignorantes ellos son verdaderos monstruos sin ofender a los monstruos

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graciela

ESTA NOTA,ME PARECE HORROROSA,NO TENDRIAN QUE HABER PUBLICADO SEMEJANTE FOTO,COMO HUBIESE DISFRUTADO,SI EL QUE ESTABA EN EL SUELO,ERA ESE VIEJO,DEJEN A LOS POBRES ANIMALES VIVIR EN PAZ,DESPUES DE TODO, EL SOLO DEFENDIA,SU TERRITORIO

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Sandra

Amo a los animales, cualquiera sea su condicion, no me gusto para nada esta nota,!cuanta crueldad, cuanto horror!! y las fotos!! no, no no.!!!

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Marcela

Excelente la nota.

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Daniel Alberto

Muy buena la nota, vivo en el campo y me gusta cazar, pero no asesinar, uso una carabina de cerrojo, cuando estoy apuntando al blanco tengo una sola oportunidad, si fallo no tendré otra, y la presa huirá sin remedio.

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Elva Natalia

La cacería no me parece un deporte sino algo espantoso. Matar por deporte!!! Que tienen en el alma estas personas?

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Graciela

No comparto el "deporte de cazar animales". Amo a los animales y me parece una crueldad que los cacen !!!!!!!!

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ana maria marta

HORRIBLE no entiendo a los que practican este deporte ,¿cual es el placer en matar a un animal indefenso ? necesitan demostrar su hombria esta gente ? REALMENTE HORRIBLE,DEPLORABLE ,se nota que tienen un complejo y no lo pueden superar.

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Jorge

Cazar es la extensión de lo que hizo el ser humano por milenios. No se por que se protegen especies capaces de matar hombres: osos, tiburones, cocodrilos. ¿Cuál es el límite entre la protección de la fauna y el perjuicio a la raza humana? ¿Qué haría uno ante un ataque de un animal feroz? Nota dr

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juan

PARA JSAENZ; CONTESTANDOLE POR LA NOTA DEL OSO .ESTOY DE ACUERDO QUE SE PROTEJA A LAS EPECIES EN PELIGRO DE EXTINCION,SINO QUE LE VAMOS A DEJAR A LAS GENERACIONES FUTURAS,ANIMALES EN MUSEOS,EN FRASCOS CON FORMOL.NOSOTROS LOS SERES HUMANOS SOMOS LOS QUE INVADIMOS SUS TERRITORIOS , LIMITANDO SU HABIT

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Norma

muy buen articulo

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liliana

muy buen articulo

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Elvira

Por suerte, esta anécdota tuvo un final feliz. Es de destacar la experiencia del ex cazador, que pudo dominar al oso y salvar la vida de su hijo.

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Marcelo

La verdad no le veo ningun sentido ni respeto por la vida a la cazeria por deporte y no por necesidad. Eso sin contar que si vamos a excusarnos que hay que matar a todos los seres vivos que amenazan a la raza humana, primero tendriamos que empezar con nosotros mismos. Lo mas peligroso para un ser hu

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Marlene

No me gusta la cazeria estoy en cotra!! no es un deporte sano no favorece en nada.

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Marcela Inés

Es un espanto, que el hombre crea, que asesinar a un animal sea un deporte, es asesinar solamente. Pienso lo mismo de las corridas de toros, es algo horrible como sufre el pobre animal, pero a la gente le agrada, son unos insensibles.

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carolina

NADIE TIENE DERECHO DE QUITARLE LA VIDA A NINGUN ANIMAL, ESTOY EN CONTRA DE LA CAZA!!!!!!!!!!!!!!!!!! NO ME GUSTA LA CAZERIA!!!!!!!!!!!!!!!!!

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paola adriana

no creo que estas personas tengan un complejo solo es un instinto residual de cuando teniamos que cazar mamuts para sobrevivir peor es matar miles de peces por que se derramo petroleo teniendo fuentes de energia sustentables.. no les parece ?

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natalia

Linda nota...tema a debatir 'la caceria' no estoy muy de acuerdo aunque respeto a quienes lo hacen...

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jose luis

a veces se corren ciertos riesgos inesperados por suerte esta vez la pueden contar

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Alicia Lidia

No me gusta la cacería, los cazadores cometen actos de cobardía contra animales indefensos, los repruebo

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gisela

h

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Sandra

No deberian existir los cazadores , es un acto de cobardes, matar a un inocente animal....

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Patricia Liliana Noemi

Emocionante historia!!!!

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carlos abel

Soy un hombre mayor , casi 70 años,. De chico tambien cazaba , con mi "gomera de horqueta de alambre" y mas adelante , perdices , liebres y palomas, con escopeta. Pero no se que me pasó que ver a una pobre perdicita caminando , le tiré como de costumbre y la maté . Cuando la tube en mis manos ,me

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Arturo Alejandro

Buena

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silvia

Me parece un horror la caza, despues de todo los animales también tienen derecho a defenderse.

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Dennis

Buena nota

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