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Ya nos decían nuestras abuelas ¡no lo tire! En otras épocas, se aprovechaban mucho más los alimentos. Volver un poco a esa mentalidad no nos vendrá mal.

Si de gastronomía y cocina hablamos, existe un ámbito en el cual superar los prejuicios es relativamente fácil: el uso innovador de alimentos de todos los días; en particular, de las partes de ellos que desechamos, sea por consideraciones estéticas, por desconocer su riqueza nutricional o porque, simplemente, nadie nos dijo nunca que eran comestibles.


Ventajas de la exploración

Los beneficios de abrirse a estas exploraciones son obvias: ahorro económico (un mismo alimento rinde más), enriquecimiento de la dieta (el aprovechamiento inusual puede convertirse en una fuente inesperada de vitaminas, oligoelementos, fibra e -incluso- “nutracéutricos”, esas partes de la comida que poseen propiedades sanadoras o fortalecedoras de la salud) y de nuevos sabores que agregar al consumo cotidiano.


Aquí algunos de los beneficios y posibilidades de productos de fácil acceso:


1. Semillas y cáscara de sandía

Estamos en verano, la sandía abunda. No existe ninguna razón para no utilizar la cáscara porque no tiene la cantidad de dulzura que caracteriza a su zona roja. Posee mucha agua. Píquela y utilícela para abundar licuados.

En rebanadas muy finas es perfectamente apta para compartir espacio en ensaladas frescas, acompañada de tomate, palta y rúcula. Aunque le parezca curioso, funciona muy bien en sopas con zanahorias y papas. También en gazpachos. Tiene un beneficio sorprendente: la zona blanca es rica en citrulina, un aminoácido que se transforma en arginina, la que ayuda a fortalecer el sistema inmune, reducir la fatiga muscular y aumentar la circulación sanguínea.


Las semillas, por su parte, pueden hornearse a más de 175 grados durante 10 a 15 minutos (con sal y aceite de oliva). Después, al consumirlas como snacks, obtendrá folato, hierro y magnesio en abundancia.

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2. Piel de la cebolla

La piel de la cebolla es más dura y casi crocante, pero no, en este caso, no hay que comerla: sólo agréguela con el resto de la cebolla a sopas y salsas durante la preparación, quítelas luego. ¿El beneficio? La quercetina que contiene. Es una sustancia que previene males del corazón al dificultar la formación de placas arteriales, disminuir la presión y bajar la inflamación general.

3. Cáscara del kiwi

Sí, tiene esos pelitos que pueden resultar molestos a los paladares sensibles, pero son riquísimos en vitamina C, ¿por qué no sumarla a un batido de banana o durazno en la licuadora? Otra opción es cortar la fruta en rodajas finas, luego de haberlos cepillado con un cepillo para frutas (un cepillo de dientes nuevos puede ser usado como alternativa) y, luego, mezclarlo con un helado artesanal de frutas afines.

4. Hojas de apio

Lavadas y picadas van bien con ensaladas, pero donde agregan un toque sabroso especial es en sopas o caldos, especialmente de pollo o pavo (tan simple como agregarlas a una segunda agua de cocción, luego de haber retirado la grasa excesiva de la primera, más aceite de oliva, sal, un diente de ajo partido en dos, un poco de zanahoria y un puñado de arroz).

5. Cáscara de banana

Hay que hervirlas 10 a 12 minutos, luego de haberlas lavado. Luego pueden volverse puré y comer bajo esa forma, pero también está la opción de usarlas para la masa de pasteles o tortas. Como es rica en triptófano, sustancia que ayuda a la segregación de la serotonina, lo ayudará a estar de buen humor. El triptófano es un aminoácido que el cuerpo no produce por sí mismo, al ingerirlo ayuda a crear la serotonina antes citada, y Vitamina B3. La primera es clave, a su vez, para la producción de melatonina, proteína encargada de la regulación del dormir.

Pero hay una contraindicación: la parte interior y los “pelos” de las bananas maduras son ricos en tiramina, elemento que (también presente en quesos añejados, chocolates, carnes procesadas y otros) es uno de los cofactores en algunos tipos de migrañas. Por ello, si sufre de ellas, es mejor evitar esta cáscara.

6. Corazón del ananá

Su dureza suele jugarle en contra. No obstante, tiene buen sabor y, cuando están maduras, su dulzor puede ser importante. Licuado, tiene usos casi infinitos: sangrías, tés, marinados, rebozados de milanesas, sopas y salsas. Y no solo aporta ese sabor aromático tan agradable y suave, el centro del ananá es rico en bromelina, enzima que descompone las proteínas (de allí que hace mucho sentido comer rodajas de ananá con pechuga de pato o pollo con jamón y ananá), lo cual mejora la digestión. Se estima que la bromelina también aminora la inflamación nasal y paranasal, ayuda con la artritis y es útil para los dolores musculares.

7. Cáscara de cítricos

Si son orgánicos, esto es, sin pesticidas, las ralladuras de cáscara de naranja, limón y pomelo dan un toque de sabor a muchos platos cotidianos. A un arroz a la peruana hecho con aceite de oliva, por ejemplo (al momento de servirlo). Dos cucharadas de ralladura de limón, por ejemplo, contienen un gramo de fibra y tres veces más la cantidad de vitamina C de la pulpa de ese mismo limón. También pueden usarse sobre yogures y mueslis, o algunas ensaladas. Un caso: sobre la de chauchas. El resultado lo sorprenderá.

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